España

Los presos por yihadismo son ya 115, un 55% más que hace un año

Las cárceles controlan a otros 111 islamistas que ingresaron por otros delitos

Operación antiyihadista en Gerona
Operación antiyihadista en Gerona - EFE

El número de presos relacionados con el yihadismo que están recluidos en las cárceles españolas asciende actualmente a 226, la mitad de los cuales están directamente condenados o procesados a la espera de juicio por pertenencia o algún tipo de vinculación a grupos asociados con el terrorismo islámico.

De acuerdo con el cómputo oficial correspondiente a la primera semana de octubre, son exáctamente 115, un 55% más que los contabilizados en agosto del año pasado, lo que revela un importante crecimiento de la presencia del extremismo islamista en los centros penitenciarios, resultado de la eficacia policial y de una legislación a la vanguardia de Europa –particularmente contenida en la reforma del Código Penal que entró en vigor en julio de 2015–, que permite cortar la cadena de radicalización de forma muy temprana. En cuanto a la procedencia de estos hombres y mujeres, destaca que 52 de ellos son marroquíes y 48 españoles, lo que certifica la existencia de un yihadismo autóctono.

Convenientemente repartidos en diferentes cárceles, separados, controlados en sus comunicaciones, visitas y relaciones, estos presos ejercen un reconocido liderazgo entre el resto de reclusos, que aprovecharían para conseguir mayores y más fuertes adhesiones a la causa islamista. Así, es en su órbita donde se identifican otras dos categorías de internos islamistas, que están entre rejas por delitos ajenos al yihadismo, pero en los que se aprecian conductas «afines al terrorismo radical».

Son, por un lado, 33 «musulmanes integristas» (104 en agosto de 2015) que actúan como «colaboradores» instrumentales de los líderes en la tarea de captación, –para lo que pueden utilizar la amenaza y la violencia– y, por otro, 78 individuos «reclutados y radicalizados» (8 también en agosto de 2015), cuyo resentimiento contra Occidente y personalidad manipulable invita a pensar que pueden evolucionar desde una interpretación fundamentalista del Islam a la justificación de la violencia, y de ahí a la práctica de la Yihad.

En total, la población en las cárceles enmarcada en el terrorismo islamista y su entorno suma 226 hombres y mujeres, un 21% más en conjunto de los 186 que se registraban hace poco más de un año.

Programa de prevención

Estas cifras y su categorización son resultado de la aplicación en las cárceles españolas del seguimiento y vigilancia previsto en el «Programa de prevención de la radicalización en los establecimientos penitenciarios» del Ministerio del Interior, dentro del que se han monitorizado en los últimos años a miles de internos con el fin de impedir que las prisiones puedan convertirse en nidos de yihadismo. La alarma al respecto saltó hace mucho tiempo, cuando se constató que cinco condenados por la llamada «operación Nova» –practicada en 2004, poco después del 11-M, contra una célula que quería volar la Audiencia Nacional– llegaron a planear atentados desde sus celdas. Y es que el trabajo de Prisiones ha sido clave en varias importantes operaciones antiterroristas.

El método de trabajo empleado en los centros penitenciarios para detectar radicalizaciones incluye la observación permanente de indicios: desde presos que se entregan más intensamente a la oración hasta los que exigen no ser tocados por funcionarios no musulmanes, pasando por los que piden dieta vegetariana para evitar comer cerdo. Según fuentes de máxima solvencia, un interno llegó a coserse los párpados en señal de protesta para exigir que no contaminaran su plato con alimentos no adecuados para el Islam.

Ante la presencia de fanatismos, expertos en Prisiones han advertido que uno de los factores que facilitan el desarrollo del proselitismo en las cárceles es la «tolerancia y permisividad» que existe dentro de ellas como resultado de «interpretaciones flexibles de la libertad religiosa».

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