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Iglesias pierde su chollo Manuel Marín

Manuel Marín - Actualizado: Guardado en:

La reacción amenazante de Podemos a los mensajes que emite entre líneas la gestora del PSOE, inclinada a abstenerse en la investidura de Rajoy, revela irritación y nerviosismo. Pablo Iglesias es consciente de que el PSOE que se construya a partir de ahora lo hará alejándose de Podemos, y que ya no le será fácil fagocitar votos del socialismo moderado de cien mil en cien mil. Con Sánchez tenía el chollo asegurado. Ya no.

Pese a que las apariencias pudieran sugerir que un nuevo PSOE centrado y capaz de asumir el coste de una abstención «técnica» dejaría libre su flanco izquierdo para que Iglesias lo monopolice en exclusiva, lo cierto es que la ruptura en el socialismo desorienta a Podemos. Amenazar al PSOE con perder Aragón, Valencia, Castilla-La Mancha o Extremadura es perfectamente irrelevante porque ya existe un compromiso expreso del PP por evitarlo, a cambio de resolver la investidura de Rajoy y garantizar así una mínima gobernabilidad en las autonomías donde eso ocurriese.

Tarde o temprano, y si logra evitar una escisión suicida, el «nuevo» PSOE que emerja de esta crisis irá desmarcándose de Podemos aunque ahora entrañe riesgos y coste electoral. A su vez, es previsible que el partido de Iglesias quede expuesto a perder alcaldías y a disensiones internas. Su objetivo era aniquilar el PSOE, pero entre Sánchez y los barones le han hecho el trabajo sucio con un selfie-desguace en un solo sábado, y ahora Iglesias sobra.

A priori, es una maniobra inteligente que Iglesias quiera presentar a la dirección provisional del PSOE como un grupo de monaguillos entregados a la derecha para regalar el Gobierno a Rajoy. Sin embargo, todas sus amenazas son jirones de tacticismo y munición de fogueo.

Suponer que el PSOE se ha abierto en canal para que Podemos termine rentabilizando las plusvalías es absurdo. El socialismo asumirá el coste de una refundación, lleve el tiempo que lleve, pero difícilmente volverá a cometer los errores de Sánchez. Si Iglesias tiene la intención real de romper drásticamente con el PSOE, ¿por qué no renuncian de inmediato a sus alcaldías Carmena, Colau, Kichi, etcétera…?

Son solo salvas ruidosas para alimentar la falacia de que Podemos es la izquierda virgen, y el resto la casta subalterna de Rajoy. Raramente el «nuevo» PSOE pisará esa mina, y las bases se irán adaptando. Cuando pueda recuperarla, tendrá su cabeza en la rehabilitación cabal de un proyecto centenario y no en más experimentos fallidos de populismo extremista. Por pura supervivencia. De momento ha vencido ese PSOE que fustiga a Iglesias. Y eso le revienta.

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