Paloma Recaséns, nieta de Sánchez Mejías, secundada por multitud de políticos, entre ellos el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page
Paloma Recaséns, nieta de Sánchez Mejías, secundada por multitud de políticos, entre ellos el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page - JCCM
Toros

La memoria de Sánchez Mejías

Manzanares inaugura el archivo-museo dedicado al torero que encontró la muerte en su plaza en 1934

MANZANARESActualizado:

De la tragedia también se puede hacer un museo. Los yanquis han montado una galería dedicada al 11-S en el mismo espacio en el que cayeron las Torres Gemelas y lo mismo pasa en Manzanares, Ciudad Real, donde este jueves se inauguró el archivo-museo Sánchez Mejías.

En la vieja plaza de este poblachón manchego encontró la muerte el torero el 11 de agosto de 1934, aunque falleció dos días después en Madrid debido a la gangrena causada por la cornada del toro «Granadino», de la ganadería de Ayala. Luego su amigo Federico García Lorca le hizo universalmente famoso con su «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías».

«Fue un personaje excepcional», dijo de él Julián Nieva, alcalde de Manzanares, para quien el protagonista del nuevo museo es «el mejor ejemplo de la relación entre toros y cultura», y que «con su muerte» se convirtió en «mito».

Si 84 años después de la tragedia se sigue hablando de Sánchez Mejías es porque, además de torero, fue un hombre culto, con diversas ocupaciones: cronista de sus propias actuaciones en los ruedos, presidente del Betis siendo sevillista o autor de varias obras de teatro. «Por lo visto, la gente sigue creyendo que el torero debe ser un gañán... Se puede torear bien, arrimarse al toro y después asistir a un baile vestido de frac, ¿por qué no?», explicó el propio Sánchez Mejías en «El Imparcial» en 1928.

Sin embargo, conviene no olvidar que su verdadera profesión era la de torero. Quizás el más valiente de su época. Una vez en México aterrorizó de tal modo a los espectadores que un periódico tituló al día siguiente de la corrida: «Ayer asistimos al entierro del miedo». De los toros se retiró en 1927 y a ellos volvió siete años después. Le había llegado «la hora de la formalidad», se excusó entonces.

El archivo-museo está ubicado en la primera planta de la Casa Malpica (calle Monjas, 12) y comparte edificio con el Museo del Queso Manchego (ambos son gratuitos). Se trata de un empeño de la peña taurina de Manzanares y de la familia del torero, que ha cedido unos 1.000 documentos, de momento por diez años. Paloma Recaséns, nieta de Sánchez Mejías, declaró estar «emocionada, feliz y agradecida». Su «deseo» es que el espacio inaugurado sea un centro de investigación y cultural, donde puedan ir los niños en excursiones con los colegios.

Hasta Manzanares se desplazaron multitud de políticos, con el presidente de Castillla-La Mancha, Emiliano García-Page, a la cabeza. También estuvo José María Barreda, expresidente de la región entre 2004 y 2011, cuya madre presenció en 1934 la fatal cogida de Sánchez Mejías. «Es un acto de memoria», dijo Page, que habló sobre «la importancia de no olvidar» en la sociedad que vivimos.

Para el presidente de la Diputación de Ciudad Real, José Manuel Caballero, «no hay en la actualidad un personaje que reúna todas las capacidades» de este singular torero. El consejero de Educación, Cultura y Deportes, Ángel Felpeto, añadió que Sánchez Mejías «trasciende lo taurino» y fue «quien más hizo por reunir a una pléyade de nuevos poetas».

«Nos metió a todos en un tren y nos llevó a Sevilla», recordó Alberti en sus «Memorias». Ese «todos» eran Lorca, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Jorge Guillén y algunos más, que entre el 16 y el 18 de diciembre de 1927 se reunieron para celebrar el tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora. Aquello fue la fundación oficial de la generación del 27.