Elecciones CataluñaEl disputado apoyo del «candidato Valls»

El ex primer ministro francés mitinea por el constitucionalismo pero se declara seducido por Ciudadanos

BarcelonaActualizado:

Es insólito que una misma persona haga campaña electoral por varios partidos a la vez, pero el ex primer ministro de Francia Manuel Valls ha batido todos los récords del «transfuguismo» en España apoyando la causa de las tres siglas constitucionalistas que van a las urnas del 21-D. La semana pasada PSC, PP y Ciudadanos rivalizaron buscando su foto con el político francés; un barcelonés nacido en el barrio de Horta que llegó al Elíseo y que ahora es el gran embajador en Europa de una Cataluña integrada en España.

El exmandatario galo, para satisfacción del Gobierno de Rajoy, repartió elogios a los tres e hizo ver que lo que pase en Cataluña trasciende a toda Europa. Si pierde el independentismo será la victoria de todo el proyecto de la Unión. «El nacionalismo es guerra», sentenció citando a Mitterrand.

Valls hizo triplete, pero en realidad se decantó por Ciudadanos. Según cuenta, le sedujo el discurso de Inés Arrimadas el 26 de octubre en el pleno del Parlament previo a la declaración de la independencia. Le dedicó un «tuit» a la líder de Cs y esta le siguió por Twitter. El flechazo político empezó con mensajes en privado y una invitación a confrontar ideales, según reveló ella. «Lo que más me interesa de Ciudadanos es que está cambiando la política en España como la hemos conseguido cambiar en Francia con Macron», aseguró el sábado en el coloquio que protagonizó junto a Mario Vargas Llosa, Albert Rivera y Arrimadas. Valls no ocultó su entusiasmo y se lo contagió al público.

El origen de la «tournée» de Valls en Barcelona está en Sociedad Civil Catalana, que lo invitó hace «un mes» para extender en esta campaña su voz firme contra el secesionismo catalán. También el Círculo de Empresarios y el Círculo de Economía le cursaron invitación. El lunes disertó junto al ex secretario general de la OTAN Javier Solana. El sábado charló con los exministros Josep Piqué y Eduardo Serra.

Pero Valls aprovechó su agenda y además de ser cabeza de cartel de Cs acudió a un desayuno electoral del PP con la ministra Dolores de Cospedal y el candidato, Xavier García Albiol. El ex primer ministro francés enseguida felicitó al PP por la gestión del Gobierno de Mariano Rajoy para evitar el abismo separatista. «Yo hubiera hecho lo mismo», dijo sobre el artículo 155.

Con el único que no hizo «bolos» fue justo con la que ha sido su familia política hasta el verano, cuando abandonó el viejo Partido Socialista francés hundido en las encuestas. El lunes se entrevistó con el líder del PSC, Miquel Iceta, pero fue en privado.

Una carrera de obstáculos

Manuel Valls (Barcelona, 1962) pudo ser sacerdote o político catalanista, conservador, o presidente del F. C. Barcelona; pero prefirió nacionalizarse francés a los 18 años para militar toda su vida en una familia política que ha perdido todas las batallas. Valls empezó con Michel Rocard, líder histórico que quedó marginado dentro del PS, Luego se fue con Lionel Jospin, el primer ministro y candidato socialista a la elección presidencial eliminado por Jean-Marie Le Pen en 2002. Valls fracasó presentándose a las primarias socialistas del 2011. Solo consiguió el 5,63 % de los votos. Eliminado, fue responsable de la comunicación de François Hollande, que le nombró ministro del Interior y primer ministro.

Orgulloso, testarudo y solitario, Valls fue leal a Hollande hasta el fin, hasta que consiguió convencer que debía retirarse. Valls esperaba ser elegido candidato del PS en enero, pero los militantes prefirieron a un candidato «auténticamente socialista», Benoît Hamon. Meses atrás, Macron se había alejado del PS, para crear su propio partido, «reformista», «ni de izquierda ni de derecha». Ruptura que Valls no se atrevió a consumar: el gran error de su vida.

Comenzó un inconcluso destierro. Valls terminó alejándose definitivamente del socialismo. Macron se instaló en el Elíseo. La campaña catalana ha permitido instalarse en la corriente política que siempre fue la suya: una suerte de «social reformismo» políticamente conservador, partidario de un Estado fuerte en una Europa «liberal reformista».