José María Carrascal - Análisis

Una peligrosa tontería

José María Carrascal
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Lo que son las cosas: teniendo como tiene Donald Trump fama de decir lo menos apropiado en el momento menos oportuno, esta vez definió la compleja situación como nadie lo había hecho antes. Con una sola palabra además: «foolish», que se ha traducido por «tontería», sin llegar a la estupidez. Aplicado, en este caso, Cataluña de España. Veamos la frase en su conjunto para darle perspectiva: «It would be foolish of Catalonie not to stay with Spain», «Tendría poco sentido que Cataluña dejara de estar en España». E, inmediatamente, la explicación: «Porque se trata de un país realmente grande, hermoso y de una gran historia». Dicho en presencia de Rajoy. Pocos elogios ha recibido España últimamente como este, lo que es de agradecer y de bien nacidos. Más, cuando llega en el momento en que se juega no sólo su integridad, sino su esencia, su pasado, su presente y, por tanto, su futuro. Se alegará que son palabras protocolarias, escritas por alguno de los «speechwriters» de la Casa Blanca. Pero las hizo suyas el Presidente de USA, algo que no es fácil, dada su tendencia a hablar con sus propias ideas.

Es también fácil denigrar a Trump e incluso convertir sus alabanzas en descalificaciones, lo que supongo harán los secesionistas catalanes, que centrados sus esfuerzos en Estados Unidos, primera potencia mundial, no importa quién sea su presidente o el partido que la gobierne. La libertad que existe allí facilita promover los intereses de países, corporaciones e individuos lo que ha convertido Washington en la «ciudad de los lobbies», dedicados a influir en el Gobierno, Senado y Cámara de Representantes. Los tienen todos los países, todas las grandes compañías y todos los individuos que cuentan en el mundo y pueden pagárselo, pues las minutas que presentan van siempre de cinco cifras para arriba, siendo frecuentes las que suben del millón. Cataluña cuidó este terreno desde que recobró su autonomía y los despachos que promueven sus intereses son de primer orden como atestiguan en ambas cámaras senadores y congresistas listos siempre a defenderlos, así como sus visitas al Principado. No se trata, sin embargo, de portavoces de partidos ni de comisiones parlamentarias, aunque sí de gente que se mueve como pez en el agua en el Capitolio, que más de una vez nos ha dado un susto con alguna iniciativa, por fortuna detenida antes de alcanzar los más altos niveles.

Por algún tiempo, Carter fue cortejado por el lobby catalán, pero al darse cuenta el expresidente de que estaba siendo utilizado, cortó en seco.Mucho mejor se mueve el nacionalismo catalán en el mundo universitario, donde abundan los docentes catalanes. Ni mucho menos todos son separatistas, pero son los que más se mueven. Un 99% de ellos son profesores de español. Por no hablar de la actividad «diplomática», con una «embajada», varios «consulados» y las correspondientes «oficinas comerciales». Junto a otra curiosidad: usan los Institutos Cervantes más que ninguna otra autonomía española. Pero de eso tienen culpa las demás .

La suma de todo ello ofrecía un panorama lúgubre para la visita a Washington de un Rajoy en horas bajas. Sin embargo, ha resultado mejor que la de la inmensa mayoría de sus antecesores. De entrada se hospedó en la Blair House, frente a la Casa Blanca, reservada para los Jefes de Estado, no los de Gobierno. ¿A qué fue debido? ¿Suerte, casualidad? Algo hubo de ellos, pero la causa principal fue rigurosa preparación.

Un encuentro planeado

Esto empezó a planearse con la última remodelación del gobierno, destinando como embajador en Washington al anterior Ministro de Defensa, Pedro Morenés, con excelentes relaciones en el Pentágono. Y ahí dio la casualidad de que el nuevo presidente norteamericano sólo admira y respeta a los militares. A los políticos, incluidos los de su propio partido, los aborrece.

La actividad creciente de nuestras Fuerzas Armadas en puntos candentes del globo y la buena labor tanto militar como civil que están haciendo no ha hecho más que estrechar la relación entre sus mandos, confirmada en la reciente visita de la Ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, al Pentágono. La guinda la puso la expulsión del embajador de Corea del Norte de nuestro país. Con lo que a un Trump harto de recibir desplantes de sus aliados sólo le faltó abrazar a Rajoy porque ninguno de los dos es propenso a tales intimidades. Son muy distintos, casi opuestos, pero eso es lo que hace los matrimonios largos y provechosos.

Mientras los millones gastados por los independentistas catalanes en Estados Unidos para promover su causa se convertían en humo camino del cielo. Como tantos otros sueños.

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