ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Dos grandes (y jóvenes) poetas de Albacete

Antonio Rodríguez Jiménez y Gracia Aguilar Almendros

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En poesía, como en pintura, en cine o en cualquiera de las Artes, existe la buena, la auténtica, y la que no es más que artificio, palabrería, fanfarria. Por supuesto que también muchas veces, en un mismo autor, ambos elementos pueden aparecer mezclados, pero por lo general uno detecta enseguida en un libro de poesía cuando es verdadera (cuando detrás solo está la búsqueda de la verdad y la belleza) y cuando es mera retórica.

Esto último es lo que he sentido en los dos últimos libros de poesía que he leído. Coincide que ambos son de autores de Albacete. Al primero de ellos Antonio Rodríguez Jiménez (de 1978), ya lo conocía -incluso personalmente- y he leído y hablado de varios de sus poemarios. A la segunda, Gracia Aguilar Almendros (de 1982), confieso que no, si bien poemas suyos aparecen en la estupenda antología de Andrés García CerdánEl peligro y el sueño, cuya aparición hace un par de años ya fue reseñada en estas páginas de Artes&Letras.

Empezando por el más veterano de los dos, Antonio Rodríguez nos presenta ahora su Estado líquido (editado por la sevillana La Isla de Siltolá); un breve poemario (36 poemas) en el que se condensan anteriores caminos ya explorados por el autor: la reflexión sobre ciertas manifestaciones de la vida (los hijos, los mayores, el tiempo, la naturaleza, …) junto con una actitud insobornable de rebeldía frente a los atropellos de los poderosos, ante los cuales sólo cabe oponer la dignidad y la verdad.

Como dice el crítico José Luis Morante (colaborador también de este suplemento) comentando este libro: «La voz poética formula su discurso con la veracidad de tono de lo confesional. Quien habla lo hace desde la dicción transparente de un idioma comunicativo, dispuesto a la confidencia».

Pero en estas páginas aparece también una profunda reflexión sobre el lenguaje y sobre la poesía. La voluntad del autor es claramente comunicativa. Para él las palabras son herramientas de diálogo, elementos de comunicación y nunca fines en sí mismas: «No venero el lenguaje como si fuera un dios …..No es más que la herramienta que corta la madera….».

Por su parte Gracia Aguilar Almendros (profesora de Enseñanza Media, al igual que el autor precedente) acaba de obtener con este libro, Libérame Domine, el XVIII premio internacional de Poesía Emilio Prados dirigido a autores menores de 35 años y que convoca la Diputación de Málaga.

Es un libro también intimista, pero de un tono diferente. En primer lugar está escrito por una mujer, y eso se nota desde la primera línea. Hay una mezcla de referencias domésticas, cotidianas, mínimas (que le confieren cercanía) junto a otras más hondas, casi místicas (no en un sentido religioso) que le dan transcendencia y profundidad.

Un retrato que a es a la vez personal y generacional, de un alma en busca de sí misma a través de las ciudades, de las amistades, de los espacios, de las pequeñas guerras contra el mundo. Un recorrido descarnado (pero nunca ramplón) lleno de ternura y autenticidad, que nos descubre a una enorme poeta: «Camino ahora/ con pies de barro/ desnuda, sólida y pluvial».

Como vemos, la poesía de Albacete está tan viva como siempre, siempre mejor, siempre superándose.