Manuel Marín - ANÁLISISSeguir

Estrangulado Manuel Marín

Manuel Marín - Actualizado: Guardado en:

Un suicida error de cálculo y un empecinamiento irracional han llevado a Pedro Sánchez a su final como secretario general del PSOE. De modo calculado, Felipe González terminó ayer de colocar el señuelo para resolver la crisis de identidad y liderazgo más grave sufrida por el PSOE en democracia. La acusación hecha por González de haber sido engañado por Sánchez cuando le reconoció que terminaría aceptando la investidura de Mariano Rajoy precipitó el estrangulamiento del secretario general con una rebelión inédita de hartazgo y desconfianza.

Nadie podrá achacar a Sánchez que no ha sido consecuente. Tercamente consecuente. Pero sí la evidencia de que arrastraba al PSOE hacia una progresiva desaparición fáctica, hacia tierras residuales sin futuro. Se le ofreció la dignidad de una muerte en silencio con cicuta, pero la rechazó con el orgullo de quien se sabe condenado sin perdón. Solo quedaba como alternativa su estrangulamiento a manos de su propia dirección, ejecutado en legítima defensa y basado en esa desesperación de quien percibe en la muerte del hermano una estricta necesidad vital de oxígeno. Algo así como el herido de guerra que debe optar entre amputar la pierna gangrenada o morir.

Nunca una rebelión fue tan virulenta en el PSOE. Los formalismos estatutarios son lo de menos. Las fórmulas para atacar la metástasis provocada por Pedro Sánchez podrán discutirse hasta el infinito. Una gestora, un Comité Federal, o dos, un congreso… Sánchez se amparará en estas horas en cualquier argumento que vuelva a demostrar su inhumana capacidad de resistencia, su pertinaz obsesión en tener la falsa razón del rey desnudo que se niega a ver lo que todos ven. Pero las formas son ya indiferentes porque ha fracturado a un PSOE en un inédito estado de shock. Lo relevante es el fondo, y la decisión de los coroneles es que el general pase a una reserva sin honores. Incluso, aunque el PSOE emulase a la CUP y hubiese un empate exacto en sus votaciones, Sánchez no podría remontar. Son heridas incurables.

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