Uno de los detenidos en la operación
Uno de los detenidos en la operación - EFE

Tres detenidos por enviar a Siria a un yihadista que acabó mutilado

Volvió a España, vivió luego en Centroeuropa y tras ser detenido fue enviado a Marruecos

MadridActualizado:

Es marroquí, tiene 35 años y en 2012 su vida cambió radicalmente. Hasta ese momento este individuo llevaba un modo de vida occidental, su vestimenta era acorde con esa forma de conducirse y lo más destacable de él es que había sido detenido por la Policía acusado de tráfico de drogas.

A partir de esa fecha todo se desbocó, en concreto desde que trasladara su residencia a la localidad tinerfeña de San Isidro. El detonante fue que entró en contacto con tres compatriotas de 27, 35 y 37 años -ahora detenidos por la Comisaría General y la Brigada Provincial de Información de Tenerife-, que regentaban un locutorio, además de tener un papel muy relevante en la mezquita local, en la que eran imanes, vocales y custodios. Las reuniones entre los cuatro hizo el resto.

Estos individuos le adoctrinaron durante meses en el rigorismo salafista, de modo que su nuevo amigo comenzó a cambiar de indumentaria, ahora de estética radical, y hasta de fisionomía en un detalle clave: en su frente se apreciaba una marca, denominada «zabiba», que se produce por apoyar la frente en la alfombra de rezo de forma contínua. Hassan el Haski, marroquí como él y condenado a 11 años de cárcel por el 11-M, también la lucía cuando llegó a España para ser juzgado.

El paso último de la radicalización de este individuo fue convencerle de que viajara a Siria para enrolarse como «foreign fighter» (combatiente extrajero) en las filas de la organización terrorista Jabath Al Nusra.

El nuevo muyahidín viajó a tierra de yihad en 2012 y combatió durante tres años. Tuvo que abandonar la zona no porque su moral se quebrara, sino porque sufrió mutilaciones en los combates. En concreto perdió una de sus manos y sufrió importantes daños en un tobillo, lo que le dificultaba mucho la movilidad. Sus tres amigos mantuvieron en todo momento contacto con él y supieron lo que le había sucedido y que debía regresar a España.

En 2015 regresó a Tenerife en patera y los ahora arrestados le siguieron dando cobertura y apoyo económico. Conscientes de que cada día era más difícil ocultar su condición de yihadista, apoyaron su decisión de salir de Canarias para integrarse en el flujo de refugiados de Siria y Libia en Centroeuropa, abandonando la isla presumiblemente con documentación falsa.

El combatiente estuvo en varios países, en los que recibía aún ayuda de los tres detenidos, hasta que por un envío de dinero se le localizó en Budapest. Sólo dos días después fue repatriado a Marruecos. Ahora se le ha perdido la pista.