La masía en la que se produjo el triple crimen de Teruel, blindada por agentes de la Guardia Civil

El ganadero asesinado sospechó que había alguien en la granja y avisó a la Guardia Civil. Los tres murieron allí

Andorra (Teruel)Actualizado:

La masía turolense en la que este jueves fueron asesinados a tiros un ganadero y un guardia civil permanece blindada por agentes especiales de la Guardia Civil. Varias dotaciones de los Grupos Rurales de Seguridad (GRS) controlan los accesos a la finca desde un amplio perímetro, además de proteger el enclave en el que se produjo el tiroteo.

Un nutrido grupo de estos agentes de grupos especiales de la Guardia Civil mantienen de esta forma un estrecho control en la zona, y limitan el acceso hasta la escena del crimen. Es un punto clave para completar la investigación criminalística por el triple asesinato del que se acusa a un exmilitar de la Europa del Este que fue detenido en la madrugada de este viernes a unos 80 kilómetros de donde se produjo el mortal tiroteo.

La granja donde cayeron abatidos los guardias civiles Víctor Romero y Víctor Jesús Caballero y el ganadero José Luis Iranzo es una instalación enclavada en una meseta, una extensa llanura en altozano desde la que se divisan las humeantes torres de la central térmica de Andorra y una amplia panorámica de estos parajes salpicados de casas de campo y veteranas masías. Está a medio camino entre Albalate del Arzobispo y Andorra, localidad esta última de la que era el ganadero José Luis Iranzo, nieto del famoso jotero José Iranzo «Pastor de Andorra», fallecido hace un año, a finales de noviembre de 2016. De hecho, la granja en la que se produjo el triple asesinato está a escasa distancia de la vieja casa familiar de El Pastor de Andorra, unas construcciones a las que se llega desde la carretera autonómica A-223. El enclave pertenecen ya a suelo del término municipal de Andorra, pero está justo en la franja que limita con Albalate.

Aparentemente, nada hay a la vista que hable del mortal tiroteo que acabó con la vida de tres personas. Pero lo delata la nutrida presencia de agentes especiales de la Guardia Civil. Con docilidad y aire de tristeza, merodea junto a ellos un gran perro. Se mueve lento, se arrima a los agentes, les olisquea, como buscando cariño.

«El perro es de la granja», nos explica con sobria amabilidad el jefe de la patrulla plantada ante la verja de acceso a esta explotación ganadera. Tras los muros asoman unas caballerías y se escucha la presencia de otros animales en su interior. Fuera, el viento sopla rotundo y hace caer estrepitosamente la sensación térmica muy por debajo de los 9 bondadosos grados centígrados que a primera hora hay en la zona en vísperas de navidades. A las nueve de la mañana de un viernes de luto la granja era el epicentro de la tragedia provocada por un tiroteo criminal la tarde anterior.

En Albalate, cuando el día aún no había despuntado del todo con sus primeras luces, los vecinos arremolinados en torno a la barra de uno de sus bares comparten desayuno y charla cargada de conmoción, de dolor y también de rabia por lo ocurrido. Los testimonios van reconstruyendo lo que ocurrió, entre lo que algunos contaron de primera mano y lo que ha ido trascendiendo también por los medios de comunicación.

Al final, una versión de consenso se impone y encaja con el fatal desenlace de la granja de Iranzo: «Sospechó que había alguien allí, fue a avisar a la Guardia Civil y, cuando llegaron los tres, el criminal los mató a tiros. Les esperaba y estaba preparado para que no pudieran reaccionar», cuentan. Desde hacía días, se buscaba al criminal ahora detenido. Se iba tras él desde que descerrajó más tiros en otra masía contra dos vecinos de Albalate. Los dejó malheridos, pero ellos viven para contarlo.