Puigdemont se refiere a Cataluña como «un solo pueblo» soslayando su pluralidad - REUTERS/ Vídeo: ATLAS

Puigdemont vende una Cataluña idílica en su declaración institucional

El presidente de la Generalitat retrata a los catalanes como un colectivo unido, que ha logrado celebrar un referéndum de autodeterminación con garantías a pesar de las dificultades así como una huelga general, y critica a Don Felipe porque a su juicio no se ha preocupado por Cataluña ni cumplido «papel moderador» ante el 1-O

MadridActualizado:

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, ha esperado justo 24 horas para contestar al discurso pronunciado ayer por Don Felipe - en el que advertía que «determinadas autoridades» de Cataluña habían venido incumpliendo la Constitución - y realizar su primera declaración institucional desde la noche del referéndum ilegal de este domingo. Junto a la señera y en el marco austero de desde el salón Mare de Déu de Montserrat del Palau de la Generalitat, Puigdemont ha presentado su particular visión de lo que está sucediendo en Cataluña.

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¿«Un solo pueblo»?

En su alocución, Puigdemont, ha presentado la causa independentista como abrumadoramente mayoritaria entre los catalanes: «Una vez más, el pueblo de Cataluña demostró ayer que está unido, que es un solo pueblo, que cierra filas en la defensa de los valores de la democracia...», afirma el máximo responsable de la Generalitat quien no suele referirse en varias ocasiones a Cataluña como «un solo pueblo». Sin embargo, Puigdemont obvia la pluralidad de la propia sociedad catalana mostrada en la movilización de miles de ciudadanos contra la secesión en la Plaza de Sant Jaume en vísperas del 1-O o las muestras espontáneas de apoyo a la Guardia Civil y la Policía Nacional, en diferentes localidades catalanas durante los últimas horas.

Otra muestra tuvo lugar los pasados 6 y 7 de septiembre cuando las denominadas leyes del Referéndum y de Transitoriedad fueron aprobadas con el único apoyo de 72 diputados del bloque soberanista (Junst pel Sí, CUP) sobre un total de 135 parlamentarios, cuando para cambiar el Estatuto de Autonomía se necesita una mayoría superior. En contra de estas «leyes», que derogaban de facto el orden constitucional, votaron en contra los 63 diputados restantes de la oposición (PP, PSC, Ciudadanos, Catalunya Sí que es Pot) a quienes votaron en las últimas autonómicas (2015) un total de 1.976. 453 catalanes frente al 1.966.508 que votaron a opciones soberanistas. Lo que no habla precisamente de una abrumadora unanimidad.

«Perseguir urnas, papeletas y votantes»

En la misma alocución, Puigdemont, ha vuelto a insistir en referencia a la actuación del Estado contra el 1-O que «hay quien piensa que perseguir urnas, papeletas y votantes es una exigencia inexcusable del estado de derecho, y que todo vale para impedir que un pueblo pueda expresarse y pueda decidir». Hombre, expresarse Cataluña lo ha hecho varias decenas de veces desde la instauración de la democracia: elecciones autonómicas (1980, 1984, 1988, 1992, 1995, 1999, 2003, 2006, 2010, 2012), municipales y generales (1977, 1979, 1982, 1986, 1989, 1993, 1996, 2000, 2004, 2008, 2011, 2015, 2016). La última de ellas, no hace mucho, el 27 de septiembre de 2015.

De igual modo, la denominada «persecución de urnas, papeletas y votantes» no es otra cosa que el cumplimiento de un mandato judicial, ordenado por una magistrada catalana, tras ser suspendida la convocatoria del 1-O por el Tribunal Constitucional, al basarse en una legislación también rechazada por el Alto Tribunal. Por lo tanto, se trataba de cumplir con la Constitución.

En este sentido, conviene recordarle a Puigdemont las palabras pronunciadas este miércoles por el vicepresidente primero de la Comisión Europea y responsable de Estado de derecho, Frans Timmermans:«Hay una obligación de todo Gobierno de sostener el Estado de derechoy ello a veces requiere el uso proporcionado de la fuerza».

