El Ebro, a su paso por Zaragoza capital
El Ebro, a su paso por Zaragoza capital - Fabián Simón
Sociedad

La primera riada del Ebro de la temporada pasa por Zaragoza sin provocar daños relevantes

La punta de la crecida ha rozado los 580 metros cúbicos por segundo y ha provocado pequeños desbordamientos del río

ZaragozaActualizado:

La primera crecida del Ebro del año hidrológico que comenzó este otoño se ha saldado sin daños relevantes, pese al bruso aumento de caudales que ha registrado. La punta de la crecida ha rozado los 600 metros cúbicos por segundo y este viernes ha pasado por Zaragoza sin afecciones significativas y tras haber provocado algunos desbordamientos del río.

Las intensas lluvias que descargaron a principios de semana hicieron crecer rápidamente el caudal del Ebro y el de varios de sus afluentes de la margen izquierda -la que recoge aguas del Pirineo-.

La punta de la crecida llegó a Aragón el jueves, tras pasar por Castejón (Navarra) con 580 metros cúbicos por segundo y alcanzar el Ebro en esa localidad los 4,44 metros de altura. A su paso por la localidad zaragozana de Pradilla el río alcanzó los 5,21 metros a las 7.00 horas de este viernes.

Este fuerte aumento de caudales ha provocado pequeños desbordamientos y limitadas inundaciones de terrenos situados junto al Ebro en puntos concretos del curso del río, que a su paso por Zaragoza ha rondado los 3,5 metros a la altura de la autovía A-2 y ha superado los dos metros a su paso por el centro de la capital aragonesa.

En cuestión de horas, entre la noche del jueves y la madrugada del viernes, el caudal del Ebro en Zaragoza se disparó un 350%: pasó de llevar 93 metros cúbicos por segundo a rondar los 500.

El río Gállego, que desemboca en el Ebro en Zaragoza capital, también experimentó un gran aumento de caudales que generaron pequeños problemas y desalojos en puntos vulnerables situados junto a su cauce. La situación ya está volviendo a normalizarse y el caudal del Gállego está descendiendo desde la madrugada de este viernes.

Este episodio de lluvias y de aumentos de caudales en los ríos ha permitido un fuerte incremento de las reservas de agua embalsada en la cuenca del Ebro.