España

Una exposición reúne 50 años después a Zóbel y sus colaboradores en Cuenca

La muestra, que se inaugura este jueves dentro de la iniciativa Gallery Weekend, presenta la obra de más de 60 artistas en 43 galerías madrileñas

Interior del Museo de Arte Abstracto de Cuenca
Interior del Museo de Arte Abstracto de Cuenca - Hocuspocus
EFE Madrid - Actualizado: Guardado en:

Fernando Zóbel creó hace 50 años el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, el primero de arte contemporáneo de España, y la galerista Juana de Aizpuru no ha querido dejar de celebrarlo con una exposición que reúne obras suyas y de los cuatro artistas que le ayudaron en su empeño.

La exposición -que se inaugura este jueves dentro de la iniciativa Gallery Weekend, que presenta la obra de más de 60 artistas en 43 galerías madrileñas- muestra pinturas de los años 60 y también más recientes de Gustavo Torner y Gerardo Rueda, sus colaboradores más próximos en la creación del museo, y de los entonces jovencísimos Jordi Teixidor y José María Yturralde, que participaron de forma cómplice después en el cuidado del museo.

Gustavo Torner, de 92 años, Jordi Teixidor (Valencia, 1941) y José María Yturralde (Cuenca, 1942) han visitado la exposición con Juana de Aizpuru, que vivió en Sevilla en los años 60 el influjo e irradiación del museo conquense y fue gran amiga de su creador.

Zóbel compró casa allí, donde pasaba temporadas, y Juana de Aizpuru abrió en 1970 la Galería que lleva su nombre -este miércoles en Madrid- en la que expuso las obras del Grupo de Cuenca -Zóbel, Rueda y Torner- y de los pintores de la abstracción española.

El museo, instalado en las emblemáticas Casas Colgadas de Cuenca, se inauguró oficialmente con la colección particular de Zóbel el 30 de junio de 1966 y un día después los artistas de la vanguardia artística viajaron a esta ciudad y se fotografiaron en una instantánea mítica que se conoce como «la foto de la escalera», de Fernando Nuño, expuesta ahora a la entrada de la Galería.

Zóbel (Manila 1924-Roma 1984) cedió en 1981 el Museo, en el que reunió una colección de 700 obras de Saura, Millares, Chirino, Guerrero, Sempere, Rueda o Torner, a la Fundación March, que ha celebrado el cincuentenario con una ampliación y renovación de los espacios.

Fue Gustavo Torner quien le propuso a Zóbel que instalase en Cuenca su Museo, para el que buscaba un edificio en Toledo. «Y a mí qué se me ha perdido en Cuenca», cuenta que le respondió, pero viajó a Cuenca, Torner se convirtió en su inseparable colaborador junto con Gerardo Rueda, y aunque murió en Roma está enterrado allí.

Y fue Torner quien calificó de «aparición», en su «Réquiem por Fernando Zóbel» la llegada y asentamiento definitivo del gran artista y mecenas en España durante los años 60, como recuerda en un texto escrito para esta exposición Antonio Bonet Correa, historiador, crítico de arte y expresidente de la Academia de Bellas Artes.

Inoperancia oficial

«El museo de Cuenca, frente a la inoperancia oficial -afirma Antonio Bonet-, vino a llenar un vacío existente a nivel nacional. Un Museo en el cual se expusiesen, conservasen y estudiasen las mas modernas obras del arte español en sus últimas manifestaciones era entonces algo impensable y sorprendente. Como es sabido, en 1966 todavía no existía en España tal tipo de institución».

Y añade que «sin duda alguna es el lugar en el que se encuentra el paradigma del más brillante y mejor momento del arte abstracto español de mediados del siglo XX», así como que Juana Mordó, la galerista de los artistas de la vanguardia, confesó que Zóbel era en ese momento el único coleccionista de arte abstracto en España.

«Era el año 1966 -recordaba a Efe Jordi Teixidor-, faltaban diez años para que muriera el dictador, el nivel cultural era tristísimo, el arte abstracto no estaba muy bien visto y fue un acto muy heroico, pero fue la primera vez que los artistas, sin participación de la administración ni de la política, hicieron ellos su propio mundo».

Para Alfonso de la Torre, que trabaja en el Catálogo Razonado de Zóbel y ha colaborado en esta exposición, no sólo fue el primer museo de arte contemporáneo.

«Me gusta decir que fue nuestro primer museo democrático porque recoge diversas tendencias -apunta-, desde el informalismo más bravo que estaría representado por Millares o por Saura hasta la abstracción lírica de Rueda, Torner y Zobel. Y democrático también porque hay más obras por ejemplo de los informalistas que del fundador, que en la primera muestra del museo pudo tener tres cuadros».

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