Los esclavos canarios en el Palacio Real de Marruecos

La historia de unos canarios que acabaron en Marruecos en 1632 como mano de obra para el fundador de la dinastía alauí. Nunca pudieron regresar a las islas a pesar del intento del capitán general de Canarias, Íñigo de Brizuela, al que liaron los funcionarios civiles diciendo que no eran obligaciones del Ejército atender a «cuestiones comerciales»

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

El palacio real de Safi, en la costa atlántica de Marruecos, contó con mano de obra forzosa procedente de las islas Canarias. Eran esclavos de las islas entre 1630 y 1635. La existencia ilegal de mano de obra canaria entre el personal de la monarquía de Marruecos consta por las cartas de los presos a sus familias, a cuyo contenido ha tenido acceso ABC.

Los canarios ya antes eran conducidos hasta Marruecos por los ataques piratas que sufría el archipiélago. El Ejército y la Armada Española siempre estuvo ayudando a los isleños; pero hubo incursiones imposibles de controlar. Entre esos ataques, las de los insulares capturados para hacer obras emblemáticas con sangre de cristianos en ese país que se definía como imperio.

El capitán general de Canarias Íñigo de Brizuela se implicó personalmente en defender a sus compatriotas ante el disparate que tiene un responsable conocido: Mordahay Zamor. Ese era el que se dedicó a embarcar canarios que, por ser cristianos y no tener dinero para ser rescatados, los metió de forma voluntaria en el circuito de la trata de esclavos asegurando grandes beneficios. Pirata.

Zamor, las cosas como son, era judío, religión muy influyente entonces en Safi y otras áreas costeras marroquíes. Se le conoce un caso, pero tenía experiencia en el negocio transfronterizo. El Ejército lo trincó a su regreso en Tenerife pero acabaría libre por falta de ejemplaridad judicial en Las Palmas capital.

Sinvergüenza

Los canarios captados por Zamor acabaron trabajando en contra de su voluntad para Abul Amlak Sidi Muhammad que, para colmo, iniciaba su reinado en 1631 y había decidido, bajo el nombre de Mohammed I, considerado el fundador de la dinastía alauita en Marruecos, darse un homenaje construyendo un palacio real antes de abdicar en 1636 en favor del mayor de uno de sus quince hijos, Muhammad ibn Sharif.

Íñigo de Brizuela llegó como capitán general en Canarias tras pasar un periodo en los Tercios de Flandes donde colaboraba con Alberto de Austria, que lo incorporó a su círculo de confianza. Antes de llegar a las islas fue gobernador en Fuenterrabía y teniente general de Guipúzcoa. Felipe IV lo mandó a Canarias como responsable de la defensa de Canarias por su experiencia marítima y en fortificaciones.

Escrúpulos

De Brizuela se escandalizó al constatar que había canarios esclavos en Marruecos. Y se puso manos a la obra nada más llegar a las islas. Quería se aplicara la ley y acudió a Juan Fernández de Talavera, que era juez competente los asuntos de comercio y contrabando en Canarias. El imputado por delito de tráfico de esclavos, Mordahay Zamor, originario de Belén, tenía familiares trabajando en el Santo Oficio.

De acuerdo con la denuncia, a la que ha tenido acceso ABC, a Zamor no se le acusaba de hacer negocio con moros, y eso que su presencia de por sí en España ya estaba prohibida, sino de «cautivar con fraude y engaño» a cristianos entregándolos en Marruecos. Un hecho que «era mayor delito el cometido contra las personas que contra los bienes».

El comercio entre España y Marruecos estaba prohibido pero en las islas Canarias estaba permitido porque había una plaza de España en esa costa: Santa Cruz de la Mar Pequeña. Decían que iban a ese lugar y, después, se ponían a hacer negocios con moros en sitios como Safi. Por eso, cuando fueron apresados, desde Madrid, apenas se pudo hacer nada. España no pagaba rescates y se caía en una red de mil intermediarios marrulleros que era imposible encontrar una salida.

Calvario

En diciembre 1632 Mordahay Zamor preparó un viaje con productos desde las islas como tabaco, trigo, cochinilla, alcaparras, pimienta, incienso, granates falsos, barriles de sardinas y sacos de arroz desde Gran Canaria y Lanzarote a lo que ahora es la costa de Marruecos. Era un negocio con socios como Honorado Estacio, que años después fue alguacil de la inquisición en San Mateo (Gran Canaria).

Mordahay Zamor fue a Marruecos tras contratar de patrón a Bartorlomé Antibo, al que también convenció para entrar en el negocio colocando mercancías propias y su conocimiento en navegación. La idea era regresar a Canarias con dinero y algunos isleños que estaban ya de esclavos en el país.

Cuando los barcos llegaron a la costa marroquí, Mordahay Zamor se escaqueó en el puerto y dejó colgados a los marineros y al patron Bartorlomé Antibo. Ahí comenzó el calvario. Apenas se sabe nada del final de la historia pero sí una cosa: los esclavos canarios fueron llevados ante el Rey de Marruecos. Que los usó como mano de obra.

Pasaron primero por una casa y durante 40 días estuvieron encerrados. Después fueron embarcados a Safi con otros moros. Capturados y cedidos como mano de obra personal del Rey de Marruecos. Algunos, hasta dos años con trabajos forzados. La mayor parte no regresarían nunca a las islas de las que salieron. Uno de ellos escapó.