La Monarquía

Puigdemont también ha vertido fuertes críticas sobre la figura de Don Felipe y el rol de la Corona. En concreto, el dirigente catalán ha reprochado al Monarca que no cumpliera el «papel moderador» que le otorga la Constitución y que tampoco haya tenido «interés en conocer la opinión y la visión del Gobierno de la Generalitat en ningún momento». Además de acusarle de «liquidar las aspiraciones de soberanía del pueblo catalán». Sobre esto último, el president obvia que Don Felipe recordó ayer en su mensaje que «desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley». Ya sea por medio de una reforma constitucional, presentando propuestas de ley en el Congreso o Senado, recogiendo firmas para una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), etc...

Si no fuera así, ¿podrían los partidos soberanistas seguir con su actividad parlamentaria habitual en el Congreso de los Diputados y el Senado? ¿O disfrutar Cataluña de un nivel relevante de autonomía en materias como salud, educación o seguridad? Por ejemplo, el presupuesto vigente establece que la Generalitat incurrirá en un gasto total para políticas sociales de 18.016 millones de euros. Casi el 75% de lo presupuestado.

Sobre el «interés» o no de Don Felipe en lo que respecta a Cataluña, desde su llegada al trono en junio de 2014, el monarca ha visitado en numerosas ocasionesesta comunidad autónoma. La última vez, con ocasión de la misa en memoria de las víctimas de los atentados de Las Ramblas y Cambrils, el pasado 20 de agosto. El Monarca ha podido en sus tres años de reinado coincidir numerosas veces tanto con el propio Carles Puigdemont como con su antecesor, Artur Mas.

El 1-O

El responsable de la Generalitat también ha defendido en su alocución que el referéndum de independencia programado se pudo realizar el 1-O: «El domingo conseguimos hacer un referéndum en medio de un océano de dificultades y de una repressión sin precedentes». Una convocatoria que fue suspendida por el Tribunal Constitucional y que no cumplía con las mínimas condiciones ni siquiera las establecidas por la Comisión de Venecia, tal y como ha certificado por unanimidad la Junta Electoral Central. Una votación en la que se improvisó un censo universal el mismo día del supuesto sufragio y que fue inutilizado poco después. Además de no contar con una sindicatura electoral, dimitida y formada por miembros adeptos a la mayoría soberanista. Una jornada electoral en el que se demostró que se podía votar varias veces en diferentes colegios y cuyo recuento quedó en manos de voluntarios.

Amén de que, a pesar de la polémica actuación de los Mossos d`Esquadra, la Policía y la Guardia Civil habían conseguido cerrar 92 centros de votación en toda Cataluña. Luego el martes, los propios «observadores internacionales» invitados por la Generalitat- encabezados por el diplomático holandés Daan Everts- reconocieron en su informe que «tal y como se hizo - el 1-O-, no puede cumplir con los estándares internacionales». Tampoco con la propia Ley del Referéndum ni el manual de la Generalitat diseñado para esta jornada, ya que se admitieron votos emitidos sin sobre

«La mejor cara de nuestro país»

Puigdemont también se enorgullece en su declaración institucional del «paro general» de este martes. Sin duda, ha podido contribuir a ello el que la Generalitat no vaya descontar lo correspondiente a los funcionarios que participaran en el «paro de país»: «Estoy seguro que, en los próximos días, volveremos a enseñar la mejor cara de nuestro país cuando las instituciones de Cataluña hayamos de aplicar el resultado del referéndum». Nunca había estado la sociedad catalana tan tensionada ni dividida desde la llegad de la democracia, con una creciente división entre independentistas y contrarios a separarse de España. Los hechos que se van conociendo en las últimas horas, así lo atestiguan: Capítulos de acoso a Guardia Civil y Policía Nacional así como políticos de la oposición; señalamiento de aquellos que no comparten el proceso soberanista (pintadas, amenazas...) o conatos de enfrentamientos entre grupos favorables y contrarios a la secesión, en una muestra muy alejada de «la mejor cara de nuestro país».