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Kepa del Hoyo, el etarra que nació en Badajoz

Fallecido el lunes, cumplía 30 años de prisión por los delitos de asesinato, atentado y colaboración con banda armada

Imagen del atentado en el que fue asesinado Daniel Villar, al que coadyuvó Kepa del Hoyo
Imagen del atentado en el que fue asesinado Daniel Villar, al que coadyuvó Kepa del Hoyo - Telepress

Bilbao, 17 de febrero de 1997. A la altura del número 22 de la calle Menénez Pelayo una bomba colocada bajo el asiento del conductor de un Land Rover rojo detona a varios metros del colegio Berriotxoa. Tres kilos de explosivos segan la vida de Modesto Rico. Treinta y tres años, agente de la Policía Judicial. Muere en el acto, asesinado por ETA.

Rico se había criado en el bilbaíno barrio de Santutxu, el mismo donde vio crecer a su verdugo, el etarra recientemente fallecido Kepa del Hoyo. El terrorista que pasó de servirle cañas a facilitar la información necesaria para que la banda forzara la cerradura de su coche. Según reconoció en el juicio, lo eligió como objetivo después de discrepar con él en el bar de su hermana.

Basauri (Vizcaya), 5 de septiembre de 1997. Una bomba lapa adherida a un Citroën explota cuando el coche se pone en marcha. Daniel Villar pide auxilio mientras el fuego consume su cuerpo. Muere en el hospital horas más tarde. Treinta y nueve años, policía nacional. Del Hoyo coadyuva en el asesinato con información sobre sus movimientos.

Kepa del Hoyo, que ni siquiera era Kepa sino Pedro del Hoyo Hernández (Almendralejo, 1970), tampoco era vasco, sino oriundo de esa ciudad pacense. Sus padres, un taxista y una ama de casa, se trasladaron al municipio vizcaíno de Galdácano cuando tenía un año y medio. Allí comenzó a frecuentar el ambiente radical de las «herriko tabernas» que lo llevó con veinticinco años a integrarse en las filas de ETA.

Fallecido el pasado lunes debido a una parada cardiorrespiratoria que le sobrevino mientras boxeaba en el módulo cuatro de la prisión de Badajoz, donde cumplía una pena de treinta años de prisión por los delitos de asesinato, atentado y colaboración con banda armada, no era un preso político como la izquierda abertzale reclama. Era un asesino.

Manipular la historia

Del Hoyo fue detenido en Bilbao en 1998 por su pertenencia al «Comando Vizcaya», al que suministraba información sobre miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y de la Ertzaintza, de periodistas y políticos, entre ellos el expresidente del PNV Xabier Arzalluz o los miembros del PP vasco Carlos Iturgaiz y Leopoldo Barreda.

Eran los años del miedo; del ritual de mirar debajo del coche; de no hablar en público por temor a desaparecer. Pero también los del señalamiento y los de la dictadura del silencio cómplice.

Como si de reescribir la historia se tratara, los que fueron guardianes del terror, dirigidos por el criminal Arnaldo Otegui, quieren imponer ahora el recuerdo de Kepa del Hoyo como adalid del pueblo vasco.

Ayer la izquierda abertzale le rindió homenaje en el municipio de Galdácano autorizado por la Audiencia Nacional. Entre ikurriñas loó a un hombre que no tenía más obra que los asesinatos perpetrados, y cuya muerte está siendo utilizada por los amigos de los etarras para reclamar el acercamiento del resto de terroristas a las cárceles del País Vasco. So pretexto de que son víctimas de la opresión del Estado español, utilizan el eufemismo de «refugiados y presos políticos» para blanquear sus crímenes.

«Han matado a un abertzale a 750 kilómetros de su casa en una prisión española», lamentó el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, después de conocerse la muerte. Allí quieren ser conducidos como héroes de guerra. De una guerra que solo existió en sus cabezas enfermas.

Kepa del Hoyo no fue el único miembro de ETA oriundo de un municipio sin lazos con las siete provincias de la reivindicada «Euskal Herria». En sus filas enarbolan la bandera del nacionalismo vasco, de la identidad y la cultura patria, sujetos de apellidos castellanos, más próximos a Madrid que al País Vasco.

Etarras de Castilla

Es el caso del burgalés José Luis Martín Carmona, alias «Koldo», y del leonés José Manuel Valdueza, ambos autores del atentado contra el creador de la unidad antiterrorista de la Ertzaintza, el sargento y militante del PNV Joseba Goicoetxea Asla, asesinado en noviembre de 1993.

El clan Troitiño no burla su origen palentino. Domingo Troitiño orquestó junto con el gallego Rafael Caride la matanza de Hipercor, el atentado más sangriento de la banda terrorista, con 21 muertos y medio centenar de heridos. Su hijo, Joseba Troitiño, siguió sus pasos con la colocación de dos bombas en los hoteles Bahía de Alicante y Nadal de Benidorm en 2003. También su tío, Antonio Troitiño, integrante del «Comando Madrid» y responsable del asesinato de doce guardias civiles en la madrileña plaza de la República Dominicana.

Singular es el caso de Iñaki de Juana Chaos. Hijo de un médico burgalés condecorado por luchar en el bando franquista durante la Guerra Civil y miembro de Falange, era un ferviente «españolista» que, cuatro años antes de enrolarse en la banda, lloró el asesinato del suegro de su hermana a manos de ETA. Ellos no son los únicos. Sin embargo, representan la contradicción en la lucha por el advenimiento de una «Euskal Herria» pura. De vascos auténticos.

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