«Caso La Muela»

De niña humilde a líder en corrupción

Vida y obra de Mariví Pinilla, un récord de corrupción política desde una modesta alcaldía de pueblo: La Muela

La exalcaldesa de La Muela, el pasado jueves, cuando aguardaba a escuchar la sentencia
La exalcaldesa de La Muela, el pasado jueves, cuando aguardaba a escuchar la sentencia - Fabián Simón
Roberto Pérez La Muela (Zaragoza) - Actualizado: Guardado en: Aragón

«No repartimos dinero del Ayuntamiento a los vecinos a fin de año porque es ilegal», decía en mayo de 2003 la exalcaldesa de La Muela, Mariví Pinilla. Presumía, sin pizca de contención ni de pudor, del exceso económico en el que ya por entonces se había instalado este pueblo situado a 20 kilómetros de Zaragoza.

«Lo peor es que digan que te llevas dinero o que te pagan comisiones los constructores», declaraba con vehemencia en la misma entrevista. Aseguraba que solo una vez le habían ofrecido dinero por un amaño y que, al constructor que lo hizo, le echó de su despacho con cajas destempladas. Seis años después, la Policía le ponía las esposas a Mariví Pinilla e imputaba a toda su familia–marido y tres hijos, además de a su hermana y a un primo– por una trama de corrupción continuada y a lo grande tejida a finales de los años 90.

Pinilla acaba de ser condenada, por 14 delitos, a 17 años de prisión y a 9,95 millones en multas. Además, entre su exmarido, sus hijos, su hermana y su primo suman 15 delitos, más de 17 millones en multas y 16 años de cárcel. Y otros 70 años suman los otros 22 condenados. La sentencia de la Audiencia de Zaragoza ha impuesto a los 29 condenados -la lista de imputados en el caso llegó a ser de 41- un centenar de años de cárcel y más de 40 millones de euros en multas.

La Muela presumía de ser un pueblo rico, muy rico. Pero el tiempo demostró que solo era un decorado de cartón-piedra para camuflar corruptelas al galope -el lujo familiar incluyó también un picadero de caballos de raza-. La corrupción arruinó al Ayuntamiento, pero enriqueció a la alcaldesa, a su familia y a una nutrida cohorte de activos colaboradores. Todo a golpe de prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, malversación, falsedad, blanqueo... (la lista suma y sigue).

El marido y el promotor

Quienes mejor la conocen apuntan a su exmarido, Juan Antonio Embarba, como la auténtica «cabeza pensante». Y, a ella, como eficaz «ejecutiva» desde la alcaldía del pueblo, con el concurso del secretario y el arquitecto municipales, también condenados. Otra «cabeza pensante» fue un empresario inmobiliario, Julián de Miguel.

Pinilla, Embarba y De Miguel fueron la cúpula. El resto entraron en el juego de la ilegalidad con recompensada consciencia. Y, de telón de fondo, un pueblo que por entonces, hace 15 años, solo tenía mil vecinos y que sirvieron de coartada perfecta, destinatarios del derroche de fondos públicos con los que la alcaldesa les contentaba y se garantizaba votos: viajes vacacionales gratis, becas, fiestas de órdago, ayudas económicas... A los vecinos que esto no les cuadraba quedaban marcados por la alcaldesa y sus fieles.

De humildes orígenes

Mariví Pinilla nació el día de San Valentín (14 de febrero) de 1957. A los 14 años tuvo que dejar los estudios porque su padre falleció en un accidente de tráfico en La Muela. Al drama personal se le unió el revés para una economía familiar que hasta entonces no había sido boyante. Con 14 años, Mariví tuvo que dedicarse a ayudar a su madre -con otros tres hijos y una hija- para salir adelante.

La alcaldía, «heredada»

Seis años después, recién estrenada en la veintena, se casó con Juan Antonio Embarba. Corría el año 1978. El matrimonio probó suerte con una granja de conejos. Después montaron varias más.

Por aquellos años, el alcalde era un primo de Pinilla, Carmelo Aured, ahora también condenado. Fue quien le pasó el testigo a Mariví, que en 1987 se estrenó en el cargo con el CDS y luego se pasó al PAR. Se mantuvo de alcaldesa durante 24 años, hasta las elecciones de 2011 -dos años después de ser detenida-. No soltó el cargo ni durante los cuatro meses que estuvo en prisión provisional.

Viento, ladrillo y corrupción

En los 90, La Muela despegó con la energía eólica y empezó a ganar brillo la economía familiar de Pinilla. La instalación masiva de aerogeneradores les sirvió para ir abonando el terreno, pero el gran trampolín para la trama corrupta les llegó con el «boom» del ladrillo.

Durante más de diez años se prolongó un sistema corrupto que se cimentó sólidamente en 1998. Aquel año la alcaldesa Pinilla impulsó una sociedad municipal urbanística y un gran polígono industrial en premeditada coordinación con el empresario Julián de Miguel. Mientras tanto, se aceleraban las recalificaciones y las edificaciones residenciales. La máquina de la corrupción había quedado lista para funcionar a pleno rendimiento.

El matrimonio Embarba-Pinilla se aficionó a comprar terrenos que rápidamente pasaban de ser rústicos a edificables. Y, a la par, proliferaba el dinero negro de las comisiones ilegales. Su fortuna subió peldaños año tras año: coches de postín, casas, propiedades inmobiliarias y un tren de vida que dejaba claro que el dinero entraba a buen ritmo en la familia de Pinilla. Compraron una villa caribeña en la República Dominicana, viviendas en la Costa del Sol...

La denuncia que destapó el entramado

El 18 de marzo de 2009 se destapó el lodo. La alcaldesa fue arrestada y meses después se separaba de su marido para emprender una relación sentimental con una mujer.

Pinilla fue detenida tras una investigación policial que arrancó gracias a las denuncias presentadas por un excuñado y una prima política de Mariví Pinilla.

Las pesquisas demostraron que las sospechas denunciadas estaban más que fundadas. Y, de paso, se desmoronó el cartón-piedra de la artificial bonanza que durante años exhibió el Ayuntamiento regido por Pinilla. Los excesos y caras bravuconadas de esa «Marbella maña» dejaron al Consistorio con una deuda de 33 millones de euros. A día de hoy aún asciende a 16 millones en un pueblo de 5.000 vecinos.

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