España

El «niño pintor» de Málaga, civilmente muerto

«El caso sigue abierto» le aseguró el jefe de Homicidios a su madre al darle hace unos meses copia de la denuncia

A la derecha, la madre del «niño pintor» de Málaga, a la salida del juzgado
A la derecha, la madre del «niño pintor» de Málaga, a la salida del juzgado - FRANCIS SILVA

«Mientras no se demuestre nada, aquí estamos esperando. El día 19 cumple 43 años. Ya es un hombre». Antonia Guevara, la madre de David Guerrero, conocido como «el niño pintor» de Málaga, lleva casi tres décadas haciendo lo único que puede: esperar, viviendo pero solo a medias. El 6 de abril de 1987 David, de 13 años, salió de su casa en la barriada malagueña 25 Años de Paz para ir a una galería de arte; nunca más se le ha vuelto a ver. Interpol la considera una de las desapariciones más extrañas a las que se ha enfrentado.

El miércoles, Antonia, Jorge, su hijo mayor, y dos vecinas que conocieron a David desde su nacimiento comparecieron en el Juzgado de Primera Instancia número 8 de Málaga. «¿Qué pasó ese día? ¿Qué hizo el niño?», les preguntó el juez como trámite. Era el último paso para declarar fallecido oficialmente a David Guerrero, tal y como habían pedido su madre y sus dos hermanos, con todo el dolor, pese a que es una mera formalidad solicitar la muerte civil. Se trata de una «ficción legal», en palabras del abogado José Rojas para inscribirla en el Registro Civil.

Antonia Guevara perdió a su marido hace casi un año, el pasado 15 de octubre, víctima de un cáncer. Fue entonces cuando la familia descubrió que no podía acceder a la herencia -un humilde piso y la cuenta corriente de los gastos habituales- mientras David estuviera legalmente vivo y, por tanto, fuera uno de los herederos. «Nunca se nos pasó por la cabeza que tuviéramos que hacer esto», explica a ABC. «Ni cuando mi marido estaba tan malito... Es que no hablábamos de eso ni de la desaparición de nuestro niño. Mi hijo se pone malo cada vez que tenemos que ir al abogado. Uno sigue vivo porque tiene que vivir, pero sin ilusión. La ilusión se acabó».

La voz de esta madre, que ya ha cumplido 71 años, se quiebra en cuanto los recuerdos se agolpan. Cuesta imaginar tres décadas sin noticias ni consuelo. «Para mí sigue vivo. Fui yo a pedir la denuncia a la comisaría porque antes no te daban copia. Me atendió el jefe de Homicidios: aunque tengan que dar este paso, el caso sigue abierto, me dijo. Pero no hay nada desde hace mucho tiempo. Yo creo que buscaron bien, hicieron todo lo que pudieron». Se le buscó en España, en Suiza y en Portugal; se siguieron las pistas más extravagantes, las llamadas de desaprensivos y también las de quienes querían ayudar. Nada dio resultado. El mismo candado de silencio de entonces.

«Yo me conformaría con saber algo, solo eso, pero fíjese con el revuelo que se ha armado con la publicación en el BOE y nadie ha dicho nada». El caso de David se publicó el 4 de agosto, tal y como exige el Código Civil, antes de declarar a alguien fallecido. De forma genérica, transcurridos diez años desde la desaparición; y con plazos que se van rebajando atendiendo a diversas circunstancias, por ejemplo para mayores de 75 años se acorta en cinco, o si se produce una subversión o una catástrofe, un accidente de avión o un naufragio los plazos aún se reducen más.

David Guerrero tenía un talento excepcional y precoz. Ya había expuesto antes de aquel maldito 6 de abril. Pasaba las tardes dibujando con su hermano menor en el salón de casa. Raúl, que ahora tiene 39 años, se licenció en Bellas Artes y da clases de Pintura en una universidad británica. Hablando de él y de su otro hijo la voz de Antonia cambia, pero no hay forma de alejar el poso de pesadumbre. «Mi marido se fue sin saber nada de la criatura. Ojalá a mí no me pase igual».

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