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Sánchez adelanta Halloween Manuel Marín

Manuel Marín Madrid - Actualizado: Guardado en:

La disyuntiva infantil propia de los primeros días de noviembre, cuando los niños se disfrazan de adefesios y aporrean las puertas al grito de «truco o trato», es la que ahora invade a Sánchez. Trato con Podemos y la amalgama de extremistas de izquierda e independentistas para conformar un gobierno que permitiría a Sánchez colmar su obsesión, o truco para simular que lo intentará con toda su capacidad de seducción, para concluir in extremis que es imposible. Lo fue en febrero con más escaños y opciones, y tiene visos de serlo ahora porque la apuesta secreta e inconfesable del PSOE parece ser la repetición de elecciones. Ese «trato» no sería más que una argucia de diseño, una apariencia maquillada de amagos de negociación para justificar ante el electorado de izquierda, el suyo y el que quiere recuperar, que su intento iba en serio, pero que lamentablemente queda frustrado de modo definitivo.

Sánchez duerme estos días con la íntima satisfacción de haber observado a Rajoy embarrancado y lastrado por una investidura fallida. Ya no es él el único aspirante de la democracia que ha salido de una sesión como la de esta semana con las hieles del fracaso. Sin embargo,no está claro que el PSOE vaya a satisfacer la mendicante oferta que hizo Pablo Iglesias representando a esa pléyade de minoritarios a los que solo une el odio a Mariano Rajoy.

Representación teatral

Sánchez disimulará. Actuará y sobreactuará alimentando rumores y filtrando insinuaciones que mantengan la expectativa diaria de una salida pactada como si fuese el nudo de una representación teatral. Pero es muy probable que, en el fondo, no pueda perdonar a Iglesias la traición política de febrero, cuando sí se veía investido porque el líder de Podemos no iba a ser capaz de aguantar el pulso ni de soportar el órdago de provocar otras elecciones y acudir a ellas como el culpable de que Rajoy no se convirtiera por fin en líder de la oposición. Hoy el PSOE no quiere lo que sí deseaba en febrero, y Podemos implora ahora lo que frustró antes.

El «truco» consistirá en construir otra alternativa imposible. Dado que Albert Rivera presume de ser el líder del partido «del sí», es probable que el PSOE ofrezca a Podemos y Ciudadanos una alternativa inviable basada en una alianza conjunta de las «fuerzas del cambio». Sin embargo, es una alternativa «prevaricadora» en la medida en que se realizará a sabiendas de que es injusta para esos dos partidos y que solo sería la excusa perfecta para expiar culpas y poder justificar el enésimo fracaso, antes de presentar las urnas de nuevo como la única solución irreversible. En definitiva, ofrecer a Iglesias y Rivera un acuerdo de gobierno irreal sería para Sánchez la coartada idónea, la cobertura ideal para expiar culpas ante las nuevas elecciones, y no aparecer en la campaña más indignante para el ciudadano como el único responsable del bloqueo.

Pedir a Rivera que fragüe un gobierno con Iglesias no es un «trato», sino un «truco» para sacudirse en la medida de lo posible la presión brutal que ejercen algunos de sus barones críticos para cortar ese cordón emocional que parece unir a Sánchez con Podemos, rehabilitar al PSOE desde la oposición y permitir a Rajoy gozar de una abstención socialista ahora que ya ha pagado las cervezas de la revancha. No en vano, a día de hoy sigue vigente el acuerdo del Comité Federal socialista que veta a su secretario general cualquier negociación con partidos separatistas. Y sin ellos, no suma si no es con Ciudadanos. En la mente de algunos dirigentes socialistas emergen claramente las terceras elecciones con Sánchez como candidato. No parece haber tiempo para relevos. Pero antes, conviene no regalar bazas a la derecha y sí vestir el muñeco de un acuerdo imposible con «las fuerzas del cambio» para desnudarlo a última hora y presentar las urnas como la salida inevitable.

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