Artur Mas ayer junto a Carles Puigdemont
Artur Mas ayer junto a Carles Puigdemont - EFE

Los programas del PDECat, de enredo en enredo hasta topar con la realidad

El partido de Mas y Puigdemont no cumplió las propuestas de 2010, 2012 y 2015

BarcelonaActualizado:

Con la cita electoral del próximo 21 de diciembre, en Cataluña se habrán vivido cuatro elecciones autonómicas en los últimos siete años. Cuatro citas con las urnas desde que, en 2010, el Tribunal Constitucional (TC) ajustase a la legalidad el Estatuto de Autonomía, CiU retomase el control de la Generalitat -tras dos tripartitos de PSC, ERC y EUiA- y la carpeta de la reivindicación independentista se situara en el primer orden de la política autonómica. Tras formar Junts pel Sí (JpS), en 2015, PDECat (antes CiU) y ERC han decidido volver a presentarse a la cita electoral por separado y, por lo tanto, cada uno con su programa. Incluirán, eso sí, puntos en común en los que cualquier proceso de independencia unilateral brillará por su ausencia.

Esta decisión es, aparentemente, un mero tacticismo pues ni PDECat ni ERC -y tampoco la CUP- renuncian al objetivo final: que Cataluña sea un Estado separado del resto de España. Esta táctica es recurrente, especialmente, en el caso del PDECat y queda reflejada repasando sus últimos programas electorales de 2010, 2012 y 2015.

2010: pacto fiscal y «derecho a decidir»

Artur Mas (CiU) ganó las elecciones del 28 de noviembre de 2010. Fue elegido presidente de la Generalitat tras un acuerdo con el PSC y aprobó sus primeros dos presupuestos (2011 y 2012) con el PP. En el programa electoral de CiU apareció como uno de sus ejes principales el «derecho a decidir», un eufemismo del «derecho a la autodeterminación» (al que Cataluña no puede acogerse), y la defensa del «concierto económico» como modelo de financiación para la Generalitat.

El «derecho a decidir» se circunscribió en el programa de 2010 a «recursos» e «infraestructuras», y solo abrió la puerta a ir más lejos si «el pueblo de Cataluña (lo) reclama y (lo) necesita». De hecho, el «horizonte» de los convergentes fue, entonces, recuperar los aspectos ilegales o reinterpretados recogidos en el Estatuto de Autonomía que el TC eliminó o indicó su correcta adecuación. En este sentido, CiU propuso obtener «un modelo de financiación propio -como lo es el concierto económico- con el objetivo de poder gestionar y decidir sobre la totalidad de los recursos tributarios de Cataluña».

La petición de este «pacto fiscal» se llevó a cabo el 20 de septiembre de 2012 en la Moncloa, solo nueve días después de la primera manifestación independentista con motivo de la Diada y organizada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) con solo seis meses de vida. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dijo «no» al «pacto fiscal» y Mas dio por muerta su propuesta ese mismo día en Madrid. Al llegar a Barcelona, miles de simpatizantes le esperaron en la plaza de San Jaime al grito de «independencia». Decide, entonces, pulverizar todas las promesas electorales de CiU, alejarse del PP catalán, echarse en los brazos de ERC y dar paso a una travesía colectiva hasta entonces desconocida. Mas quemó antes una última carta que solo el presidente autonómico podía jugar: convocar elecciones. «Ante acontecimientos excepcionales, decisiones excepcionales», señaló cinco días después de su reunión en la Moncloa.

2012: «Estado propio» y «transición nacional»

El resultado electoral del 25 de noviembre de 2012 fue para CiU y Mas un fracaso «excepcional». Pasó de los 62 escaños de 2010 a 50; y sumando a ERC y la CUP, el independentismo se estancó en los 74 diputados (72 en 2010). Mas, presidente, con el apoyo de ERC desde fuera del gobierno.

El programa electoral de CiU no citó la propuesta de «referéndum» y se limitó a impulsar «una consulta» para que «el pueblo de Cataluña pueda determinar libremente y democráticamente su futuro colectivo»; y siempre dentro de «la legalidad» y con «toda la legitimidad democrática».

Llegó así el turno de un nuevo lema, esta vez sin eufemismos, que CiU incorporó en el programa de 2012: «Cataluña necesita un Estado propio para poder vivir mejor».

La consulta se celebró el 9 de noviembre de 2014 y, tras pasar ante la Justicia, se demostró que sus responsables, Mas entre ellos, actuaron fuera de la ley, ya que la Generalitat no tiene competencias unilaterales para cambiar el marco jurídico constitucional de España. Pero la consulta tampoco fue entendida como definitiva por parte de los convocantes y, dos meses después, Mas convocó unas «elecciones plebiscitarias» para el 27 de septiembre de 2015 anunciando que CiU y ERC formarían una lista electoral con la ANC y Òmnium Cultural.

2015: independencia,en dieciocho meses

Otra «excepcional» decepción. JpS y la CUP se quedaron en 72 escaños. Mayoría de escaños, pero en votos ganó el «no». En el programa de JpS se indicó que si las «plebiscitarias» daban mayoría secesionista (sin especificar si en escaños o en votos), el referéndum se daba por hecho «por mandato democrático» y en 18 meses habría una nueva cita electoral: constituyente de la nueva República catalana; y como continuación a una declaración unilateral de independencia.

Tras el 27-S entró en escena Carles Puigdemont, una vez JpS aceptó la petición de la CUP de «la cabeza» de Mas, y se sacó de la manga otra consulta, esta vez llamada «referéndum de autodeterminación» para el 1 de octubre de 2017.

En el olvido quedaron los 18 meses, que se cumplieron en julio. Puigdemont, Oriol Junqueras -ya en la Generalitat- y la CUP, que aprobó unos presupuestos presentados por «la derecha», ignoraron la letra del programa electoral de JpS. No importó, ni siquiera, que en la misma noche electoral del 27-S, el entonces líder de la CUP, Antonio Baños, dijera: «La declaración unilateral iba ligada al plebiscito. No se ha ganado, no hay proclamación».

Quedan 27 días para la cuarta cita electoral autonómica en siete años. El repliegue táctico del PDECat no supone que el partido, liderado por Mas, renuncie a la independencia de Cataluña -que fijará en el programa- sino que aspira a ella por otras vías.

Está por ver si, esta vez, el PDECat cumple su programa.