España

Medio PSOE intenta poner fin a la «locura» de Sánchez

Los barones forzarán una votación en el Comité Federal para tumbar la propuesta del 39 congreso y obligarle a dimitir tras quedar desautorizado

Pedro Sánchez - ÓSCAR DEL POZO

El enfrentamiento en el PSOE es desde ayer a vida o muerte (política). Pedro Sánchez cumplió su amenaza y anunció que este sábado propondrá al Comité Federal que el 39 Congreso se lleve a cabo ya y no una vez que haya gobierno, tal y como se había comprometido. Pretende que los 180.000 militantes elijan secretario general en primarias el 23 de octubre y en plenario de los delegados del 2 al 4 de diciembre. Una maniobra dirigida a coger a Susana Díaz sin tiempo para postularse y, sobre todo, a enfrentarla con los militantes por su supuesta mayor afinidad con el PP. La presidenta andaluza junto a sus apoyos, los barones Emiliano García-Page, Guillermo Fernández Vara, Javier Lambán, Ximo Puig y Javier Fernández, pretenden frenar este sábado esa «locura que va a dividirnos aún más», según expresan los críticos.

El problema es que unos y otro se atribuyen mayoría (el Comité Federal lo componen más de 250 miembros) y, a día de hoy, es una incógnita cuál será el resultado de la votación. La «cortina de humo» lanzada por el secretario general para no asumir los malos resultados en Galicia y País Vasco, según la calificó ayer el secretario de Organización del PSOE andaluz, Juan Cornejo, se completó con el anuncio de que va a seguir intentando un gobierno «de cambio» con Podemos, Ciudadanos y los nacionalistas.

Sus últimos pasos alarman incluso a quienes hasta ayer contemplaban el espectáculo desde la barrera «y ahora tienen claro que hay que parar esto». Es el caso de cargos autonómicos y provinciales, de los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, y de los exsecretrarios generales del PSOE Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba. Todos, según fuentes consultadas por ABC, van a movilizarse para salvar el PSOE de este «asamblearismo» al que le quiere someter Pedro Sánchez.

Concentración «sanchista»

Empieza a haber una rara unanimidad entre los no «sanchistas» en que el secretario general intenta «criminalizar» a todo aquel que discrepa de su linea, como denunció el viernes García-Page, enfrentándoles a la militancia, que está mayoritariamente del lado de Sánchez en su «no es no» al PP. De hecho, en la rueda de prensa que ofreció en Ferraz, Sánchez se presentó como garante de un PSOE «autónomo» y no «subordinado» al PP, como supuestamente quieren los barones aunque no lo reconozcan, para que acabe absteniéndose y dejando gobernar a Mariano Rajoy.

Esa argumentación no cayó en saco roto porque, inmediatamente, militantes «sanchistas» empezaron a enviarle en las redes mensajes de apoyo: «ÚLTIMA HORA. Pedro Sánchez anuncia a su Ejecutiva que quiere convocar primarias en octubre y el congreso del PSOE. Apoyo por favor, avisa en privado a personas de confianza, nada de grupos ni listas. Pedro dará voz a la militancia. La militancia decide». Simultáneamente, en las redes también aparecieron convocatorias de una concentración en Ferraz para este sábado a la hora del Comité Federal.

«Ha llegado la hora», cree el secretario general, de que la militancia cierre el debate soterrado que está teniendo lugar en su partido sobre si debe o no abstenerse ante una investidura de Mariano Rajoy. Y si Susana Díaz, a la que no citó por su nombre, tiene un «proyecto mejor», que compita con él en las primarias del 23 de octubre. Hay que «hablar claro», insistió.

No aclara si dimitirá

Pero, dicho eso, Sánchez tampoco quiso desvelar si dimitirá el sábado en caso de perder la votación; sí insistió en que su discrepancia con los críticos no es «menor» ni «técnica», sino «de fondo» porque marcará la línea que deberá seguir el partido en los próximos años y el PSOE necesita volver a estar «unido» y con «una sola voz». Antes de salir en rueda de prensa, el líder socialista tuvo que fajarse en la reunión de la Permanente de la Ejecutiva (26 miembros), que duró inucialmente más de cuatro horas. Sánchez y el secretario de Organización, César Luena, defendieron la necesidad de celebrar ya el 39 congreso y tuvieron enfrente voces como la de la presidenta del PSOE, Micaela Navarro; el secretario de Política Federal, Antonio Pradas; la responsable de Exteriores, Carme Chacón; la de Empleo, Mariluz Rodríguez; o el secretario general de Juventudes, Nino Torre, que lo consideran una huída hacia adelante. Chacón había dicho de forma gráfica a la entrada: «Así no podemos seguir»... en referencia a la sangría electoral de la noche anterior en Galicia y País Vasco.

Y es que los críticos no quieren entrar en la trampa de Sánchez de orientar el debate interno a los pactos. El enfrentamiento es tal que asumen que el debate sobre si abstenerse o no con Rajoy u otro candidato del PP ya es segunda derivada tras el órdago de Sánchez. Su idea es «o él o nosotros» y solo puede quedar una de las dos partes en pie. Por eso, cada palabra, cada gesto se interpreta de forma calculada y cuando Sánchez dijo que «es importante» que la decisión que tome el PSOE en su 39 Congreso la administre quien la defienda, no que lo haga «otra persona que a lo mejor no cree en ella», se sobreentendió que él no gestionará una abstención con Rajoy. Y si gana, dijo, le gustaría que «fuera también al revés», porque lo que «no tiene sentido» es que intente «hablar con otras formaciones políticas» y se le «cuestione desde dentro». Ahora, ha remachado, es el momento de hablar «claro».

Andaluciía le pide que se vaya

El líder del PSOE defendió su derecho a hablar con «todos los partidos políticos», incluidas las independentistas ERC y antigua Convergencia. Porque, se justificó, «los números son los que son» y si Rajoy lograra ser investido después tendría que contar con ambas formaciones para aprobar los presupuestos.

Mientras, desde Andalucía, Susana Díaz guarda silencio y se reserva para el sábado. Ayer, el secretario de Organización del PSOE-A habló de la «torpeza increíble» de Sánchez y le exigió que, en lugar de hablar tanto de su futuro al frente del PSOE, asuma «responsabilidades políticas» (dimita) tras los pésimos resultados electorales en Galicia y País Vasco. Juan Cornejo apostó por la convocatoria de un congreso «de refundación», en su momento, en el que los socialistas se «replanteen absolutamente todo y no sólo piensen en los dirigentes».

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