Agentes de los Mossos reciben con aplausos a Trapero tras su declaración en la Audiencia Nacional
Agentes de los Mossos reciben con aplausos a Trapero tras su declaración en la Audiencia Nacional - ABC

Los Mossos d'Esquadra, un cuerpo marcado por actuaciones controvertidas

Durante el último año, el papel de la policía autonómica catalana ha sido protagonista de titulares por su forma de proceder durante el desafío secesionista

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La actividad de los Mossos d’Esquadra ha sido protagonista de titulares desde el pasado año. Hace tan solo un día, saltaba la noticia de que este cuerpo intentó destruir la alerta de Estados Unidos que avisaba de que podría haber un atentado en Las Ramblas, que se materializó el pasado agosto cuando una furgoneta irrumpió en la icónica zona barcelonesa y causó 14 víctimas mortales, además de un centenar de heridos.

Según publicaba este lunes El Periódico, el pasado 26 de octubre de 2017, días después del referéndum ilegal del 1-O y a falta de un día para que el Parlament declarase la independencia (de forma unilateral), entre la documentación que los Mossos llevaban a una incineradora se encontraba el original, escrito en inglés, de la alerta así como un informe interno sobre la nota.

No es la única acción de la policía autonómica que ha sido cuestionada en estos meses. Durante los días previos a la celebración del referéndum ilegal y tras él, su proceder también ha sido polémico. En los mismos documentos incautados, y en relación al 1-O, se podía leer la siguiente proclama: «Recordad que sois la Policía de la Generalitat». Además, según informó ABC, los agentes tenían órdenes de retirarse de las calles el 1 de octubre entre las cinco y las seis y media de la mañana.

El 1 de octubre, los agentes desplegados en los «centros electorales» que se habían habilitado, tal y como informó ABC, pidieron ayuda a Policía Nacional y Guardia Civil a las 9.15 de la mañana, lo que impidió una correcta actuación durante la jornada. Esto derivó en un informe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña al que los Mossos respondieron con otro documento. En él, la policía autonómica denunciaba que tanto Policía Nacional como Guardia Civil desoyeron las indicaciones de actuar tan solo bajo petición previa del cuerpo regional, pero no incluyeron que, en muchos de los puntos en los que se actuó, fue por su inacción, a pesar de tener órdenes desde primera hora de la mañana de que no hubiese nadie en los colegios.

Los desplantes no llegaron solo a los papeles. Según Efe, en un informe remitido al Juzgado de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, la Guardia Civil recogió algunas de las actuaciones de los agentes en colegios e institutos durante el 1-O. En él se refleja como, por ejemplo, un cabo de los Mossos d’Esquadra le dijo a un guardia civil que «no le reconocía como agente de la autoridad» y que «únicamente reconocía órdenes de Trapero».

Historial de violencia

Su negativa a usar la fuerza durante el 1-O contrasta con el histórico de la policía regional, en el que aparecen sucesos de violencia, fuerza indiscriminada e incluso torturas. Las cargas para dispersar la huelga general de 2012 se recuerdan por su dureza: Ester Quintana, una manifestante, perdió un ojo tras recibir el impacto de una pelota de goma disparada por los Mossos.

En 2012, el Gobierno indultó a cuatro mossos que habían sido condenados por «agredir repetida e indistintamente» a Lucian Paduraru, un albañil al que detuvieron por un robo que no cometió y al que llegaron a colocar un arma en la boca para que confesase. La mujer de Paduraru, que estuvo presente en la detención, denunció trato vejatorio por parte de los agentes.

El caso del empresario Juan Andrés Benítez es uno de los más controvertidos. Tras una pelea con un vecino de El Raval, Benítez fue reducido por los Mossos. Los testigos alegaron que el empresario recibió, durante 15 minutos, «patadas y puñetazos». Los servicios médicos informaron de que el empresario presentaba el abdomen inflado, la camisa rota y la cabeza ensangrentada. Tras ser reducido por los agentes, Benítez sufrió un infarto y murió. En el juicio, los mossos llegaron a un acuerdo para eludir la cárcel en el que reconocieron que emplearon una fuerza desproporcionada.