Análisis

Educados en el odio

En Cataluña no solo se han enseñado matemáticas o una historia falsaria y excluyente sobre una nación que nunca lo fue

Manuel Marín
MadridActualizado:

Gran parte de la fractura social que se ha producido en Cataluña no proviene en exclusiva de un odio irracional y adulto hacia el resto de España, sino de la prefabricación de ese odio de modo consciente y deliberado desde la misma infancia. En Cataluña no solo se han enseñado matemáticas o una historia falsaria y excluyente sobre una nación que nunca lo fue. Se ha recurrido a una legión de profesores arbitrarios y fanáticos de una utopía basada en mil mentiras para adoctrinar a los niños en un odio sin causa. ¡Cómo no entender ahora su frustración si ellos no solo se habían creído la inmensa falacia de la independencia factible, sino que además orientaban su vocación de servicio y enseñanza a la prostitución de su función social y educativa en la formación de pequeños soldaditos ciegos de un régimen sectario!

La letra pequeña de las conclusiones del CIS resulta alarmante. Una inmensa mayoría del profesorado catalán va mucho más allá de la militancia independentista. El 41 por ciento de este colectivo solo se sienten exclusivamente catalanes, el doble que la media de la población. El 61 por ciento es favorable a un Estado independiente catalán, y los maestros votan a ERC en una proporción que duplica la de la media de los catalanes. Un tercer detalle para permanecer alerta: nueve de cada diez docentes de secundaria de Gerona apoya la secesión, y tres de cada cuatro lo hacen en Lérida y Tarragona. Hoy, con el independentismo desmontado por el artículo 155 de la Constitución, pero muy especialmente por el Código Penal, ese profesorado no solo se sabe víctima de un engaño masivo. También lo es de su propia obsesión identitaria, que sería legítima si estuviera libremente instalada en sus conciencias en los ratos libres y de ocio, pero que no lo es si esa obstinación enfermiza se usa como argumento educativo para moralizar a esos pequeños soldados en la secesión.

No es ya la inmoral erradicación del castellano en las aulas, la amenaza sistemática o la estigmatización del disidente en la universidad, o la marginación de niños por ser «españoles»… No es ya la digestión de bulos propios de una campaña de agit-prop fanática y absurda para enseñar en las aulas que «España nos roba»… No es ni siquiera que Colón o Santa Teresa fuesen catalanes… Lo irritante es esa inoculación del odio por el odio que se ha producido durante décadas en esos cuarteles, que no aulas, mientras el tres por ciento financiaba la perversión de esa infancia.

Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín