Dos personas observan las retenciones de ayer en la A-2
Dos personas observan las retenciones de ayer en la A-2 - EFE

Vuelve el orden

El supuesto «pueblo catalán», al que tan a menudo los independentistas interpelan, acudió ayer en masa a sus puestos de trabajo y la inmensa mayoría de los comercios abrieron

Salvador Sostres
BarcelonaActualizado:

El convocante único de la huelga de ayer fue el ex Terra Lliure asesino del empresario José María Bultó y del alcalde de Barcelona, Joaquim Viola. El ridículo del independentismo político no puede ser peor: una república que ni los que la proclamaron la reconocen; unos exconsejeros encarcelados por haber declarado una independencia que no habían preparado y un presidente patéticamente huido sin ningún otro destino que no sea la cárcel o vagar dando de comer a las palomas de la Grand Place. La huelga de ayer fue la misma bomba en el pecho con la que el mismo Carles Sastre que la convocó asesinó a sus víctimas en 1977 y 1978.

Sólo se paró lo que se intimidó y se cortó. Los catalanes salimos a trabajar y los que no pudimos hacerlo fue por la acción minoritaria y totalitaria de brevísimos piquetes que con no más que calderilla humana cortaron varias carreteras. Problemas de orden público -y no políticos- que una vez más los Mossos no solucionaron.

El supuesto «pueblo catalán» al que tan a menudo los independentistas interpelan, acudió ayer en masa a sus puestos de trabajo y la inmensa mayoría de los comercios abrieron. El catalanismo moderado resurge de su ostracismo silencioso y vuelven a sus cuidados las personas formales. Santi Vila intentará hasta última hora liderar el PDECat, porque Puigdemont desde Bélgica está intentando prescindir de su partido y configurar una candidatura personalísima. Miquel Iceta ha pactado con la vieja Unió para recuperar la transversalidad del PSC. Con todas sus imperfecciones, vuelve el orden.

Es difícil hacer pronósticos sobre el resultado electoral de diciembre pero si en los últimos años en Cataluña todos querían parecer independentistas para ganar, ahora la moderación es la consigna y la moda, y la agitación callejera ha perdido vigor y prestigio y hemos recordado lo mucho que podríamos perder poniendo lo que tenemos en riesgo.

Aunque puede que las cosas empeoren antes de mejorar y que al independentismo todavía le quede alguna tarde de gloria, la Historia nos enseña que la negociación y el pacto han significado siempre el crecimiento de Cataluña. Y del presente más inmediato hemos aprendido que el «todo o nada» es siempre una derrota, naturalmente amplificada por unos dirigentes insólitamente analfabetos y provincianos.

Carles Sastre comprobó ayer que su Cataluña no existe y Cataluña recordó el daño que con muy poco pueden hacer criminales como Carles Sastre. Vuelve la normalidad. Remite la propaganda. Algún día nos asustará el atajo de salvajes con los que nos mezclamos.

Salvador SostresSalvador SostresArticulista de OpiniónSalvador Sostres