Apertura del año judicial

Lesmes apela a la regeneración política contra la corrupción: «La justicia no basta»

El presidente del Supremo defiende la independencia de los jueces frente a las acusaciones de politización

Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial en su intervención
Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial en su intervención - EFE

El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, considera que la acción de la justicia no es suficiente para combatir la corrupción, y ha pedido a la clase política estrategias de «prevención y regeneración de la acción pública».

En su discurso de Apertura del Año Judicial, presidida por el Rey, Lesmes se ha referido a la independencia de los jueces y ha negado que la justicia esté politizada. En este sentido, y sin hacer una sola referencia a los más de 300 días que España lleva con un Gobierno en funciones, ha señalado que las causas de corrupción que se están instruyendo o enjuiciando en los Tribunales «afectan a muy diversos responsables públicos e instituciones, y en todas ellas los hechos se manifiestan con terquedad en una misma dirección: los jueces están actuando con total y absoluta independencia, sin aceptar injerencia alguna».

«Respuesta contundente contra la corrupción»

En el Salón de Plenos del Tribunal Supremo, y en presencia del vicepresidente y de los cerca de 90 magistrados del Alto Tribunal, así como de Abogados del Estado, vocales del CGPJ, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, y los presidentes del TC, Francisco Pérez de los Cobos, del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, y del Tribunal de Cuentas, Ramón Álvarez de Miranda, entre otros, Lesmes ha señalado que la corrupción ha encontrado en la justicia española «la más eficaz y contundente respuesta». Sin embargo, no es suficiente.

Para hacer frente a este fenómeno no basta la acción de la justicia, ha dicho, «esta tiene que ir acompañada de la definición de unas estrategias de buen gobierno, de prevención, y sobre todo, de regeneración de la gestión pública». «La corrupcción es el síntoma, no la enfermedad. Es un síntoma de pérdida de valores, de relativización de principios y de la apatía e insensibilidad que hace ya más de un siglo, denunciaba Ortega», ha insistido.

En su exacerbada defensa de los 5.500 jueces que prestan sus servicios en la Administración de Justicia, a los que «opinadores de todo tipo» critican, a su juicio de forma injusta, el presidente del Tribunal Supremo ha recordado el esfuerzo de estos profesionales para dictar cerca de 300 sentencias de media durante el pasado año, en ocasiones con una carga de trabajo «difícilmente digerible». «A los jueces nos duele escuchar que esa justicia en la que creemos y por la que trabajamos no es independiente, que está politizada, que son los partidos políticos los que dirigen la acción de los jueces», ha dicho.

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