España

Mikel Irastorza: El «comisario» de Bildu en ETA

Su misión era gestionar el andono de la «lucha armada» y facilitar la «vía exclusivamente política» emprendida por la «izquierda abertzale» de Arnaldo Otegi

Mikel Irastorza Artola sustituyó en 2015 en la cúpula de la organización a David Pla e Iratxe Sorzabal
Mikel Irastorza Artola sustituyó en 2015 en la cúpula de la organización a David Pla e Iratxe Sorzabal - EFE
Javier Pagola Madrid - Actualizado: Guardado en:

Cuando a mediados de 2010 Mikel Irastorza Artola pasó a Francia y se situó en la clandestinidad, los primeros sorprendidos fueron los agentes antiterroristas, por dos razones. No estaba reclamado por la Justicia y, además, se suponía que se iba a incorporar a una ETA que ya había tomado la determinación de anunciar de inmediato el cese definitivo de su actividad criminal. ¿Por qué entonces? Los expertos antiterroristas barajaron entonces la hipótesis de que Irastorza era un enviado de Sortu-Bildu que debería encargarse de gestionar ese abandono de la «lucha armada» para facilitar la «vía exclusivamente política» que había emprendido ya entonces la «izquierda abertzale» de Arnaldo Otegi para desembarcar en las instituciones.

En 2009, es decir, un año antes de pasar a la clandestinidad, Mikel Irastorza era portavoz del denominado Foro de Debate Nacional, una plataforma impulsada por la «izquierda abertzale», pero que también integraban EA, Aralar y militantes del PNV a título personal. El objetivo era buscar «la acumulación de fuerzas nacionalistas", es decir, una alianza que también incluyera al PNV para imponer unilateralmente un «estado vasco independiente», al estilo de la estrategia que sigue el desafío independentista catalán.

Y en esa estrategia el terrorismo se convertía en un obstáculo insalvable. «Hay que aunar a las distintas fuerzas nacionalistas dispersas para articular un espacio a favor de la independencia». Esta es la consigna que lanzó Irastorza Artola en 2009, cuando dirigía el citado Foro.

«Acumulación de nacionalistas»

«Los abertzales tienen más en común que en desacuerdo», añadía Irastorza. Y concluía de esta forma: «deberá articularse un movimiento que ofrezca un discurso firme que refuerce la necesidad y la posibilidad de formar un estado vasco». Y este discurso sirvió como hoja de ruta que Bildu y Sortu transitan desde entonces.

Un año después, en 2010, se incorporó a ETA y pronto se puso al frente del «aparato político» que compartió, entre otros, con Egoitz Urrutikoetxea, hijo de «Josu Ternera». El caso es que desde ese momento, la banda terrorista ha apoyado esa «acumulación de fuerzas nacionalistas», manteniendo el cese de la actividad criminal.

La sucesivas caídas de cabecillas, como Reta de Frutos, Goyenetxea, y después David Pla e Iratxe Sorzábal, auparon a Irastorza a la dirección máxima de ETA. Un cabecilla de una banda fantasma, que se resiste a disolverse por las buenas, pero que está practicamente desmantelada, golpe a golpe. La integran no más de quince individuos, cuyo único cometido es intentar que los pocos zulos que le quedan no caigan en manos de las Fuerzas de Seguridad. Por primera vez, tras la caída de un dirigente de ETA, no tienen ningún interés las quinielas acerca de quién puede ser su sucesor.

Antes de incorporarse a ETA y al Foro de Debate Nacional, Mikel Irastorza fue además interventor de Euskal Herritarrok y responsable de Ekin, la estructura integrada por los «comisarios políticos» que la banda criminal introducía en Batasuna y demás grupos de la «izquierda abertzale».

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