El clima ha permitido un recorrido con coches de caballos descubiertos - EFE

Isabel II recibe a los Reyes con una espectacular ceremonia

Comienza en Londres la visita de Estado de Don Felipe y Doña Letizia al Reino Unido

MadridActualizado:

Como dirían los ingleses, ha sido un acto con la debida «pompa y circunstancia». Los Reyes de España han iniciado su visita de Estado de tres días al Reino Unido en el mediodía de este miércoles, acogidos en Londres por Isabel II, de 91 años, con una espectacular ceremonia de Estado. Participaron un millar de militares, divididos en una guardia de honor (el Primer Batallón de Guardias Irlandeses, con sus distintivos gorros en forma de penachos peludos), una banda de música, una banda ecuestre y una guardia montada. Entre los asistentes al acto se encontraba la primera ministra, Theresa May, que hubo de renunciar para ello a su sesión semanal de control en el Parlamento, y la ministra del Interior, Amber Rudd, ambas ataviadas con pamelas de un azul marino muy tory.

Toda la zona de Westminster fue protegida con un ingente dispositivo de seguridad, pues se trataba de la primera visita de Estado desde los terribles atentados de Mánchester y Londres. Además, en la zona de Whitehall se celebra este fin de semana la F1Live, una exposición de coches de fórmula 1 al hilo de la carrera de Silverstone. Los bólidos se exponen en Trafalgar Square y algunos de los pilotos más populares incluso harán pasadas de exhibición por delante de Downing Street.

Los Reyes de las monarquías europeas más duraderas se encontraron en House Guards, la gran explanada de desfiles de Westminster, situada frente a St. Jame’s Park. En su día era la parte trasera del Palacio de White Hall y en los días del convulso Enrique VIII acogía justas de caballeros. Desde el siglo XVII allí se celebran las grandes paradas de Estado, incluido cada mes de junio la celebración del cumpleaños oficial de la Reina.

Los Reyes de España fueron recibidos por el Príncipe de Gales y su esposa, la Duquesa de Cornualles. Tras saludarse -con una simpático momento de dudas sobre el protocolo de los besos, que dio lugar a que los cuatro se riesen-, se subieron a dos berlinas Bentley de Estado de color granate. En la delantera, el Rey Felipe y el Príncipe Carlos, y en la segunda, la Reina Letizia y Camilla de Cornualles.

En la explanada de Hourse Gards los aguardaban en un gran escenario Isabel II y su marido, el Duque de Edimburgo, que a sus 96 años vive con esta visita de Estado su último gran acto público, pues ha anunciado que tras el verano renunciará a las tareas de representación pública debido a su muy avanzada edad. Isabel II es fiel a los colores llamativos, porque considera que para la monarquía resulta muy positivo que se la distinga bien en público, por eso emplea también paraguas transparentes. Vestía de fucsia, con sombrero a juego. La mañana era muy fresca, de solo 16 grados, tras una bajada brusca de las temperaturas en Londres, que ya sorprendió a la Reina Leticia en su llegada en Stansted en la tarde del martes, a donde aterrizó ataviada con un vestido blanco sin mangas de Hugo Boss y fue recibida con un atento paraguas protector.

La Reina Española ha sido saludada hoy por el «Telegraph», el más prestigioso diario conservador, como la gran renovadora del estilo de las monarquías en el siglo XXI, en un artículo muy elogioso con su estilo. Una vez más dio muestras de ese saber estar, eligiendo un modelo con abrigo corto y vestido amarillos-vainilla y tocado a juego, de su favorito Felipe Varela, según las primeras informaciones. Fue una decantación adecuada, pues en cierto modo homenajeaba los gustos coloristas de la monarquía inglesa, pero con una graduación cromática más bien pálida, que no competía con la anfitriona.

Los Reyes saludaron con afecto a la Reina, que como Don Felipe, de 49 años, tiene a la reina Victoria entre sus ancestros. Isabel II presentó a su séquito al Rey de España y Felipe de Edimburgo hizo lo mismo con la Reina Letizia, de 44 años. A los sones del himno de España, el Rey Felipe y el Duque de Edimburgo pasaron revista a la guardia real, departiendo con una cordialidad fácil de percibir. El capitán de la Guardia de Honor, Charlie Gair, tuvo el detalle de dirigirse al Rey en perfecto español. Tanto Don Felipe como el eterno dandy Felipe de Edimburgo eligieron trajes azules, con corbata rosa pálida el monarca español y azul el anfitrión inglés. Es sorprendente la entereza con la que todavía camina el veterano Duque de Edimburgo, que incluso continúa subiendo y bajando algunos peldaños de escaleras.

