Ángel Garrido con Cristina Cifuentes en la Asamblea de Madrid
Ángel Garrido con Cristina Cifuentes en la Asamblea de Madrid - JAIME GARCÍA

El PP afronta un lento desenlace ante el enroque de Cifuentes

Génova estudia el límite para paralizar la moción de censura si la presidenta renunciase

MadridActualizado:

«Una cosa debe quedar clara: Aquí no está en juego el futuro político de Cristina, sino el del PP». En la dirección nacional de Génova resumen así la cruda realidad a la que se enfrentan en las próximas tres semanas: elegir entre resistir con Cifuentes la ofensiva de la oposición contra ella o mantener la Comunidad de Madrid. «Hay que tomar una decisión», repiten en la sede nacional del PP, que trata de administrar como puede la cuenta atrás de esta agonía que amenaza su mayor bastión de poder autonómico.

Mientras la presidenta madrileña se enroca, en la cúpula tienen hoy más claro que ayer que Mariano Rajoy moverá ficha antes de perder el poder. De hecho, consideran que aunque ahora no lo hagan, los propios «entornos» de Cifuentes acabarán ejerciendo sobre ella una presión que le hará dar un paso al lado antes de poner en riesgo el Gobierno la Comunidad de Madrid. «Hasta 500 personas pueden irse a la calle», señalan ya en el partido.

Sin embargo, hoy por hoy la líder regional no tiene la menor intención de hacerlo porque defiende su inocencia. Repite que ella hizo el máster, que lo aprobó y que si hay alguna irregularidad debe dirimirse en el seno de la Universidad. Se siente víctima de un linchamiento injusto, sobredimensionado. Ni siquiera está imputada...

«Fuerte debate»

Hasta ahora el PP se ha mostrado muy dividido. No solo por la confianza quebrada en su currículo, sino por cómo gestionar esta crisis que a todos golpea. «Existe un fuerte debate», admitían en la cúpula hace días. Existen dos grupos. Quienes solicitan plantar cara a Ciudadanos y «aguantar» con Cifuentes dejando que Albert Rivera pague por derrocarles en una comunidad donde el electorado de los dos partidos se confunde. Ahí figura el PP de Madrid, destacados barones y la propia secretaria general, María Dolores de Cospedal, que lo verbalizó así en Sevilla: «Defender a los nuestros».

El otro grupo lo forman quienes ven claramente que la presidenta está en un callejón sin salida, la dan por amortizada políticamente por culpa de la polémica de su currículo universitario y solo esperan el mejor momento para acabar con la agonía y sustituirla. Y ese es el que se impone, a la espera de la orden del jefe.

La fecha límite para que se celebre la moción de censura en la Asamblea es el 7 de mayo. La presidenta, Paloma Adrados, deberá fijar estos días cuándo será el Pleno. Mientras tanto, Mariano Rajoy está dispuesto a aguantar el pulso hasta el final, aseguran sus colaboradores. De hecho, la dirección nacional estudia ya hasta cuándo podría presentar Cifuentes su dimisión para que decaiga la moción de censura del PSOE, que apoyan Podemos y Ciudadanos. Podría ser minutos antes, avisan las fuentes consultadas. En Murcia resistieron hasta el día previo, aunque ese momento podría prolongarse incluso durante el debate mismo. Consultarán a los letrados de la Cámara regional dónde está el límite, por si acaso.

Ni siquiera la jornada simbólica del 2 de mayo, festividad de la Comunidad de Madrid y escaparate de la presidenta regional, precipitará la decisión de Rajoy, que sí otorga peso a otro factor: el «opositor» a Cifuentes es Ángel Gabilondo, que «no es el Che Guevara», repiten estos días en Ciudadanos para sacudirse la presión de una eventual operación para derrocar a Cifuentes si ésta no se va. Rajoy, en realidad, comparte esa tesis. El perfil templado del exministro de Educación, un hombre reconocido por sus formas exquisitas y de talante cordial, hace imposible sostener a la larga que Ciudadanos entrega a la Comunidad de Madrid a la «izquierda peligrosa».

«Si se cediera el poder ahora se corre el riesgo de no recuperarlo en muchos años. Sería un suicidio», avisan en la cúpula, donde recriminan al PP de Madrid que desoyera su orden de aceptar la comisión de investigación que planteó Ignacio Aguado sobre su máster. Hubiera sido una cocina a fuego lento contra la presidenta, pero el mal menor visto lo visto.

En la cúpula se insiste en que no se están sondeando candidatos todavía, pero lo cierto es que algunas fuentes hablan de que ha habido algunos contactos preliminares. Por ejemplo, se llegó a consultar si la consejera de Empleo y Hacienda, Engracia Hidalgo, tenía acta de diputada regional. El presidente de la Comunidad de Madrid debe ser parlamentario en la Asamblea y ella no lo es. Las miradas siguen fijas en el que es de facto el vicepresidente del Gobierno, Ángel Garrido. Antes tendrán que convencer a Cifuentes, que ya ha advertido que solo se irá si Rajoy se lo pide. Pero en el PP nadie tiene claro que el presidente vaya a telefonear a la líder madrileña. Podría delegar esa función en la secretaria general, María Dolores de Cospedal, como hizo antes. El último ejemplo fue el de Rita Barberá, forzada a dejar el grupo del Senado, renunciar al carné del PP, y pasar el mixto.