España

La otra cara de la moneda

Juan Ignacio Zoido ha aprendido de los errores de Fernández Díaz y ha formado un equipo de su máxima confianza al que pide prudencia y discreción y cuyo primer objetivo es sacar a las Fuerzas de Seguridad de los escándalos políticos

Zoido, en su toma de posesión como ministro delInterior
Zoido, en su toma de posesión como ministro delInterior - ÁNGEL DE ANTONIO

El nuevo ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, tenía una cosa muy clara desde que llegó a ese delicado Departamento: rodearse de un equipo de su máxima confianza, que estuviera absolutamente cohesionado y formado por personas a las que conociera desde hace muchos años. Es más; la mayor parte de los que forman la nueva cúpula ministerial también se conoce, entre otras razones por su ámbito de procedencia, todos de Andalucía salvo uno de Extremadura.

Pocas veces este ministerio ha tenido al frente un equipo tan próximo al ministro, hasta el punto de que únicamente permanece de la etapa anterior Ángel Yuste, secretario general de Instituciones Penitenciarias, el área más técnica y menos expuesta políticamente del departamento. Hay una razón evidente por la que Zoido ha optado por este grupo de fieles: quiere evitar a toda costa que se produzcan grietas en su círculo de confianza, tal como sucedió en varias etapas de la legislatura anterior, y muy especialmente en la última de ellas donde eran evidentes las diferencias de criterio entre unos responsables y otros.

En los nombramientos de Zoido, además de la confianza de muchos años de relación con los elegidos, hay otra característica muy clara: todos ellos tienen una sólida formación profesional y una amplia experiencia política, salvo en el caso del nuevo director general de la Guardia Civil, que es magistrado de la Audiencia de Sevilla.

Con experiencia política

Así, el secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, es abogado, fue alcalde de Córdoba en 2011 con mayoría absoluta y en la actualidad era portavoz de Administraciones Públicas del Grupo Popular en la Comisión de Hacienda y Administraciones Públicas del Congreso. El director general de la Policía, Germán López Iglesias, ingeniero técnico agrónomo y funcionario del Estado desde 1973, era primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Badajoz por el Partido Popular y fue delegado del Gobierno en Extremadura. El de la Guardia Civil, José Manuel Holgado, ganó en 1985 la oposición a Judicatura. Desde 1998 es magistrado de la Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia de Sevilla. Y el director general de Tráfico, Gregorio Serrano, también es licenciado en Derecho, concejal del Ayuntamiento de Sevilla y profesor de Derecho Tributario y Financiero de la Universidad Pablo de Olavide de la capital hispalense. Finalmente, el jefe de gabinete del ministro es Francisco Luis Pérez Guerrero, abogado, profesor de la misma universidad y también concejal de ese consistorio.

La nueva cúpula ministerial se ha marcado un camino muy concreto: actuar con prudencia, de forma discreta pero con transparencia y alejar lo máximo posible la actuación de las Fuerzas de Seguridad de los escándalos y el debate político partidista. De nuevo la etapa anterior, en la que aparecieron términos como «policía patriótica», parece haber servido de vacuna.

Los nuevos responsables de Interior, en cualquier caso, saben que no será fácil devolver la tranquilidad a las Fuerzas de Seguridad. Dependerá mucho de ello los nombramientos que hagan y se espera que opten por perfiles profesionales por encima de otras circunstancias. López Iglesias, como delegado del gobierno que fue, conoce bien a la Policía y no le falta información; Holgado algo menos a la Guardia Civil, pero en ella la situación es menos convulsa y puede tomarse más tiempo para decidir.

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