España

Pedro Sánchez «no lo está pasando bien, pero está entero»

Los ejecutivos del PSOE aún fieles ven al líder del partido tranquilo y decidido a dar batalla

Pedro Sánchez, ayer a su salida de Ferraz - REUTERS

«¡Aguanta, Pedro, aguanta!», le gritaba ayer algún espontáneo que pasaba por ese inmenso plató de televisión en que se ha convertido la calle Ferraz. Lo que para unos, dentro y fuera del PSOE, es una «temeridad» rayana en la locura para otros supone un ejercicio de autoridad. Un ejercicio en cierto modo heroico que, si le saliera bien y llegara a presentarse a las primarias del 23 de octubre, no cabe duda de que tendría réditos entre una militancia muy radicalizada porque sobre sus hombros ha caído nada menos que la defensa del «no es no» a Mariano Rajoy en otra investidura.

Difícil, muy difícil, tiene sobrevivir a mañana el líder socialista, pero no imposible. En sus más de dos años al frente del partido, Sánchez siempre ha hecho gala de una osadía extrema, inversamente proporcional a la cautela extrema, desesperante de sus adversarios con sus idas y venidas.

Por eso, probablemente, no calibró bien que para Susana Díaz y los barones críticos ya era cuestión de vida o «muerte» (política) frenarle, impedir que se blindara en la Secretaría General y continuara generando el clima «asfixiante» en el PSOE que ha denunciado Alfredo Pérez Rubalcaba. En el fondo, el líder socialista, acostumbrado a los amagos de Susana Díaz con disputarle el cargo, nunca creyó que fueran a darle el «golpe» del miércoles pasado.

Golpe el sábado

Contaba con que los barones maniobrarían para ganar la votación del Comité Federal, pero su calendario estaba más pendiente de mañana, sábado, a mediodía, cuando se conozca el resultado de la votación sobre si se convoca congreso o no. Contemplaba la hipótesis de perderla –lo demuestra su «no dimitiré, por supuesto» en una entrevista en la SER el martes por la mañana–, pero no que los barones le dimitieran a la mitad más uno de su ejecutiva creando una crisis de incalculables proporciones. El martes, una hora antes de que Antonio Pradas presentara al secretario de Organización, César Luena, las firmas de los 17 miembros de la ejecutiva dimisionarios, todavía una persona de su entorno bromeaba con que no había llegado «Tejero» a Ferraz. Claro que la situación en esa sede después ya de más de 48 horas del «golpe» es muy tensa.

–¿Cómo le ves? –preguntaron los periodistas a un secretario de área que permanece fiel.

–Hombre, no ha sido su mejor día, pero está entero. Tiene claro que está haciendo lo que debe hacer. No es normal que venga esta mujer (Verónica Pérez) a decir «la autoridad soy yo».

Lo cierto es que, gane o pierda este tremendo pulso en el que está metido, el episodio Pedro Sánchez está demostrando que no es fácil tumbar a un secretario general en un partido como el PSOE, donde habla «hasta el de las fotocopias», como suelen decir con sorna algunos barones. Precisamente el ser un «open party» en las redes mucho más que otros, ventaja en tiempos de normalidad, es ahora un hándicap.

En estos días se suceden los llamamientos de uno y otro bando y el clima «guerracivilista», en diagnóstico compartido por muchos ex. Por ejemplo el «Rodea Ferraz» convocado mañana en apoyo a Sánchez «va a dificultar la salida a esta crisis», señala un exdirigente convencido de que con la ayuda inestimable de las redes sociales «nos hemos perdido el respeto».

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