El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (i), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, - EFE

Trump defiende una España unida ante la «tontería» de una Cataluña separada

El presidente de Estados Unidos respalda al Gobierno de Rajoy y elogia a los españoles: «Viven en un gran país, hermoso, increíble y con gran historia»

Enviado especial a WashingtonActualizado:

El presidente Rajoy dejó la Casa Blanca pasadas las ocho y media de la tarde con la misión cumplida. Unos minutos antes, el presidente de Estados Unidos acababa de expresar su respaldo a una España unida, con toda clase de elogios a este país y su gente «increíble y maravillosa». Un mensaje relevante a solo cuatro días de esa fecha elegida por los independentistas catalanes para celebrar un referéndum ilegal. Trump no se cree que los catalanes quieran marcharse de un país «tan hermoso, increíble y rico en historia». Incluso llegó a decir que en realidad los catalanes «aman» a su país, España. Pero quizás muchos no lo saben. «Sería de tontos» querer marcharse de este país, comentó Trump.

Camino de la Embajada de España, antes de tomar de nuevo el avión hacia Madrid, la primera valoración del Gobierno fue muy positiva por la visita a la Casa Blanca y el contenido de la reunión: «La visita ha sido de muchísimo nivel, y el trato ha sido inmejorable», comentaron fuentes muy próximas a Rajoy. La satisfacción por el mensaje sobre Cataluña fue evidente. Y un detalle muy significativo de lo que ocurre en España y cómo se ve fuera de nuestras fronteras: ningún periodista extranjero hizo una sola pregunta sobre Cataluña, ni a Rajoy ni a Trump. Fueron los periodistas españoles, en sus dos turnos de palabra, los que se interesaron por la opinión de Trump y la valoración de Rajoy. Los estadounidenses prefirieron interesarse por Venezuela, Corea del Norte o los huracanes de Puerto Rico.

Ala oeste

El viaje de Rajoy a Washington ha durado menos de 24 horas, pero el ritmo ha sido frenético, sobre todo en las más de dos horas que estuvo en la Casa Blanca. Tras pernoctar en la Blair House, la Casa de Huéspedes para los invitados distinguidos del presidente de Estados Unidos, Rajoy llegó al ala oeste de la Casa Blanca a las 12.15. Trump le recibió con un potente apretón de manos. Tras firmar en el libro de honor en la Sala Roosevelt Room, ambos se dirigieron al Despacho Oval.

Todo está calculado al segundo en la Casa Blanca. Cada paso, cada gesto lleva detrás una carga importante de protocolo. Nada se deja a la improvisación. La escena en el Despacho Oval fue la tradicional: Rajoy sentado a la izquierda, Trump a la derecha, y los periodistas rodeándoles para escuchar sus saludos.

El primero en tomar la palabra fue el anfitrión, sentado en el borde del sillón, con las manos entrecruzadas. Dio la bienvenida a una gran socio y amigo como es el presidente español y sin perder más tiempo comenzó a hablar de las relaciones comerciales y económicas entre los países. Rajoy también habló de economía en este momento inicial, pero no desperdició la primera oportunidad que tuvo para subrayar su deseo de seguir cooperando con Estados Unidos «en la defensa de las libertades, la democracia y los derechos de todos». Primer recado para los que pretenden romper el Estado de Derecho en España.

En seguida se comprobó la sintonía total que tienen Rajoy y Trump en la lucha contra el terrorismo yihadista. El discurso del presidente de Estados Unidos es rotundo al hablar de la lucha contra Daesh, y Rajoy no se queda atrás al presumir de la participación de España en la coalición contra esta organización y en la aplicación de medidas para asfixiar a los terroristas, como la lucha contra la financiación o la mayor cooperación en inteligencia y en ciberseguridad. «Vamos a seguir siendo muy fuertes», advirtió Trump.

En el Despacho Oval no se permitieron preguntas, y el intento de un periodista de interrogar sobre Corea del Norte se quedó en el aire. Trump ironizó sobre el interés de los periodistas: «Seguro que tienen muchas cosas que preguntarme sobre España, pero lo dejamos para la rueda de prensa». Antes de despachar a los periodistas, Trump elogió a Rajoy, «una persona altamente respetada en Estados Unidos», y aseguró que su país está «muy cerca de España y de su gente maravillosa».

El saludo en el Despacho Oval fue rápido. Unos minutos después ya estaban las dos delegaciones sentadas a la mesa en la Sala de Gabinete de la Casa Blanca (como la sala del Consejo de Ministros en La Moncloa), para tener el almuerzo de trabajo, que fue donde se trataron con más profundidad los temas de la agenda. Por parte de Estados Unidos, el nivel fue alto: el secretario de Estado, Rex Tillerson, el general John Kelly (jefe de gabinete), el consejero de Economía, Gary Cohn, el consejero de Seguridad Nacional, Ricky Waddell, la jefa del Departamento para Europa y Rusia, Fiona Hill y el jefe de Comunicación, Michael Anton. Rajoy se sentó justo en frente de Trump, entre el embajador de España, Pedro Morenés, y el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis. Le acompañaban además el jefe de gabinete, Jorge Moragas, la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, y la directora de la Oficina Económica, Eva Valle.

En el almuerzo, Trump elogió los «nueve primeros meses maravillosos» de relaciones con España en su mandato, y destacó que nuestro país ocupa «un lugar muy especial». «Estamos muy cerca de ustedes», insistió.

Del Cabinet Room pasaron al Rose Garden, tras más de una hora de almuerzo, sin pausa. Bajo un sol de justicia, Trump se centró en hablar sobre Puerto Rico, las sanciones a Venezuela y Corea del Norte. A las preguntas sobre Cataluña se le vio claramente su inseguridad por desconocimiento de los detalles. Por eso fue a lo seguro y subrayó su deseo de que España permanezca unida. A él, que conoce personalmente el país y en concreto Barcelona, no le entra en la cabeza que alguien quiera marcharse de él: «Estoy seguro de que los catalanes permanecerán en España porque aman su país. Sería de tontos no hacerlo».

Rajoy y Trump coincidieron plenamente al hablar de Venezuela. Los periodistas de Estados Unidos preguntaron al presidente si apoyaría una intervención militar en Venezuela, y también una guerra en Corea del Norte. Sobre la primera Rajoy recordó que España lidera la petición de sanciones en la UE: «No puede haber paños calientes», les dijo a los estadounidenses. Sobre la segunda intentó zafarse como pudo y defendió nuevas sanciones y medidas políticas.