Leonor escucha al Rey tras la misa a la que asistieron en la Catedral de Palma de Mallorca
Leonor escucha al Rey tras la misa a la que asistieron en la Catedral de Palma de Mallorca - AFP

La Princesa recibió el 3-O la lección que aprendió su padre el 23-F

«Felipe, no te duermas -decía Don Juan Carlos al Príncipe la noche del golpe de Estado- ¡Mira lo que hay que hacer cuando se es Rey!»

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El Rey ha tenido la oportunidad esta semana de transmitir a su hija, la Princesa de Asturias, una lección muy parecida a la que él aprendió hace 36 años, la noche del 23 de febrero de 1981, cuando su padre, Don Juan Carlos, le mandó llamar a su despacho y le hizo permanecer a su lado hasta avanzada la madrugada aprendiendo lo que un Rey tenía que hacer para salvar a su país.

El golpe de Estado de 2017 es muy diferente a la asonada militar que protagonizó el teniente coronel Antonio Tejero en 1981, pero en ambas ocasiones dos niños Herederos de la Corona han sido testigos de las preocupaciones, llamadas telefónicas e intervenciones de sus respectivos padres para restablecer la democracia en España en situaciones de extrema gravedad. Y los dos niños, uno de trece y otra de once -aunque a finales de mes Leonor cumplirá doce- vieron cómo sus progenitores tuvieron que transmitir un mensaje extraordinario por televisión dirigido a todos los españoles. Quizá Don Felipe nunca vio tan serio a Don Juan Carlos como el 23-F ni Leonor a su padre con tanta gravedad como la tarde-noche del pasado martes.

Presentes en las grabaciones

Don Felipe ha tratado de explicar en qué consiste el oficio de Rey a sus hijas desde que eran muy pequeñas, empleando palabras sencillas. Las dos niñas han estado presentes, junto a su madre, en las grabaciones de los tres Mensajes de Navidad del Reinado, y a la vuelta de los viajes oficiales, Don Felipe y Doña Letizia suelen relatar a Leonor y Sofía lo que han hecho y por qué.

Es probable que algún día, el Rey cuente con detalle cómo explicó a la Princesa de Asturias los acontecimientos que ahora se están viviendo en Cataluña, de la misma manera que lo hizo Don Juan Carlos varios años después del 23-F, cuando conversó largamente con José Luis de Vilallonga para que escribiera su libro «El Rey».

En aquella conversación, Don Juan Carlos relató que la noche del 23-F «obligué al Príncipe de Asturias a pasar la noche en mi despacho para que me viera ejercer mi oficio de Rey». Don Felipe tenía entonces la edad ideal, según su padre, «para aprender lo que la vida podía enseñarle cuando quizá fuera demasiado tarde».

El entonces Príncipe preguntó a su padre: «Papá, ¿qué va a pasar?», y Don Juan Carlos, para explicarle la situación, recurrió a la imagen de un balón de fútbol que estaba en el aire y que no se sabía de qué lado iba a caer. «Pues ya ves, Felipe, con la Corona es lo mismo. En estos momentos está en el aire y yo voy a hacer todo lo posible para que caiga del buen lado», le respondió.

Durante la larga noche, siguió relatando Don Juan Carlos, el Príncipe se durmió varias veces en la butaca, pero su padre le despertaba: «¡Felipe, no te duermas! ¡Mira lo que hay que hacer cuando se es Rey!».

Sin dormir

Cuando Don Juan Carlos despertó a su hijo por segunda o tercera vez, el niño comentó: «¡Jo, papá, qué mes!» Y es que en febrero de 1981, el Príncipe había vivido demasiadas emociones fuertes: los incidentes contra Don Juan Carlos en Guernica, la repentina muerte de su abuela la Reina Federica de Grecia, la presión por los exámenes y encima, un intento de golpe de Estado. A pesar de que sólo pudo dormir unas pocas horas, Don Felipe tuvo que asistir al día siguiente a clase porque Don Juan Carlos consideró que, «como ya estaba todo en orden, no había ninguna razón» para que no lo hicieran.

«Aquella noche -comentó Don Juan Carlos a Vilallonga- el Príncipe de Asturias aprendió en unas horas más de lo que aprenderá el resto de su vida».

Transcurridos los años de aquel golpe de Estado, Don Felipe ha confesado en alguna ocasión que recuerda esa noche, pero que en su memoria están mezcladas sus experiencias personales con los hechos que después le contaron y que deseaba no tener que pasar nunca por algo parecido.

Un antes y un después

Lo cierto es que el golpe de Estado que él ha tenido que afrontar ha sido muy distinto al que vivió su padre porque el desafío separatista es un problema que no se resuelve en una sola noche. Aunque su mensaje del pasado martes marcó un antes y un después en el pulso al Estado -porque desencadenó una impresionante respuesta social y empresarial contra el desafío separatista-, esta crisis se prolongará mientras persista un sentimiento independentista en una parte considerable de la sociedad catalana.

Otra diferencia respecto al 23-F es que en 1981 todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria se unieron en la defensa de la democracia, mientras que ahora solo dos partidos, PP y Ciudadanos, han mostrado su apoyo sin fisuras al Gobierno y el principal partido de la oposición, el PSOE, solo ha prestado un apoyo parcial y condicionado por la rivalidad política.

El papel de Don Felipe también ha sido muy diferente del que jugó Don Juan Carlos el 23-F. La asonada militar de Tejero fue un acontecimiento sobrevenido, en el que el Gobierno y el Parlamento estuvieron secuestrados por los golpistas, y esta circunstancia obligó a intervenir al Rey. Sin embargo, el golpe separatista de Cataluña llevaba meses anunciado y los poderes del Estado (Gobierno, parlamento y jueces) han dispuesto de tiempo para preparar la defensa del orden constitucional. A Don Felipe, la Constitución española le atribuye la misión de velar por el correcto funcionamiento de las instituciones, y eso es lo que hizo el pasado martes cuando se dirigió a la nación.