Barómetro

El mazazo del CIS a la antigua CiU: de la influencia en Madrid a la irrelevancia

El CIS constata la espiral descendente de la otrora potente derecha nacionalista catalana. Su nivel de fidelidad es el más bajo de todos los partidos. Un 20% de los que le votaron el 26-J no votaría o lo haría en blanco. Y otro 20% se iría a ERC

José María Aznar junto a Jordi Pujol en 1997
José María Aznar junto a Jordi Pujol en 1997 - LUIS DE VEGA

«Hay que administrar el desacuerdo de forma que no tenga consecuencias negativas. Miraremos de encontrar la manera de que 1998 ofrezca tan buen resultado como 1997». A comienzos de 1998 Jordi Pujol i Soley valoraba el acuerdo con el que CiU había posibilitado que José María Aznar accediese a La Moncloa. El pacto del Majestic se convirtió en el cenit de la influencia del nacionalismo catalán en la política española. La imagen actual del PDeCAT palidece ante el recuerdo de hace dos décadas.

Los datos del CIS del pasado viernes así lo radigrafían: un partido en descomposición, lejos de la CiU que dominaba la política catalana y tenía capacidad de condicionar la agenda en Madrid. En 1996 con 1.151.633 votos y 17 escaños en el Congreso de los Diputados los nacionalistas catalanes llegaron a un acuerdo de gobernabilidad con el PP que le llevó unos meses después a su mejor registro en una encuesta del CIS: 5,1% de voto en octubre de 1996.

Pérdida de hegemonía

Desde entonces, con altibajos por la pérdida del Gobierno en Cataluña en 2003 y su posterior recuperación en 2010, la derecha nacionalista catalana se mantenía de forma estable. Los necesitó Aznar para ser presidente por primera vez, pero también Felipe González en su último mandato o José Luis Rodríguez Zapatero en los peores momentos de la crisis económica. Hoy, con un Gobierno del PP en minoría y necesitado de apoyos parlamentarios, el rebautizado como PDeCAT está fuera del tablero político.

La apuesta por el independentismo como hoja de ruta ha convertido lo que hace veinte años eran más de un millón de votos en 483.488 votos en las elecciones del 26 de junio. Y aquellos 17 escaños en solo 8 en la actualidad. El descenso del PDeCAT solo se entiende porque su electorado ha encontrado acomodo en ERC, que en 1996 tenía un escaño en el Congreso y ahora ya supera a la antigua Convergència al contar con 9 diputados. Los republicanos solo habían tenido un peso similar en 2004, al poco de acceder de la mano del PSC al gobierno catalán en forma de tripartito.

Esta realidad sumada a los datos demoscópicos que apuntan a su hundimiento también en las elecciones autonómicas consolida una nueva realidad: la derecha nacionalista catalana ha cedido su papel de fuerza vertebradora de la política en Cataluña al independentismo de izquierdas.

Los datos del último barómetro apuntan además que la tendencia es a la baja. Así se constata analizando todos los parámetros. Según la encuesta, un 56,4% de los catalanes «no votaría nunca» al PDeCAT. Mientras que ERC, un partido más escorado ideológicamente, ha ganado centralidad cuando el marco político se ha centrado exclusivamente en la independencia. El rechazo total al partido de Oriol Junqueras se queda en el 44,9%. Entre quienes declaran que «votarían siempre» al PDeCAT ya solo se encuentran el 1,6% de los catalanes. En el caso de ERC este nivel asciende al 8,3%.

El PDeCAT es además el partido con menor fidelidad de voto. Solo el 60% de quienes le votaron el 26 de junio volvería a hacerlo. Otro 20% de sus votantes o no votaría o lo haría en blanco. Y otro 20% apostaría por ERC. La fidelidad de voto de ERC se eleva hasta el 85,9%, según los datos del CIS.

El contraste con el PNV

Los datos del declive del PDeCAT resaltan todavía más si se comparan con los de su espejo más fiel: la derecha nacionalista vasca del PNV. Precisamente en un momento en el que acaba de convertirse en socio presupuestario del Gobierno de Rajoy alcanzan la mayor fidelidad de voto de todos los partidos: 91,7%.

Frente al amplio rechazo que suscita ya la antigua CiU entre los catalanes, solo en 22,1% de los vascos declara que no votaría nunca al PNV. Aunque la presencia de Bildu y la llegada de Podemos hacen que tenga más competencia, su representación siempre se ha mantenido estable entre 5 y 8 escaños.

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