José Rosell Villasevil - SENCILLAMENTE CERVANTES (XXXVI)

Un rayo de luz teatral José Rosell Villasevil

Debió llegar Miguel de Cervantes a Madrid de su dilatada estancia en Lisboa, a finales de octubre de 1582

JOSE ROSELL VILLASEVIL - @abc_toledo Toledo - Actualizado: Guardado en:

Debió llegar Miguel de Cervantes a Madrid de su dilatada estancia en Lisboa, a finales de octubre de 1582, un mes que tuvo diez días menos, ya que el 5 fue 15, en la corrección del calendario juliano que hiciera el papa Gregorio XIII. Ése día cuatro/quince, precisamente, dejaba este mundo una monja-escritora sublime, llamada legítimamente Teresa de Cepeda y Ahumada.

Estoy de acuerdo con Astrana Marín, cuando dice que Miguel debió regresar por la ruta que años después asigna a los peregrinos del «Persiles»; por Badajoz, Guadalupe y luego por Talavera de la Reina siguiendo, al amor del Tajo, por su arbolada ribera sin detenerse en la «peñascosa pesadumbre», que bien deseara Periandro, hasta la idílica Aranjuez. Él tomando derrotero Madrid, y los peregrinos, en su momento ficcional, el camino de Ocaña y luego el Quintanar de la Orden. Vuelve a reintegrarse al mundillo literario, inmerso como está en la redacción de «La Galatea», abrazando de nuevo a los viejos poetas amigos, conociendo a otros nuevos, como el inquieto y prolifero Pedro de Padilla, que se disponía a publicar su «Romancero» y pide a Miguel un poema «laudatorio» para insertarlo en los preliminares.

Se ha reencontrado con el inefable Pedro Laínez, a quien denomina en «La Galatea» «mi verdadero amigo» o «extraño de discreción y sabiduría», así como lo introduce en sus páginas como uno de los personajes. Allí estaba también, con su sabio consejo, el viejo maestro don Juan López de Hoyos, Ángel de la Guarda del todavía galáctico Don Quijote, en la mesura de sus pensamientos, pero sin olvidar el «Elogio de la Locura».

El tiempo avanza no obstante inexorable: «La Galatea» casi concluida y la Corte regresa a Madrid después de haber jurado, el 30 de enero de 1583, en el palacio de la Ribeira de Lisboa, el Príncipe don Felipe (luego Felipe III) como heredero de la Corona de Portugal, y dejado su padre, como gobernador de aquellas tierras, a su sobrino el archiduque Alberto.

La historia sigue su curso, unos se van y otros vienen, y entre los que se marchan figura el bondadoso López de Hoyos, pues fallecía el día 28 de junio. Fue el primero que alentó a Cervantes en el duro camino literario, la primera persona que intuyó el potencial inmenso de grandeza humana que poseía.

Pero había que comer todos los días, y vestir la decencia del hidalgo acomodado, cosa poco compatible con los nulos ingresos y con la situación dramática en la economía rota de sus padres y hermanas. Había que buscar una solución de inmediato.

El ambiente en Madrid, populoso y alegre con la venida de la Corte, la unificación de la Península, los triunfos bélicos del marqués de Santa Cruz, hacen que el crecimiento capitalino no quepa en los estrechos perímetros de la ciudad, donde sustituyen pequeñas viejas casucas por imponentes palacios.

El teatro es la diversión del pueblo por excelencia, y aquél verano del 83, pese haber fallecido la infanta doña María, no se han cerrado como era habitual en los lutos reales. Se ha inaugurado a las carreras, prácticamente sin acabar las obras, el Corral del Príncipe, que es el actual Teatro Español, con las lógicas y sucesivas modificaciones. También funcionaba el de la Cruz, demolido posteriormente y cuya ubicación radicaba en lo que hoy es Espoz y Mina.

Miguel piensa en el teatro como posible salida airosa de aquella situación insostenible. Él tiene agallas, ingenio, afición y le sobra talento para moverse con agilidad en aquel mundo creativo donde lo difícil es saber llamar para que te permitan el acceso.

Recordarán ustedes las distintas referencias que hemos hecho, a lo largo de esta historia, de un ex cómico, músico y danzante del mítico Lope de Rueda, a quien la familia de Cervantes conoce desde hace muchos años. Se trata de Alonso Getino de Guzmán, natural de Toledo, y desde hace tiempo responsable en el Consistorio madrileño de montar los eventos precisos, tanto para bien como para mal, que afecten particularmente a la Corona, incluido también el teatro. Además, en este preciso momento, Alonso es alguacil de la Villa y Corte. Alonso Getino de Guzmán, gozaba de gran autoridad con los «autores» teatrales desde hacía décadas, y y ahora más que nunca.

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