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Fácil pero no resuelto Manuel Marín

Manuel Marín - Actualizado: Guardado en:

El PSOE va aclarando su panorama interno mucho más de lo que admite públicamente. La fecha del congreso federal seguirá siendo una incógnita hasta enero, pero en la mente de Javier Fernández, Susana Díaz y Miguel Iceta ese conflicto ya está cerrado. De momento, solo hay dos diagnósticos en firme: primero, parece evidente que Díaz concurrirá a la secretaría general, aunque de resultar elegida ya no lo será por aclamación, como pretendía desde un principio; y segundo, Pedro Sánchez no será reelegido en el hipotético supuesto de que decidiera presentarse, algo que incluso entre sus fieles más pertinaces se pone en duda porque su liderazgo ya se percibe como un caduco reducto de la historia del partido.

En duda está también la candidatura de Patxi López, pero no porque la termine desdeñando por falta de ambición o de opciones, sino porque enfrentarse a Díaz exige mucho más que determinación política… Exige certidumbre y garantía de triunfo, y de momento esa variable le parece inalcanzable. Hoy son más los barones de peso alineados con Díaz para una regeneración a fondo.

Además, la entente virtual Sánchez-López que algunos prediseñan como única garantía posible de éxito contra Díaz presenta a su vez otros problemas de muy compleja resolución: ¿quién encabezaría la candidatura?, ¿se subordinaría Pedro Sánchez a un mandato autónomo de Patxi López al frente del PSOE solo para darse el gusto de asistir a la derrota de Díaz y vengarse? Nada de eso parece factible. Si Pedro Sánchez se aproxima a Patxi López no es por una lealtad sobrevenida, sino por instinto de supervivencia y asumiendo que su perfil sería el de subalterno. Así las cosas, lo razonable sería que Patxi López solo se lanzara si tuviera asegurado el triunfo de antemano, algo que en un congreso federal del PSOE es imposible.

En un nuevo «zapatero» residen buena parte de las cuitas de Susana Díaz y Patxi López, conscientes de que mientras pugnan por hipotéticos apoyos de secretarios regionales puede fraguarse una tercera alternativa no contaminada ni por la caótica herencia de Sánchez, ni por la concesión de un premio inmerecido a una «rebelde» desleal. Emergerá un tercer nombre sin «marca» y libre de antecedentes tóxicos como solución de consenso. Díaz lo tiene más fácil, pero no resuelto.

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