Juan José Montero muestra a Carlo María Barile el funcionamiento del órgano de Echevarría
Juan José Montero muestra a Carlo María Barile el funcionamiento del órgano de Echevarría - Ana Pérez Herrera

Las joyas sonoras de la catedral de Toledo, al descubierto

Este sábado llega, a las 20.00 horas en la seo toledana, la XI Batalla de Órganos, una experiencia única en el mundo

ToledoActualizado:

Cuando dan las siete de la tarde y todos los turistas van saliendo de la catedral de Toledo, una persona entra sigilosamente en dirección al coro, donde trabaja hasta que llega la noche. Incluso, alguna vez, hasta de madrugada. Esta es una imagen que se ha repetido casi a diario en las últimas semanas. Esa persona es Juan José Montero (Toledo, 1975), uno de los más importantes expertos en órganos y el mayor conocedor de estos instrumentos de la seo toledana.

El motivo de esas asiduas visitas al templo de este maestro organero es la afinación y puesta a punto de estas máquinas antiguas de precisión para una gran ocasión: la celebración de una nueva edición de la batalla de órganos, una experiencia única en el mundo. Mañana, a las 20.00 horas, será la primera cita en la catedral primada, en homenaje al Reino Visigodo de Toledo, con la presencia de cuatro grandes y jóvenes intérpretes: la japonesa Atsuko Takano, el italiano Carlo María Barile y el valenciano Pablo Márquez Caraballo, además del anfitrión y más veterano de ellos, Juan José Montero.

Juan José Montero, maestro organista y organero de la catedral de Toledo
Juan José Montero, maestro organista y organero de la catedral de Toledo - Ana Pérez Herrera

En la catedral hay diez órganos en funcionamiento, además de otro que está pendiente de ser reparado, cuenta a ABC el maestro toledano. Montero fue seise —como se conoce a los niños cantores de la catedral— y estudiante del colegio de Infantes, donde conoció a su primer maestro, Antonio Celada. Este fue el que inoculó en él la pasión por la música. Por tanto, Montero ha estado ligado desde pequeño al templo toledano; de ahí que conozca estos instrumentos como la palma de su mano.

Sin embargo, para las batallas de órganos se utilizan tan solo siete de ellos: el del Emperador (dedicado a Carlos V e instalado sobre la Puerta de los Leones), el de Berdalonga (a la derecha del coro), el de Echevarría (a la izquierda del coro), el del Sagrario (en la capilla del mismo nombre) y los tres realejos (órganos móviles que se situarán en el crucero, frente al coro), que datan de 1714. «Estos instrumentos están en la catedral cuando Johann Sebastián Bach era un veinteañero», comenta Montero burlonamente.

Las fechas de estos órganos van del 1755 al 1798, que es el órgano más actual de los que hay en la catedral. El más antiguo de los grandes fue construido por la familia Echevarría, autores también de órganos que aún se conservan en el País Vasco y en Toledo, pasando por Salamanca, Segovia o Madrid.

En el caso de la catedral primada, fue el último que José de Echevarría fabricó, instalado en frente del que levantó su padre, en 1699, que imita la misma fachada del de su antecesor.

En 1797, Josef Berdalonga, un organero de Brihuega (Guadalajara), llegó a Toledo a través de Madrid para componer el otro órgano del coro, pensando en quitar el que había de Echevarría y realizar dos órganos gemelos. Sin embargo, pronto empezó la Guerra de la Independencia española (1808-1814) y el proyecto se truncó.

No obstante, Berdalonga construyó el órgano de la capilla del Sagrario y también se encargó de la remodelación del órgano del Emperador, una joya en sí mismo porque data de 1543. Es una empresa del cardenal Cisneros al construir la Puerta de los Leones de la catedral toledana. También existe la leyenda de que Carlos V de Alemania (I de España) lo encargó recién nombrado emperador al volver a Toledo en 1525, después de la Guerra de las Comunidades.

Teclado de uno de los órganos de la catedral de Toledo
Teclado de uno de los órganos de la catedral de Toledo - Ana Pérez Herrera

De hecho, la segunda de las dos batallas de órganos de este año, la del 19 de mayo, tiene como temática la llegada de Carlos I a Toledo, antes de su nombramiento como emperador.

Sin embargo, la primera, la de mañana, recupera la memoria del Reino Visigodo de Toledo «como un signo de unidad y de identidad, no en el sentido de patria sino de nación, que es lo que consiguieron en esa época», señala Montero. El maestro apostilla que «queda mucho trabajo para aprender de esa cultura, con un yacimiento de Vega Baja que aún está sin estudiar».

Origen de las batallas

Las batallas de órganos fueron una tradición extendida en los siglos XVII y XVIII, cuando varios organistas se enfrentaban en un concierto y exhibían sus dotes de improvisación, su capacidad técnica, su talento y su sensibilidad artística.

Con motivo del cuarto centenario de la muerte del Greco (2014), Montero recuperó la idea y la registró como «una manera de inventar un futuro usando el legado que tenemos y nuestra imaginación», explica el también director del Conservatorio de Música Jacinto Guerrero de Toledo y maestro de capilla de la iglesia de Santo Tomé.

Estas batallas no solo tienen una gran respuesta del público, sino que están haciendo salir de los órganos «un sonido más especial», ya que los instrumentos «hay que tocarlos y cada uno de los siete órganos que se usan en el concierto va adquiriendo una personalidad mayor» conforme avanzan estas batallas, que mañana llegan a su undécima edición.

«La genialidad de estos órganos no es solo la espectacularidad de su sonido, sino porque ya en el siglo XVI constituían un auténtico recurso y eran máquinas de precisión que antes, ni siquiera, tenían motor eléctrico para ser alimentadas. He aprendido mucho de cómo trabajaban en esa época sin las comodidades que tenemos ahora. Hacer un órgano es de una complejidad tan grande que, con los medios que disponían entonces, ahora sería casi imposible», señala Montero.

Punto y aparte es el mantenimiento de estos instrumentos, para los que el polvo, el viento, la temperatura e incluso la respiración del público son algunos de sus enemigos. Estas máquinas de precisión necesitan del mimo y del cuidado de manos expertas, como las de Juan José Montero, que se formó durante 15 años en el taller del maestro organero holandés De Graff, de donde han salido obras de arte, como el órgano de la iglesia toledana de Santo Tomé en 2003. Allí, anualmente, también se celebra uno de los festivales internacionales más importantes que se realizan con este instrumento musical, del cual Montero es un virtuoso, como se verá en la batalla de órganos. ¡No se lo pierdan!