Acabada la parada de bienvenida, siete carrozas aguardaban para llevar a la comitiva hasta Buckingham transitando por The Mall, la calzada llena de solera que une el Arco del Almirante, hoy propiedad de un empresario español, y Palacio. The Mall estaba engalanado con banderas españolas y británicas y a pesar de la mañana desapacible había público saludando el paso de las carrozas de los soberanos.

La Reina viajó en la Carroza de Estado, descubierta y tirada por seis caballos blancos, con el Rey Felipe a su lado y abriendo la comitiva. En la siguiente iban la Reina Letizia y el Duque de Edimburgo; tras ellos, un carruaje con el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles y el ministro de Exteriores español, Alfonso Datis, y su mujer. En una de las últimas carrozas algún miembro de la comitiva española no pudo resistir la tentación de romper un poco el protocolo y hacerse con el móvil la inefable autofobo.

Los Reyes fueron recibidos por Isabel II y su marido a las puertas de Buckingham, donde sonó de nuevo el himno español, y a continuación compartieron un almuerzo y visitaron una exposición de objetos españoles en el propio palacio. Tras el luch, les aguardaba un té de sobremesa con el Príncipe Carlos y su esposa en su residencia muy cercana de Clarence House.

En Buckingham, Isabel II ha concedido a Felipe VI la Orden de la Jarretera, una importante distinción que le otorga como motivo de la visita. El Rey lucirá la condecoración en la cena de Estado de esta noche en Buckingham. Solo la poseen otros siete monarcas, entre ellos, el Rey Juan Carlos.

El gran momento de este viaje políticamente se producirá esta tarde, a las cuatro y cuarto hora local (una más en España), cuando Felipe VI se dirigirá en la Royal Gallery a las dos cámaras del Parlamento, un privilegio reservado a muy pocos estadistas. Allí han hablado Ronald Reagan, Bill Clinton o Miterrand y el primer monarca que lo hizo fue el Rey Juan Carlos I, hace 31 años. El padre del actual Rey se refirió en tono reivindicativo a la anacrónica situación de Gibraltar y hay expectación en el Reino Unido sobre si Felipe VI hará lo propio o no.

«The Sun», diario sensacionalista eurófobo, ha llegado a publicar una amenaza más bien fantasma según la cual algunos diputados tories muy nacionalistas abandonaría la sala si el Rey habla de Gibraltar. El periódico amarillo, el de más venta del país, es propiedad del magnate nacionalizado estadounidense Rupert Murdoch, propietario también del histórico «The Times», que hoy ha desairado a los españoles publicando en el primer día de la visita de Estado una información sobre supuestas relaciones extramatrimoniales de Juan Carlos I.

El Reino Unido cuida la visita porque tras el trauma del Brexit, que ya está castigando su economía, necesita amigos. España es un importante socio, de hecho el Reino Unido es el primer destino de la inversión exterior española. Empresas como el Santander, Telefónica, Ferrovial, Inditex, el banco Sabadell o Iberdrola tienen un gran peso en Gran Bretaña y sus principales ejecutivos han viajado en apoyo de la embajada de los Reyes. Además viven en el Reino Unido 116.000 españoles y 292.000 británicos lo hacen en España.

La jornada de hoy se cerrará con un suntuoso banquete en la Sala de Baile del Palacio de Buckingham, donde se hospedarán los Reyes de España, y al que se espera asistan los Duques de Cambridge y el príncipe Harry, para quien este viaje es importante, pues supone su debut como anfitrión en una visita de Estado. El antaño controvertido Harry será mañana el guía de los Reyes en un recorrido por la Abadía de Westminster. Hoy goza de las simpatías del público británico, es uno de los miembros de la Casa Real más valorados en las encuestas por su carácter un poco diferente y su apoyo a las causas de los soldados veteranos y las enfermedades mentales.