El Congreso celebró este miércoles 6 de diciembre el 39 aniversario de la Constitución - ÓSCAR DEL POZO

Rajoy y Sánchez, unidos por el 155, separados por la reforma de la Constitución

Ambos se saludaron ayer en el Congreso y destacaron su «comunicación fluida»

MadridActualizado:

El Congreso de los Diputados celebró ayer el 39 aniversario de la Constitución, con la evidencia de que sigue sin existir un consenso para su reforma. Ayer, en la Carrera de San Jerónimo, se pudo ver cómo en una legislatura donde es necesario pactarlo todo para dar cualquier paso, no hay de momento acercamiento visible entre los grandes partidos para revisar el modelo autonómico o para aprobar un nuevo sistema de financiación, pendiente desde 2014. El presidente, Mariano Rajoy, considera «surrealista» que algunos, es decir el PSOE, no dejen de pedir una reforma de la Constitución, pero no digan qué es lo que quieren cambiar.

A partir de ahí, mostró su disposición por lo menos a hablar, aunque una vez más fijó sus líneas rojas, que pasan por la defensa de la soberanía nacional y la igualdad de los españoles, y la existencia de un amplio consenso. «No vale solo con una mayoría», precisó. Desde el Gobierno se amplió la idea: debe ser un consenso amplio y «simétrico» en toda España. En La Moncloa temen sobre todo el punto final de un proceso de reforma: el referéndum, una carta que Podemos quiere jugar y que podría convertir en una enmienda a la totalidad del sistema. El Gobierno quiere huir de esa posibilidad.

Rajoy no tiene las prisas que muestra el líder socialista, Pedro Sánchez, para abrir una reforma que no acaba de convencerle. El presidente prefiere mirar a Europa al hablar de cambios:es ahí, dijo nada más llegar al Congreso, donde se está haciendo «de verdad» una reforma de las normas que afectan todos los días a los españoles. Incluyó la posibilidad de que haya un presupuesto europeo, un ministro de finanzas de la Unión o la emisión de eurobonos. Todos ellos son, como lo fue la sustitución de la peseta por el euro, una «verdadera» reforma de la Constitución.

El presidente sí pone fecha para retomar la negociación sobre los Presupuestos de 2018: a partir de enero, una vez celebradas las elecciones autonómicas catalanas, en las que espera que se produzca una vuelta a la «tranquilidad». Aunque el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, barajó el esquema de este año, cuando las cuentas se aprobaron en junio y tras una negociación in extremis con el PNV, que sólo volverá a pactar cuando Cataluña tenga nuevo Govern.

Sobre el sistema de financiación autonómica, Rajoy prefiere no concretar plazos después de que el Gobierno haya asumido que será «imposible» cumplir el compromiso de tener un acuerdo antes de fin de año, como le exigió Ferraz. Rajoy recordó que el PP tiene solo 137 diputados, y necesita al PSOE. Por eso le instó a «aplicarse» y ponerse a trabajar para buscar un acuerdo con los populares lo antes posible. En toda su intervención al entrar en el Congreso, ni siquiera mencionó a Ciudadanos. Rajoy ha elegido ya al PSOE como socio prioritario para los grandes temas de Estado que están pendientes en una legislatura que no tiene ninguna intención de acortar.

En una conversación con periodistas, Rajoy insistió en que quiere agotar el mandato: ni siquiera se le pasa por la cabeza otro escenario. Y si había alguna duda sobre su posible candidatura a la reelección, se preguntó:«¿Por qué no me voy a poder presentar yo? ¿Qué debate es ese? No he hecho nada tan malo para no hacerlo».

Sánchez, optimista

En ese panorama de falta de acuerdo Pedro Sánchez emergió como optimista impenitente. En los tradicionales corrillos se mostraba convencido de poder desarrollar su hoja de ruta y apuntaba al segundo periodo de sesiones de 2018, es decir, a partir de septiembre, como fecha para abrir la subcomisión para la reforma constitucional en el Congreso. El líder del PSOE, tras aplaudir el discurso de Ana Pastor, expresó que «la derecha se mueve». Incluso quiso quitar hierro a las diferencias con Rajoy y aseguró que mantienen «una comunicación fluida». Ayer mismo se dejaron ver juntos en el Salón de los Pasos Perdidos, en un saludo cordial, con una conversación que La Moncloa calificó de «muy formal».

En su discurso público, Sánchez abogó por una reforma como palanca para la «reconstrucción política nacional» y apostó por que «los principios de la financiación autonómica estén escritos en la Constitución.

Un optimismo del que no hizo gala, sino todo lo contrario, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz: «No le veo voluntad ni al PP ni a Podemos». Los de Pablo Iglesias «porque no reconocen lo que fue la Transición y quieren cambiarlo todo» y el PP porque «Rajoy está en estado puro y no es un reformista convencido».

También se impuso el pesimismo en Podemos. Su líder, Pablo Iglesias, anunció por enésima vez el «fin del pacto del 78». El propio Iglesias admitió a los periodistas la dificultad de llevar a cabo una reforma de la Carta Magna. En Podemos son conscientes de que la aritmética para lograr «un gran acuerdo de país» aleja esta posibilidad y ven al PSOE, su previsible socio en un pacto de este calado, cada vez más lejos. El apoyo de los de Sánchez al PP en cuestiones de Estado, como la aplicación del 155, han enfriado sobremanera las relaciones con los populistas, que defienden que los socialistas mantienen una estrategia doble: ganar a Rajoy mientras destruyen a Iglesias.

Mientras los partidos alimentan una reforma constitucional que no verá la luz en esta legislatura, otro asunto se impone en las agendas como la prioridad más absoluta: la reforma del sistema de la financiación. Un año más, los barones autonómicos se arremolinaron en torno a Cristóbal Montoro para pedirle que acelere porque el tiempo apremia. Aunque no asistió a los actos de Madrid, el presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, abogó por anteponer este asunto a la reforma constitucional, si bien reclamó que la futura Carta Magna «deberá recoger las bases de un modelo equitativo y solidario».

Díaz presionará a Rajoy

Susana Díaz abroncó a Montoro por los retrasos y anunció que llamará a Rajoy para exigirle que cumpla con su compromiso de exponer un nuevo diseño de financiación antes de 2018. Montoro replicó que fue el PSOE el que exigió esa fecha, pero insistió en que es imposible sin el consenso previo entre los dos grandes partidos, por lo que repartió responsabilidades. En todo caso, el Gobierno reconoce que en el asunto de la financiación, como en tantos otros, no se podrá avanzar mientras no se despeje el horizonte político en Cataluña.