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El escritor Roberto Aliaga, homenajeado en Argamasilla de Alba

Este año ha sido galardonado con el premio Barco de Vapor por su cuento «Cómo arreglar un libro mojado»

Roberto Aliaga, junto al alcalde de Argamasilla de Alba, Pedro Ángel Jiménez
Roberto Aliaga, junto al alcalde de Argamasilla de Alba, Pedro Ángel Jiménez - ABC
IVÁN DUEÑAS Ciudad Real - Actualizado: Guardado en: España

El Ayuntamiento de Argamasilla de Alba ha hecho entrega de una placa al escritor de literatura infantil Roberto Aliaga, en reconocimiento a su carrera literaria y a su último cuento, «Cómo arreglar un libro mojado», ganador este año del premio Barco de Vapor, concedido por la Fundación SM a nivel nacional. Su obra, de carácter universal como la del propio Cervantes, del que se dice que estuvo preso en este municipio manchego, ha sido traducida a 16 idiomas, y desde que hace 8 años comenzó su andadura como escritor, ha publicado 54 cuentos. El alcalde argamasillero, Pedro Ángel Jiménez, comenta agradecido que «es un orgullo contar con un escritor infantil» como personaje cultural de renombre, del que opina que es un hombre «con gran corazón y sensibilidad».

El consistorio apoya la divulgación de la lectura por ser «lugar cervantino» y por enseñar, comenta el alcalde, «valores necesarios en nuestra sociedad como el respeto o el compañerismo». Prueba de ello es el XIII Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas que organiza junto con la UCLM el próximo 23 de noviembre, cuya Presidencia de Honor ocupará esta vez el rey Felipe VI.

La historia de la obra agraciada «Cómo arreglar un libro mojado», gira en torno al hallazgo de un libro que hace un niño, Víctor, que lo encuentra en un parque accidentalmente, al orinar sobre él sin darse cuenta. Lo lleva a casa para limpiarlo, pero allí observa que el libro es un diario, escrito a mano por otro niño que, según parece, tiene un problema bastante gordo. En el fallo del Premio Barco de Vapor, convocado el pasado 28 de abril, el jurado valoró de la obra que «atrapa a los lectores desde la primera página con un tema serio tratado en clave de humor, pero sin caer en dramatismos».

De hecho, y en sintonía con las palabras del jurado, trata en cada momento, según afirma, de crear un cuento que «cautive, enganche y divierta» al niño que lo lee. Aliaga combina estos ingredientes para introducir a los niños en el hábito lectivo, algo que también promueve en visitas a colegios o bibliotecas donde organiza encuentros con lectores, además de charlas con aquellos grupos de niños que han leído alguno de sus libros. «Me encanta. Me divierto mucho y creo que ellos también», comenta acerca de estas experiencias.

Con su labor, Aliaga estimula la imaginación infantil, pero piensa que sus esfuerzos deben ser correspondidos con otros ámbitos educativos que rodean al niño, como la escuela y la familia. En cuanto al papel desempeñado por cada uno, el escritor explica que «la escuela hace lo que puede, o más de lo que puede», pero en su opinión «no es sobre ellos sobre quienes debe recaer toda la responsabilidad». Las familias están llamadas a complementar, «es como si pensáramos que los niños no deben jugar en casa porque ya han tenido suficiente con la media hora del recreo». La manera en que debe fomentarse la lectura en las casas debe ser parecida, piensa Aliaga, a lo mismo que cuando «incitamos en nuestros hijos otros hábitos que nos gusten».

El escritor hace alusión a la necesidad de elegir los métodos adecuados para llevar la lectura a los niños. «Si a unos padres les gusta el fútbol, regalan un balón a sus niños, y ven juntos el partido, y comentan los resultados… pues más o menos, pero acompañándolos a la biblioteca municipal periódicamente, hablando sobre libros, compartiendo lecturas y, sobre todo, que los niños vean que en casa los adultos también leemos, eso es fundamental», haciendo el paralelismo con otros pasatiempos infantiles.

En definitiva, más dedicación y no quedarse en las palabras. «Con la lectura pasa lo mismo que con las verduras, todo el mundo habla de lo buenas y saludables que son para casi todo, pero a la hora de sentarse a la mesa… en fin», concluye Aliaga.

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