Álvaro Martínez - Postales desde el NorteSeguir

Patriotismo de vía estrecha Álvaro Martínez

El AVE al País Vasco avanza pese a la crisis y los obstáculos (con muertos de por medio) de proetarras y populistas

Vistas interiores del túnel que permitirá al Tren de Alta Velocidad atravesar el entorno de Beasain
Vistas interiores del túnel que permitirá al Tren de Alta Velocidad atravesar el entorno de Beasain - LUIS MICHELENA
Álvaro Martínez Ferrol/caión (La Coruña) - Actualizado: Guardado en:

«El trayecto Múgica-Guernica lo haremos en autobús. Repito, el trayecto Múgica-Guernica lo haremos en autobús». Por la megafonía del vetusto convoy del Euskotren, el maquinista anuncia un extraño transbordo a los extrañados y pocos viajeros. Parece que en uno de los múltiples pasos a nivel que cruzan la línea férrea que une Bilbao con esa alhaja ecológica llamada Urdaibai, un convoy se ha llevado por delante a un Peugeot 308 negro que cruzó la barrera a destiempo. Vía literalmente cortada, sirenas, ambulancias y barullo. «Lo arrastró cuarenta metros, pero menos mal que el tren iba despacio, a 40 o así... Si no, lo hace papilla», asegura un empleado de la compañía al tiempo que dirige a los viajeros al autobús dispuesto a la carrera para el transbordo y mientras los ertzainas completan el atestado.

Hablamos de uno de los caminos de hierro más antiguos en el País Vasco, trazado en vía estrecha allá por 1878, primero entre Amorebieta y Guernica y completado en sucesivas ampliaciones hacia Bilbao y Bermeo en 1955, cabeceras de línea. Desde entonces permanece inalterable su vía única, teniendo que coordinar los convoyes que circulan en ambos sentidos, y que conserva dentro el añejo traqueteo bamboleante para los pasajeros, el mismo que vemos en las películas antiguas de aquellos viajes en tren de toda la vida.

La imagen nos vale para pasar de uno de los más viejos trayectos al más moderno. El AVE al País Vasco –que primero iba a volar por aquí en 2015 y ahora ya será en 2019 el estreno– ha anidado en la campaña electoral con la misma fuerza y riña que se le supone a la mayor inversión en infraestructuras que jamás hayan conocido estas tierras. Un «obrón» al que la facción proetarra puso la proa en rumbo de colisión desde el primer momento y que forma parte de los objetivos de la banda terrorista, con ataques directos desde los primeros vagidos de las excavadoras por estos verdes parajes.

Esa amenaza pasó del papel o la verborrea de los comunicados a las lápidas del cementerio con el asesinato en Azpeitia de Ignacio Uría Mendizábal, en diciembre de 2008, con la obra empezada dos años antes. Una de sus empresas (Altuna y Uría) era adjudicataria de un tramo de la llamada «Y vasca». Los etarras Beñat Aguinagalde, Manex Castro y Ugaitz Errazkin le descerrajaron tres tiros en la cabeza, y por la espalda, cuando iba al bar a echar la partida. Dejó viuda y cinco hijos en la familia y el miedo en todos los actores de tan importante proyecto ferroviario. Hacia el número 825 entre los asesinados de ETA, 825 familias, 825 grupos de amigos. Multipliquen el dolor...

Oposición compartida
La ilegalizada Batasuna, Bildu y la marca vasca de Podemos, en contra del AVE

Ya en fechas anteriores, la banda había puesto la diana en la infraestructura al considerarla ajena «a los intereses de Euskal Herría. No ha habido derecho a decidir al respecto», aseguraba ETA. Un «argumento» calcado al empleado años atrás contra la presa de Itoiz, en la central nuclear de Lemoniz o en la autovía de Leizarán: «Conecta a Euskal Herría con el Estado opresor», y tres tiros. De hecho, la ilegalizada Batasuna animó en su día a la militancia a «luchar» hasta «parar» sus obras porque «desestructura Euskal Herria» y «aumenta la dependencia económica de España». Por entonces, el líder de la marca política etarra del momento era Arnaldo Otegui, ese «hombre de paz», como en su día dijo Zapatero y hoy repite Pablo Iglesias.

Ya sin ETA en sus actividades preferentes (el asesinato, el secuestro, el chantaje...), su última marca política, Bildu, ha continuado la campaña en contra del AVE, en este caso poniendo todo tipo de pegas administrativas para el progreso de las obras al paso de los municipios en los que gobierna ahora o ha gobernado en los últimos años. Se retrasan «sine die» las expropiaciones de los terrenos y así no hay manera de licitar. Elorrio, Vergara, Mondragón... No es difícil poner palos en las ruedas aunque estas sean de acero y no tengan radios.

A la compañía de «gudaris anti-ferroviarios» de guardia se les han unido ahora la tropa populista que lidera ahora Pili Zabala, la mujer de la casa del millón de euros, que aquí los que buscan el voto de los desheredados de la tierra se las gastan así. La marca vasca de Podemos comparte su animadversión y oposición total al progreso ferroviario y apoya todas las campañas para detener el proyecto y evitar la rápida conexión de la Comunidad con la meseta.

Una cordillera de «pintxos»

La obra es muy compleja pues de sus 175 kilómetros, el 70% discurre bajo túneles y el 9%, sobre viaductos. Excavar y elevar, todo el rato, para superar la orografía regional, algo parecido a superar la aparatosa montaña de «pintxos» que recorre la barra de cualquier taberna de aquí. Conectará Bilbao con Madrid en poco más de dos horas (ahora se tardan casi cinco), la metrópoli vizcaína con la guipuzcoana en solo 38 minutos y diez menos con Vitoria, capital del País Vasco... La mitad de lo que tarda ahora el Euskotren en recorrer los 38 kilómetros que separan el Guggenheim del puerto de Bermeo. Patriotismo de vía estrecha.

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