Rajoy, junto a Hernando, ayer en los pasillos del Congreso - MAYA BALANYÀ/Vídeo: EP

PP, PSOE y Cs se unen contra la mediación y por la reforma de la Constitución

Urgen a Puigdemont a volver ya a la legalidad para poder dialogar sobre «todo»

MadridActualizado:

«La unidad de los demócratas es la debilidad de los independentistas». Esta frase, pronunciada ayer por el portavoz popular, Rafael Hernando, desde la tribuna de oradores del Congreso ilustra a la perfección la importancia que tiene que el bloque constitucionalista -PP, PSOE y Ciudadanos- unieran fuerzas ayer para hacer frente a la deriva secesionista de la Generalitat. «Es hora de poner fin a este desgarro», resumió el jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy.

Y es que la comparecencia parlamentaria del presidente del Gobierno por la crisis catalana sirvió para que más de dos tercios del hemiciclo -255 diputados sobre 350- contestaran al presidente de la Generalitat con una sola voz desde la sede de la soberanía nacional: urgiéndole a la vuelta a la legalidad, rechazando cualquier propuesta de mediación y ofreciendo diálogo abierto dentro de la ley, tanto como para reformar la Constitución.

Oferta concreta

«No hay mediación posible entre la ley democrática y la desobediencia o la ilegalidad», advirtió Rajoy a los voluntarios que se ofrecen como mediadores. «Queremos escenarios de diálogo pero, aquí, en esta sede parlamentaria, en el marco de la Constitución. Con ese espíritu de la Transición todo se puede hablar y todo se puede negociar», respaldó la portavoz socialista, Margarita Robles. «Seríamos imprudentes si fiáramos a un mediador internacional lo que corresponde a esta Cámara», coincidió Rivera.

Para que la oferta de diálogo no pareciera hueca, Rajoy la concretó. «Se puede dialogar sobre la cantidad y la calidad de los servicios públicos, sobre su financiación, sobre el perfeccionamiento del autogobierno, sobe cómo combinar la eficiencia y la solidaridad, sobre la rendición de cuentas», señaló. «En una democracia deliberativa como la nuestra todo es susceptible de ser dialogado», continuó. La Constitución «dista mucho de ser una ley perpetua, ni tiene pretensión de serlo. Todas y cada una de sus determinaciones, incluidos sus preceptos más esenciales, pueden ser modificadas», apuntó.

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ERC rechaza negociar

Eso sí, como los tres coincidieron, el foro de diálogo debe ser el Congreso de los Diputados y, exactamente, la nueva comisión territorial que, previsiblemente se constituirá la próxima semana. Un órgano que nace mellado ya que pese a las constantes demandas de diálogo lanzadas por los independentistas, el portavoz de ERC, Joan Tardà, insistió ayer en que su grupo no formará parte de este órgano. Y su homólogo en el PDeCAT, Carles Campuzano, avisó de que la aplicación del artículo 155 invalidaría cualquier opción de negociación. «No va a ser posible dialogar con el gobierno de Cataluña suspendido», advirtió. E intentó amedrentar al Gobierno para que acepte la mediación: «es quizás la última oportunidad para alcanzar una solución ganadora para todos», dijo.

No obstante, pese a la enorme tensión política provocada por la crisis catalana no hubo ganas de trifulca. No faltaron los habituales golpes entre rivales políticos -Iglesias recomendó a Rajoy que se cuidara de Rivera, como en su día aconsejó a Pedro Sánchez sobre Felipe González- pero la preocupación por la gravedad de la situación hizo que primara la prudencia en las intervenciones, y un esfuerzo por la búsqueda de un entendimiento imposible.

Así, un calmado Iglesias pidió a Rajoy que renuncie a la aplicación del artículo 155. «Hubo un tiempo en que ustedes sabían lidiar con la plurinacionalidad», alegó. Pero no renunció a su habitual discurso descarnado para acusar a Rajoy y su equipo de «ser los máximos responsables de que se rompa España». «Se equivocaron con el Estatut. Dejaron de ser un partido de Estado y utilizaron Cataluña para envolverse en la bandera y defender sus intereses de partido y como partido le habrá ido muy bien pero a España le está yendo muy mal desde entonces», reprochó pidiendo diálogo.

Fuera del eje fundamental de acuerdo, Ciudadanos pareció sentirse como convidado de piedra a la mesa del bipartidismo y Rivera reaccionó con lo que pareció cierto despecho en su segunda intervención. Pidió al Gobierno que «tome conciencia de la dimensión del problema» y le advirtió de que la crisis «no se solucionará con un requerimiento». «Mi problema es cómo tener un proyecto de país», se quejó antes de pedir «altura de miras» y liderazgo a Rajoy. También la aplicación del artículo 155 para la convocatoria de elecciones en Cataluña. El presidente se lo reprochó. «He compartido mis decisiones con usted, no comparto la segunda parte de su intervención». Robles, por su parte, volvió a enviar un guiño a su electorado al marcar distancias con el Gobierno otra vez por las cargas policiales del 1-O. Pero los populares salieron satisfechos con la unidad de acción exhibida. De hecho Tardà cargó contra el PSOE por ello. «Si Puigdemont es detenido y su Gobierno encarcelado, ustedes serán corresponsables», rugió. Prueba de que, ahora así, la unidad de los demócratas debilita al independentismo.