España

Presos islamistas, tras los atentados en Bruselas: «Dios está con nosotros»

ABC desvela los comportamientos en la cárcel de algunos de los principales jefes yihadistas, reclutadores y radicalizados dentro de la prisión

Operación contra el yihadismo realizada en Barcelona
Operación contra el yihadismo realizada en Barcelona - EFE

El hombre, de edad avanzada y larga barba, está considerado como uno de los presos yihadistas más peligrosos de España, y también de Europa. ABC no está autorizado a desvelar su identidad, ni siquiera dónde cumple condena en una celda de aislamiento, pero su rostro ha protagonizado noticias en todos los medios de comunicación. Desde que ingresó en prisión en 2014 tras ser detenido en Melilla por agentes de la Comisaría General de Información de la Policía, acusado de ser uno de los mayores reclutadores de muyahidines para las filas de Daesh, no ha cambiado un ápice ni su actitud ni sus intenciones. Es más; en cuanto puede, intenta entrar en contacto con otros presos yihadistas y si alguien discute sus ideas radicales, no duda en emplear la violencia...

Este individuo es el ejemplo paradigmático de preso yihadista clasificado por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias en el Grupo A, en el que se encuadran los más peligrosos de cuantos están ingresados en las cárceles, muchos de los cuáles arrastran largas condenas. A pesar de su edad, ha llegado a agredir a algún compañero de celda simplemente por hacer comentarios contrarios al yihadismo, lo que le ha valido la imposición de sanciones. Las coacciones a otros internos, además, no han sido solo físicas, sino también psíquicas, algo sencillo para este sujeto que, a pesar de ser prácticamente analfabeto, se ha revelado con un gran manipulador.

Desconfiado

Según consta en los informes que reflejan su comportamiento, se trata, además, de un individuo profundamente desconfiado, tanto en el trato con presos que no están en su órbita como con los funcionarios, respecto a los que mantiene una actitud lo más distante posible. Por el contrario, se las arregla para intentar entrar en contacto con otros internos yihadistas del centro penitenciario en el que está ingresado. Por descontado, guarda de forma escrupulosa un discurso religioso radical y cumple estricta y rigurosamente con los rituales islámicos, entre ellos el de rezar cinco veces al día.

Como todos los presos que están encuadrados en este grupo, este terrorista sigue con enorme interés las noticias que hacen mención a las acciones del Daesh en diferentes partes del mundo, y sus comentarios al respecto son considerados muy significativos. Entre ellos, consta que demostró su satisfacción por la situación que se vive en el Yemen y en algún momento se le oyó vaticinar, visiblemente satisfecho, que «los hermanos van a conquistar ese país». Al igual que ocurría con los terroristas de ETA, cada vez que la banda perpetraba un asesinato, este individuo ha celebrado con indisimulado júbilo algunas de las matanzas perpetradas por fundamentalistas islámicos en Europa.

Seguidor de la actualidad

Así sucedió, por ejemplo, con los asesinatos de los periodistas franceses de la revista «Charlie Hebdó» en enero de 2015 y el posterior secuestro en un supermercado judío de París, protagonizados ambos por yihadistas. Por el contrario, cuando los criminales, -los hermanos Chérif y Said Kouachi y Amedy Coulibaly- fueron abatidos por las Fuerzas de Seguridad gala, verbalizó nítidamente su pésame con la frase «estoy de luto por la muerte de mis hermanos». Más recientemente, en marzo de este año, cuando se produjeron los salvajes ataques de Bruselas en los que murieron una treintena de personas, se alegró y dijo: «Dios está con nosotros».

Este jefe terrorista, maestro de reclutadores que durante muchos meses trajo en jaque las policías de varios países europeos, también sigue los acontecimientos en España. Especial disgusto le produjeron las operaciones Javer y Kibera. En la primera, de mayo de 2014, la Policía y la Guardia Civil detuvieron a seis yihadistas en Melilla. La célula estaba dispuesta a pasar de la captación y envío de terroristas a zonas de conflicto como Mali, Libia o Siria a crear una estructura estable en Melilla y Nador.

En la operación Kibera fueron arrestadas siete personas, cinco de ellas en España. De los que lo fueron en nuestro país y a manos de la Policía, cuatro eran mujeres, entre ellas una menor de edad, y un hombre. Las detenciones se practicaron en Melilla, Ceuta y Barcelona. Todos ellos están acusados de formar parte de una red internacional en la que cada uno de ellos desempeñaba un rol concreto de captación, reclutamiento y envío de mujeres jóvenes al frente sirio-iraquí.

Los responsables de Instituciones Penitenciarias mantienen un control absoluto sobre este individuo concretamente y sobre otros como él, y toda la información que se obtiene es puesta en conocimiento de las Fuerzas de Seguridad y los servicios de Inteligencia, lo que ya ha aportado importantes resultados operativos.

Pero en las prisiones españolas no hay solo jefes yihadistas hombres, sino mujeres que han comenzado a tener un papel protagonista. Es el caso de una detenida por la Comisaría General de Información de la Policía en Lanzarote y cuya imagen, vestida con niqab y custodiada por dos agentes, generó gran impacto. Está acusada de pertenecer a Daesh y realizaba a través de las redes sociales labores de reclutamiento de mujeres para su envío a zonas de yihad, a las que incluso proporcionaba los contactos para hacer el viaje.

En su módulo intenta asumir el liderazgo y, según las observaciones realizadas por los funcionarios, en alguna ocasión ha dado órdenes a hombres, que siguen sus instrucciones.

Aún en la cárcel, mantiene que la idea del califato y de cómo se llega al mismo debe ser la aspiración de todos los musulmanes, y que cuando se alcance ese objetivo, las mujeres deben interiorizar su papel de esposas, madres y educadoras de muyahidines. Entretanto, practica actividades terroristas de reclutamiento.

En prisión viste con túnica y pañuelo, aunque es considerada peligrosa por su camaleonismo, su intención de pasar a menudo inadvertida, probablemente porque piensa que así es más fácil desplegar su actividad de manipulación hacia otras internas y de proselitismo.

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