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Verónica y cuarto de Curro Rajoy Salvador Sostres

El presidente Rajoy ha hecho su Gobierno, el que ha querido, el que más oportuno le ha parecido. Sin preguntar ni pactar con nadie. Sin filtraciones y según sus propios tiempos. Verónica y cuarto de Curro Romero.

El primer apunte es que algunos periodistas, especialmente de El País, tendrían que empezar a darse cuenta de que no aciertan en ninguno de sus pronósticos sobre lo que el presidente Rajoy va a hacer, y que de la forma más fraudulenta venden a sus lectores meras especulaciones disfrazadas de falsa información, como hicieron desde el pasado domingo hasta ayer, tratando de hacer ver que sabían quién iba a ser ministro. Ya sé que pedirle honestidad al Grupo Prisa es una utopía, pero como mínimo y por su bien, que hagan el favor de conservar la dignidad.

El segundo apunte es que Rajoy responde con su habitual estilo, que tan bien le ha funcionado, a los que creían que tenía que ceder en algo u ofrecer algo a Cataluña. Los que esperaban un ministro/mediador catalán que negociara con la Generalitat, se han encontrado al Rajoy más duro y resistente, y van a ser Montoro y Soraya los que se ocupen de asegurar que las líneas rojas no se traspasan.

El tercer asunto es la sustitución del ya exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Seguramente el presidente no lo hubiera cesado, pero algún gesto tenía que hacer de cara a la galería. En su lugar, la «ministra catalana» del Gobierno será Dolors Montserrat Montserrat, persona de su máxima confianza y proximidad, de modo que puede decirse que Jorge Fernández continuará estando entre nosotros: que Rajoy sepa lo que a cada momento tiene que hacer, y lo haga, no significa que no sea leal a sus amigos. Algunos rumores sitúan al mayor de los hermanos Fernández Díaz de embajador ante la Santa Sede.

Íñigo de la Serna, alcalde de Santander, rejuvenece el Gobierno. Pero es significativo que esta renovación no venga de los codazos del partido sino de la experiencia en la gestión. Frivolidades, las justas. Hay que seguir con atención a De la Serna, una de las promesas del PP. Pero aunque todavía es pronto de hablar de claves sucesorias, con la llegada de Íñigo a Madrid, Feijóo parece todavía más viejo de lo que ya de por sí parece.

La portavocía del Gobierno reposará más tranquila en las manos del ministro de Cultura. Méndez de Vigo es un señor, tiene tablas y un gran sentido del humor que sabe modular con sensatez y gracia, sin ofender nunca a nadie. Las ruedas de prensa de los viernes, prometen. Respecto a la vicepresidenta, Rajoy, más que desposeer a Soraya, quitándole la portavocía, la ha protegido, porque tal vez su tono de María Estricta la habría quemado en un Gobierno que necesitará pactarlo todo. Soraya «asciende» y no «desciende», porque se queda lo que sin duda va a ser una de las claves de la legislatura: la interlocución con Cataluña.

Como colofón, la rueda de prensa que ha ofrecido el portavoz de la gestora socialista —que parecía salido del mundo de los lentitos, con sus críticas de barquito de papel, que palidecían ante la robustez política del nuevo Gobierno— ha escenificado un contraste tan clamoroso entre un presidente vencedor y un primer partido de la oposición desdibujado y roto, que el PSOE va a tener muy difícil no ir a remolque del PP durante como mínimo el primer año de legislatura.

Rajoy ha conseguido como siempre defender su espacio para hacer las cosas a su manera. Este espacio que Rajoy siempre logra preservar, para el asombro de sus detractores, y para su destrucción total.

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