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Huelga de fe en San Carlos del Valle

Los feligreses de este pueblo de Ciudad Real están dejando de ir a misa por varios desencuentros con el párroco

Plaza Mayor de San Carlos del Valle, con la iglesia a la izquierda
Plaza Mayor de San Carlos del Valle, con la iglesia a la izquierda - JCCM
M. CEBRIÁN Toledo - Actualizado: Guardado en: España

A muchos quizás no les diga nada el nombre de Manuel Cáceres Artesero. Pero si les hablo de Manolo «el del Bombo», seguro que casi todos sabrán a quién me refiero, aunque lo que no sabrán es que este famoso hincha de la selección española de fútbol es el personaje más conocido de su localidad natal, San Carlos del Valle (Ciudad Real).

Ahora, otro personaje de esta localidad ciudadrealeña de casi 1.200 habitantes de la comarca del Campo de Montiel pugna con el gran Manolo por ser el más conocido. Se trata de Miguel Palomar, el cura del pueblo, de 57 años. Pero la fama de este último no es por su imagen simpática sino, más bien, por todo lo contrario.

Y es que desde que el párroco llegó a San Carlos del Valle hace diez años, no ha parado de generar polémicas en torno a su figura. La última de ellas sucedió el pasado domingo, cuando se negó a darle la comunión a una de las asiduas feligresas de sus misas, Ramona María del Pilar Álvarez Manrique, según informa a ABC el alcalde de la localidad, José Torres. Este hecho provocó que casi todos los asistentes abandonaran el acto religioso.

«Esta es la gota que ha colmado el vaso», expresa el edil, quien dice que la del domingo no es la primera vez que Ramona no puede comulgar. Según explica José Torres, la causa de la negativa del sacerdote a darle la comunión es que esta vecina ha dejado de hacer un donativo de 6.000 euros anuales, algo que sí hacía su hermano Agapito hasta su muerte, hace dos años.

El alcalde, José Torres
El alcalde, José Torres

Sin embargo, tal y como asegura el regidor de San Carlos del Valle, son numerosas las quejas por el comportamiento del párroco que los vecinos le han trasladado. Una de ellas fue la protagonizada por Manuela Álvarez, una mujer que acudió con su nieto en brazos a comulgar y Miguel Palomar le negó también la comunión por ir acompañada del niño.

Esto sucedió hace unos años. Según relata Manuela a ABC, ella estaba en la fila para comulgar cuando el cura comenzó a gritar: «¡Fuera, fuera!». Sin embargo, Manuela no se dio por aludida. «No me lo podía creer, pero me dijo que no me daba la comunión por llevar al niño en brazos». Algo que, a su juicio, se contrapone con lo que dijo Jesús (La Biblia, Mateo 19:14): «Dejad a los niños que vengan a mí». Por este motivo, Manuela cuenta que dejó de ir a misa desde entonces, salvo en ocasiones señaladas, como en fiestas, bautizos, comuniones o bodas.

Otro de los episodios es el que vivió hace más de un año José Rodríguez, otro vecino de la localidad. En noviembre de 2015, falleció su mujer y, después de 24 horas en el tanatorio, el párroco de San Carlos del Valle se negó inicialmente a enterrarla debido a un viaje que le había surgido. « Y eso a pesar de que se comprometió a oficiar el entierro», aclaró. El esposo recuerda que tuvieron que avisar al vicario general de la Diócesis de Ciudad Real, Tomás Villar, para que tomara cartas en el asunto, y finalmente, «aunque a regañadientes», Miguel Palomar se vio a obligado a regresar.

Sin monaguillo y casi sin fieles

«Se ha portado muy mal con mucha gente del pueblo y, el día que se vaya, haremos una fiesta», manifiesta José Rodríguez. Algo que verifica el alcalde, quien habla igualmente de varios enfrentamientos por el trato que dispensaba a los niños que leían en misa. «El carácter especial del cura también hace que esté sin monaguillo y que apenas vayan a misa unas cuantas personas octogenarias, porque la mayoría de los vecinos están hartos de sus malos modos», subraya José Torres.

Ese malestar se ha ido incrementando hasta un punto «insostenible», dice el alcalde, quien insiste en que «el Obispado de Ciudad Real debe tomar medidas antes de que ocurra algo más grave, porque cada vez menos gente va a la iglesia».

El teléfono del párroco ya no está operativo, con lo que este diario no ha podido contactar con el sacerdote. Por su parte, el Obispado ha declinado hacer declaraciones sobre este conflicto, que dura demasiados años y que podría provocar que el próximo domingo la iglesia se quede vacía a la hora de misa.

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