Roberto Bermúdez de Castro explicó ayer en el Senado la aplicación del 155
Roberto Bermúdez de Castro explicó ayer en el Senado la aplicación del 155 - EFE

El efecto sedante del 155 en el Senado

El Gobierno asegura que su intervención en Cataluña es «aséptica» y la anestesia afectó hasta a los senadores de ERC y PDECat

MadridActualizado:

El Senado vivió sus horas más graves hace un mes y una semana, durante la votación del 155 de la Constitución. Ayer, Roberto Bermúdez de Castro, el enviado del Gobierno para coordinar la gestión del 155 en Cataluña, volvía a la Cámara Alta para hacer el primer balance oficial sobre la intervención, pero el debate fue ligero y de guante blanco.

Frente a los agoreros que hablaban de una Cataluña inflamada por la destitución del Govern de Carles Puigdemont y la disolución del Parlament, el Ejecutivo dibujó ayer un relato amable de la situación, que calificó de «satisfactoria». Nada de traumas. Se ha recuperado la «normalidad administrativa» y eso es posible sobre todo porque los funcionarios son los primeros que han asumido y «acatado» el 155 sin problemas. Pese a que «ha habido agitadores profesionales para que todo saliese mal», la intervención está siendo pacífica y «eficaz» y se da desde el «respeto» entre las dos administraciones.

Bermúdez de Castro explicó que tras el cese de los miembros del Govern y de sus 141 asesores, se le dio la oportunidad a muchos otros altos cargos autonómicos para irse. La mayoría se quedó. «Por tanto, acataban el 155. Siguen los suyos, que son los que deciden qué temas van al Consejo de Gobierno. Bajo nuestra supervisión, los directores generales suyos son los que están llevando la gestión el día a día; su trabajo es fundamental para aplicarlo», aseguró Bermúdez de Castro al senador de ERC, pidiéndole que se ahorrase los aspavientos.

La intervención del Gobierno, dijo, es «aséptica» y discreta para no levantar ampollas. «El Gobierno de la nación no ha ido a Cataluña a ocupar espacios físicos o políticos que corresponden a las instituciones catalanas», afirmó tras afear a que a Marta Rovira, líder de ERC, le hubiera gustado un desembarco de 500 ‘hombres de negro’ desde Madrid. Nada de eso. Bermúdez de Castro señaló que apenas son tres las personas que se ocupan de aplicar las medidas del 155 y que él sólo ha entrado en una consejería, y por el garaje. «No verán foto nuestra en ningún edificio público».

Lo cierto es que el debate en el Senado fue cordial. Hubo denuncias verbales por «usurpación» y «abuso del poder» del Gobierno de España en Cataluña, pero fueron casi de guión. Hasta los senadores independentistas Miguel Ángel Estradé (ERC) y Josep Lluís Cleries (PDECat) terminaron la comparecencia saludando al secretario de Estado. El efecto anestesiante fue tal que acabaron por requerirle sobre cuestiones ‘mundanas’ del tipo de si el Ejecutivo devolverá el IVA a las entidades culturales o cómo se están repartiendo los recursos.

Hubo afirmaciones gruesas como que en las guarderías españolas se hace a los niños jurar la bandera. Bermúdez de Castro lo negó, alegando conocimiento de causa: tiene dos niñas de 1 y tres años en Zaragoza. «Decir eso es burdo. No se cree ni usted lo que está diciendo. Interpretan un papel», le afeó al senador de ERC, que también atribuyó al Gobierno de España que Barcelona no sea sede de la Agencia Europea del Medicamento.

«Esto es lo más antinatura y antidemocrático que te puedas imaginar, que te gobierne el penúltimo partido», se quejó Cleries sobre la gestión del Gobierno del PP en Cataluña. El portavoz del PNV, Jokin Bildarratz, fue el más severo con el Ejecutivo. «Se ha convertido en el vocero del procés», le afeó el secretario de Estado.

El PSOE marcó distancias ayer con el Gobierno, al que volvió a reclamar que su intervención sea «lo más aséptica y quirúrgica posible». Y le trasladó su miedo a que haya quien incendie la jornada electoral, sobre todo en la Cataluña interior, donde el PSC ya sufrió para mantenerse leal a la ley durante el 1-O con sus alcaldes señalados por los separatistas.