España

La izquierda populista corroe a la socialdemocracia europea

Acosados por los vientos populistas, los socialdemócratas buscan su rumbo

ENRIQUE SERBETO Corresponsal En Bruselas - Actualizado: Guardado en:

Hace años que la socialdemocracia europea camina sin rumbo. La crisis financiera ha golpeado a todas las economías del continente pero en contra de lo que podía esperarse, los ciudadanos han dado la espalda a la oferta del socialismo. Los grandes estandartes del socialismo continental -el SPD alemán, el PS francés, el laborismo británico- no pasan por su mejor momento, desbancados por las corrientes que le hacen la competencia, ya sea el populismo de izquierda o los ecologistas. El único superviviente es la mítica socialdemocracia sueca que ha abandonado sus posiciones de la mano de Stefan Löfven, un sindicalista que se ha empeñado en poner en la primera prioridad de su partido la creación de nuevas empresas. En el lado opuesto, el socialismo encaramado al poder gracias a la ayuda de la extrema izquierda, está a punto de llevar a Portugal a un calamitoso segundo rescate.

El caso del Partido Laborista británico y la reciente victoria de Jeremy Corbyn en el congreso del Partido es el proceso más sintomático del debate en el que está sumida la izquierda europea. Corbyn ha aplastado al aparato del partido en contra de todas las previsiones, con un discurso que recupera la tradición más radical del laborismo. De hecho, hay quien cree que la victoria de Corbyn puede considerarse como el fin del experimento iniciado por Tony Blair en 1997 y que intentaba adaptar la socialdemocracia a un mundo en el que acababa de derrumbarse el llamado socialismo real, las dictaduras de izquierda. En muchos comentarios sobre el congreso laborista de Liverpool se ha escuchado resumir lo que ha pasado como si el líder de Podemos Pablo Iglesias hubiera sido elegido secretario general del PSOE.

No va desencaminado ese ejemplo si se tiene en cuenta que el principal socio europeo de Podemos, el partido populista griego Syriza, está a su vez buscando anclajes en la socialdemocracia y que en las reuniones previas a las cumbres europeas, Alexis Tsipras suele acudir -todavía como observador- a la tertulia de los socialistas.

Pero es en Francia donde hierve con más efervescencia la idea de mezclar todas las corrientes de izquierda, desde las que discurren más cerca del centro político hasta el extremo más radical y el ecologismo militante. El presidente francés, Francois Hollande, socialista, es el jefe del Estado que gobierna con un índice más bajo de popularidad desde la II Guerra Mundial y se encuentra prisionero de su promesa de llevar a cabo unas elecciones primarias en el Partido Socialista para confirmar su candidatura a la reelección, mientras que desde la calle se le pide unas «primarias de izquierda» en las que participe el resto de partidos.

Sin embargo, el país donde se ha producido un hundimiento más simbólico ha sido en Alemania. El mítico SPD que fue la fuerza hegemónica den centro izquierda europeo en las últimas décadas del siglo pasado, está ahora completamente asfixiado por su falta de liderazgo. Las dos legislaturas de Gran Coalición con los democristianos de Angela Merkel le han permitido gozar del poder en algunos puestos importantes del Gobierno, pero sus militantes le siguen abandonando ante su insignificancia ideológica.

En Italia se pude decir que gobierna un socialista, Matteo Renzi, del Partido Demócrata, aunque sus dirigentes huyen de esa denominación ideológica hasta el punto que obligaron al grupo parlamentario europeo a matizarlo. Por eso la principal fuerza de oposición a esta heterogénea mezcla de populistas de izquierda y derecha que es el Movimiento Cinco Estrellas, al que las encuestas dan por vencedor en todas las combinaciones electorales.

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