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Maquillar una mentira Manuel Marín

Manuel Marín - Actualizado: Guardado en:

Cuando el domingo por la noche el recuento de las urnas gallegas y vascas aclare o enturbie más aún el panorama, la dirección federal del PSOE habrá empezado ya, sea cual sea el resultado, una operación de marketing viral consistente en un maquillaje a conciencia de sus resultados, de modo que resulte factible, y hasta creíble, presentar como un éxito parcial o como un mal menor recurrente, lo que en cualquier caso no dejará de ser otra derrota. Será difícil que el PSOE se convierta en tercera fuerza política en Galicia, por debajo de En Marea. Y será más difícil aún que pierda la mitad de sus dieciséis escaños en el País Vasco. Sería el escenario más extremo e inhóspito posible y, sin duda, el germen de una convulsión interna sin clemencia.

Por eso precisamente, cualquier resultado que mejore la demoledora expectativa de una hecatombe será fácilmente maquillable como un éxito parcial. Con el típico «¡no ha sido para tanto!» Ya ocurrió en junio, cuando el fracaso histórico de 85 escaños se disfrazó de salvoconducto para Sánchez sencillamente porque no hubo «sorpasso» de Podemos. Un raquítico consuelo, pero efectista para Sánchez.

Ahora puede repetirse el cuento. El vaso estará medio lleno si el socialismo no pierde la segunda posición en Galicia y si es determinante para conformar un Gobierno con Urkullu. Pero si además Núñez Feijóo no lograse la mayoría absoluta y el PSOE fuese segundo, obtendrá con certeza la presidencia de la Xunta, para satisfacción —la única en muchos meses— de Pedro Sánchez.

La prudencia invita a huir de los extremos. Probablemente, ni se va a producir una catástrofe para el socialismo que obligue a Sánchez a dimitir como secretario general del PSOE, ni tampoco conseguirá dirigir el Gobierno gallego. A lo sumo, servir como acólito del PNV. Por eso, a Sánchez le basta con sobrevivir, con que el terremoto sea asumible, y con mantener el tipo a costa de cualquier argumento maleable y reversible… Le basta muy poco como excusa para poner en marcha la investidura alternativa a la de Rajoy que amasa en secreto desde verano. Por eso los barones se han alzado contra él en plena campaña.

Hace tiempo que Sánchez se hace trampas al solitario, y solo le queda la expectativa de negociar una investidura con Podemos, el PNV, Convergencia, ERC, Compromís… Ha manejado los tiempos con más destreza que sus barones críticos e, incluso, se ha fortalecido a base de soportar presión y desprecios a partes iguales. Galicia y el País Vasco no van con Sánchez. Salvo rebelión cruenta, seguirá a lo suyo: gobernar incluso con los independentistas.

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