Manuel Marín

Susana Díaz, candidata Manuel Marín

González es hoy el principal muñidor de la candidatura de la presidenta de la Junta a la secretaría general del PSOE

El expresidente del Gobierno Felipez González, con la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz
El expresidente del Gobierno Felipez González, con la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz
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Lo que ha hecho Felipe González con Susana Díaz es idéntico a lo que hizo aquel diputado que se subió a la tribuna del Congreso y, apuntando con el dedo a un parlamentario de la oposición, le espetó aquello de «no seré yo quien diga que usted es un corrupto…». Es la negación de la afirmación como rutinario recurso dialéctico para decir algo sin decirlo, para sugerir sin afirmar.

Sin embargo, la sutileza de Felipe González para hacerse el despistado y no hacer ruido ha sido la de un borracho en una tienda de panderetas. No hay error de interpretación posible: González es hoy el principal muñidor de la candidatura de Susana Díaz a la secretaría general del PSOE, y tanto su puntilla póstuma a Pedro Sánchez tildándole de incapaz, como su regodeo en la ironía para presentarse como el pobre profesor que siempre termina gafando a sus discípulos, no son sino una impostura para firmar la carta oficial de presentación de su candidata.

González está legitimado para pasar a Sánchez todas las facturas pendientes al cobro. Primero, porque en el PSOE siempre desobedecieron aquel acervo que aconseja, por decencia y humanidad, no hacer leña del árbol caído. Y segundo porque en el PSOE, elijan purgas crueles o elijan castigos leves, nada es gratis en una guerra civil. Meses atrás Sánchez hizo creer a Felipe Gonzalez que terminaría empujando al PSOE a una abstención en la investidura de Rajoy, y le mintió. Se sintió engañado… y el epitafio se redactó sin miramientos en el Comité Federal del 1 de octubre.

Susana Díaz no es la candidata oficial a nada, pero es evidente su ambición de ser la candidata oficiosa a todo. El PSOE andaluz y la gestora de Ferraz están diseñando un proceso progresivo de interiorización colectiva para convencerse de que Díaz es la única solución viable en el doble objetivo de retratar a Podemos como una farsa populista a su izquierda y de competir por La Moncloa. Y es muy factible que la «operación Cruzcampo», como empieza a llamarse para que Díaz guste más «de Despeñaperros para arriba», vaya tomando cuerpo en las próximas semanas. De momento Díaz no tiene a ningún contrincante enfrente, cuenta con el favor de parte de la vieja guardia socialista que se identifica con ese guardián perpetuo de las esencias, y cualquier expectativa de Sánchez parece haberse diluido en menos de dos semanas. Díaz quiere y se le intuye… pero quiere el jackpot completo: sin oposición y por aclamación. El primer paso está dado.

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