Una de las emanaciones de agua
Una de las emanaciones de agua - Banco de Imagen del Centro del Agua (Daimiel)

Encuentran emanaciones de agua en puntos secos del río Guadiana

El cauce alto del río vuelve a correr gracias a las filtraciones de los años 2010 y 2011, último período húmedo de la zona

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El Instituto Geológico y Minero Español (IGME) ha encontrado surgencias de agua en puntos del río Guadiana que permanecían secos desde la temporada de riego del verano pasado. Las últimas mediciones, hechas por el área de Hidrogeología del instituto, han dado resultados positivos: el agua rebosa tímidamente por varios de los Ojos del Guadiana, en el entorno del Molino Griñón, a 150 metros aguas arriba, una de las cotas de terreno más bajas del río.

Parte del caudal del Guadiana está surgiendo como consecuencia de las lluvias caídas en abundancia durante los años 2010 y 2011. El suelo, de material calcáreo y altamente permeable, filtró y embalsó las precipitaciones en el manto freático del acuífero 23, el que abastece los regadíos de la Mancha Occidental. Los regantes han paralizado su actividad durante el invierno, es por ello por lo que los «ojos» han vuelto a manar agua.

Las emanaciones se han visto donde el manto freático se sitúa más cerca de la cota de terreno, en el tramo de 20 kilómetros que separan los Ojos del Guadiana de las Tablas de Daimiel. Según estimaciones del IGME, el agua corre a una velocidad de 170 litros por segundo, un volumen bastante lejos de los 90 hectómetros cúbicos (90.000 millones de litros) que aportaban los «ojos» a lo largo del año, en régimen natural, es decir, antes de 1983. Por entonces, el río se escondió tras las continuas extracciones y la sobreexplotación que posteriormente sería reconocida por la Confederación Hidrográfica del Guadiana en 1987. Su nivel ha descendido con el paso del tiempo, y la comunidad de regantes pasó de cultivar maíz y remolacha a solo viñedo.

El agua circulante ya ha llegado al Molino del Molemocho, el punto que marca la entrada en las Tablas de Daimiel. Hoy en día, los nutrientes hídricos del parque sólo pueden provenir del subsuelo, y del cauce del río Azuer, ya que el otro vaso del humedal, el río Cigüela, fuertemente estacionario, no puede drenar las zonas encharcables debido a su desecación. Según informan del Centro del Agua de las Tablas de Daimiel, hay unas 500 hectáreas inundadas, de las 1.850 que permite el humedal.

Pese a estos nuevos avistamientos, el acuífero sigue descolgado de las aguas superficiales. No confluyen corrientes subterráneas y superficiales. El fenómeno que vemos ahora, según explica Alejandro del Moral, técnico de Medio Ambiente de las Tablas de Daimiel, es parecido al que se daría en una piscina con reservas en el fondo, llena de grava, que desagua puntualmente y eleva el agua por las junturas, hasta llegar a la superficie.

El jefe del área de Hidrogeología del IGME, Miguel Mejías, explica que «es un caudal muy pequeño para que se noten inundaciones en las Tablas», ya que la evaporación también es un factor que juega en su contra. De todas formas, el instituto se ha percatado del cambio, y en lo sucesivo hará escalas del río Guadiana con más frecuencia, cada quince días, en lugar de una vez al mes, como ha hecho hasta ahora.