ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHAPintores que inspiran poemas

Entrevista con la poeta Pilar Bravo, que acaba de publicar «El Prado, 50», obra en la que rinde tributo a los pintores que le han marcado como espectadora

ToledoActualizado:

la trayectoria literaria de Pilar Bravo (Orgaz, 1966) está inspirada en los recuerdos infantiles que vivió en la casa-cuartel de la Guardia Civil, donde su padre cumplía destino. De esas vivencias surgieron varios de los poemas que componen su primer libro, «Caja de botones», un ajuste de cuentas con la infancia y la adolescencia. Pilar, doctora por la Universidad de Castilla-La Mancha, publicó a finales del año pasado su libro «El Prado, 50», una obra en la que se centra en la pintura como vehículo de expresión, aunque manteniendo la condición de lúcida observadora, que es su principal característica.

Pilar Bravo
Pilar Bravo - ABC

Tras una dura experiencia en la que su esposo, Mario Paoletti (escritor como ella) se debatió entre la vida y la muerte, a ella le sirvió para escribir una novela dura, fuerte, que habla sobre esa situación, «pero no como dos caras de una moneda sino entremezcladas», afirma la poeta, que se muestra ilusionada al haber recibido la confirmación de la editorial Planeta de que esa obra se publicará en primavera. «Fue una experiencia terrible pero con final feliz, que al fin me permitió entender qué quería decir Ortega cuando escribió que la muerte forma parte de la vida, del mismo modo que una puerta forma parte de la habitación».

Tras publicar «El Prado, 50», Pilar Bravo hace un repaso a su trayectoria literaria y rememora cómo llegó la poesía a su vida. Insiste en que «la poesía anda en el aire, por todos lados, pero recuerda dos momentos especiales que la han marcado. El primero fue en el instituto, cuando el profesor José María Ruiz leyó la «Nana de la cebolla» de Miguel Hernández (La cebolla es escarcha/cerrada y pobre./ Escarcha de tus días/ y de mis noches...). Eso le permitió intuir que había un mundo distinto del que hasta entonces ella había conocido.

El segundo momento ocurrió unos años después, trabajando en la Fundación Ortega y Gasset. Su esposo Mario salió con un libro de su despacho y le recitó un poema de María Luisa Mora, titulado «Mentira», en el que dice: Te querrán, no lo dudes, pero a cambio/tendrás que escalar una montaña... Pilar asegura que la hizo temblar de pies a cabeza y comprendió que la poesía es capaz de decir lo que de otra manera es imposible decir.

La autora toledana también habla de sus referentes literarios y de sus lecturas que han sido desordenadas (y bien que me arrepiento, matiza). Cuenta que a los trece años leyó «La Familia de Pascual Duarte» y otros libros que «no eran para mi edad, sólo porque todo el mundo hablaba de ellos». A la poesía llegó tarde porque se quedó anclada en el Siglo de Oro, que fue maravilloso pero ocurrió hace mucho tiempo. Además, nunca le atrajo la rima y mucho menos el sonsonete. Fue ya de adulta cuando pudo leer y disfrutar de César Vallejo, Borges, Neruda y, ya más cercanos a su época, Claudio Rodríguez, Ángel González, Paca Aguirre y su admirada María Luisa Mora.

Hasta que llega a su último poemario «El Prado, 50», en el que ha hecho una especie de «triangulación» en la que habla de poesía a partir de unos cuadros. No se trata de poemas sobre pintura ni sobre pintores, sino de lo que se siente cuando se observan ciertos cuadros. «Pero esto no tiene nada de raro porque, a fin de cuentas, siempre estamos escribiendo sobre nosotros. Lo literario siempre es autobiográfico», afirma.

Y cuenta que para plasmar sus poemas eligió una serie de pintores y de cuadros que, a lo largo de los años, le han impactado. «Una especie de radiografía sentimental muy personal y, por lo tanto, difícil de transferir. Pero bueno, para eso está precisamente la poesía ¿no?», señala la autora.

Pero, ¿cómo se escribe poesía mirando unos lienzos? La poeta reconoce que se trató de una «transcripción», en el sentido musical del término. «Había que pasar las emociones de la pintura a la poesía, evitando toda forma de pedantería erudita. Un propósito ambicioso y complicado. Pero estoy conforme con el resultado», ha afirmado la poeta.