Martín de Blas lleva 25 años dedicado al periodismo taurino
Martín de Blas lleva 25 años dedicado al periodismo taurino - JOSÉ LUIS CÁRDENAS
Toros

Martín de Blas, la voz de los toros en Castilla-La Mancha

Desde su estreno en 2002 ha retransmitido más de 800 festejos en directo. «Soy consciente de que algún día no haré toros y por eso quiero disfrutar plenamente», dice

TOLEDOActualizado:

El periodista José Miguel Martín de Blas (Madrid, 1971) lleva dedicándose al mundo del toro desde que salió de la facultad, hace casi 25 años. Primero estuvo diez temporadas en la Cadena COPE y desde 2002 en Castilla-La Mancha Televisión, a la que llegó tras «mandar el currículo» para retransmitir unas novilladas. De aquello han pasado 15 años y más de 800 festejos en directo. Además, presenta el programa semanal «Tiempo de toros», edita imágenes y hace crónicas para los informativos. Si Frank Sinatra era la voz de América, Martín de Blas es la voz de los toros en Castilla-La Mancha.

—Martín de Blas es un nombre que en los carteles quedaría bien. ¿Nunca quiso ser torero?

—Mejor desde la barrera. Hay que tener mucho valor para ser torero. Nunca he querido ni lo he intentado. Me parece una profesión dificilísima, porque no solo basta con un valor extraordinario, sino que además se necesita talento. La afición es el único nexo de unión.

—¿Se acuerda de la alternativa delante de las cámaras?

—Lo recuerdo perfectamente. Fue en octubre de 2002, en una final de escuelas taurinas en Tobarra (Albacete). Luego ya hicimos la primera edición de «Puerta Grande», que era un concurso para novilleros que se desarrolló mediante un programa que mostraba todas las actividades de los chicos y también los festejos, que se celebraron en las capitales de provincia. El director artístico del programa era Sebastián Palomo Linares. Luego el escenario cambió a otras plazas y también hubo alguna otra edición en el coso cubierto de Illescas.

—Imagino que no habría muchos compañeros de promoción que quisieran dedicarse al periodismo taurino.

—Es cierto que en la facultad percibía que los toros o no gustaban o la gente no se quería dedicar a la información taurina. Yo vi una opción para, por lo menos, ponerme a trabajar antes que el resto de compañeros. A mí hacer toros no me resultaba difícil por la afición que tenía desde niño.

—Y la apuesta le salió redonda.

—Las apuestas no es que salgan redondas. Hay que contar con mucho trabajo, preparación y muchísima suerte. Hay que tener también la posibilidad de hacerlo. Quizá otros no han tenido la posibilidad de mostrar lo que saben hacer.

—Aparte de la afición y de ser un buen comunicador, ¿qué cualidades se necesitan para la narración?

—Hay que tener respeto por lo que se está viendo y por el espectador. No hay que intentar contar aquello que se aleja de la realidad. Respeto también por el lenguaje, que sea lo más claro posible para todos los públicos. No hay que dirigirse solo al aficionado, sino también a un número de personas que en un momento dado pueden engancharse. Igualmente, es importante conocer la historia: quién es quién, los toreros, las ganaderías…

—A veces me da la impresión, en las retransmisiones de cualquier canal, de que «se tapa» la mala actuación de un torero cuando está por debajo del toro.

—Hay que tener respeto para los actores del espectáculo: los toreros y los ganaderos. El respeto pasa por no ser hiriente y creo que se puede decir todo destacando las virtudes del toro. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Una retransmisión no es una crítica, a veces se confunde. Es más importante describir que valorar y hay que confiar en la madurez de los espectadores para que ellos saquen sus propias conclusiones. Tampoco hay que olvidar que la televisión tiene sus propios códigos. Pongo un ejemplo: no se puede hacer una retransmisión si desde el minuto uno estás diciendo que lo que se está viendo es una castaña.

—Supongo que su peor momento como profesional fue contar la muerte en directo de Víctor Barrio, el año pasado en Teruel.

—Lo vivido en Teruel es la peor pesadilla hecha realidad. Contemplar la muerte de un semejante es una experiencia muy dura, y nos arrasó a todos. Creo que se solventó la papeleta con una gran dignidad.

—Por el contrario, ¿cuál es el recuerdo que guarda con más cariño?

—Muchísimos. Cuando empieza una tarde de toros es un privilegio poder transportarte de manera virtual a todos los hogares. Por ser exótico, la primera retransmisión que una televisión española hizo desde América fue Castilla-La Mancha Televisión desde la plaza de Acho, en Lima, en 2004. Soy consciente de que algún día no haré toros y por eso quiero disfrutar plenamente de esta etapa.