España

Daesh quiere atentar en Europa para compensar sus derrotas en Siria e Irak

Militares franceses patrullan en torno a la Torre Eiffel

La ofensiva final sobre Mosul, que comenzó hace ya tres semanas, y las continuas derrotas militares de Daesh en Siria e Irak, que les han llevado a perder el control sobre aproximadamente el 40 por ciento del territorio que controlaban, hace que la organización terrorista tenga una cierta urgencia de atentar en Europa para evitar que cunda la desmoralización entre sus filas.

Este es el análisis que hacen los servicios de Inteligencia e Información, que además recuerdan que se acerca el primer aniversario de los atentados de París: «Estado Islámico necesita que pasen cosas y cada día hay más elementos concretos encima de la mesa que apuntan a que se prepara un ataque», precisan las fuentes consultadas por ABC.

La arenga que lanzó el pasado jueves Abu Baker al-Baghdadi a sus combatientes tras un año de silencio es especialmente clara en este sentido: no solo llamó a los suyos a resistir «hasta el final en Mosul», sino que pidió «convertir las noches de los impíos en días, causar estragos en su tierra y hacer que su sangre fluya como ríos».

Cada vez más sobre España

Además, en España cada vez se detectan más comunicaciones de combatientes en Siria e Irak que animan a conocidos suyos que están en nuestro país a que comentan atentados. No solo eso; las informaciones de que Daesh ha conseguido introducir a terroristas en Europa son constantes, aunque también es verdad que buena parte de esas alertas pueden formar parte de la estrategia propagandística de la organización.

«Los objetivos previsibles -precisan las fuentes consultadas- serían multitudes desprotegidas (ataques, por tanto, a estadios deportivos, teatros, conciertos o medios de transporte, por ejemplo), y como se ha visto en Niza ni siquiera es necesario que el terrorista lleve armas para causar un gran daño, sino que basta tener la determinación necesaria para ello». Una de sus fijaciones son los aviones -algunos han logrado derribar ya-, y experimentan con explosivos que les permitan abatirlos.

Pero más allá de la situación concreta actual, los avances en la guerra de Siria e Irak han llevado a los servicios de Inteligencia e Información a anticipar el escenario previsible tras una derrota militar de Daesh. «La primera premisa es que hasta que eso se produzca van a pasar aún bastantes años -sostienen las fuentes-. Es más, parece que se da por recuperada Mosul, cuando esa operación no va a ser ni rápida, ni limpia ni agradable».

Basta un dato para confirmarlo: en estas tres primeras semanas de cerco ya se han producido 95 ataques suicidas de los terroristas con el objetivo de mantener el perímetro de la ciudad. No es que vayan a morir todos allí, como les ha pedido Al Baghdadi; pero la resistencia va a ser feroz y ellos se ocuparán de divulgar miles de vídeos con niños bajo los escombros y otras escenas de dolor insoportables en las sociedades occidentales para conseguir ganar la guerra de propaganda, en la que son auténticos maestros y que les sirve para movilizar a la comunidad musulmana La segunda premisa es que el terrorismo yihadista no desaparecerá por una victoria militar, porque la base ideológica de ese fenómeno es una religión, o mejor dicho, la interpretación patológica de la misma. Hace cuatro años Estados Unidos daba por enterrada a Al Qaida, tras matar a Osama Bin Laden y golpear las bases terroristas en Afganistán. Pues bien, no solo existe esa organización criminal sobrevive a día de hoy, sino que pasado ese tiempo ha surgido otra organización aún más potente, como es Estado Islámico.

La policía religiosa

Sentadas estas bases, los expertos creen que la pérdida del territorio va a suponer una clandestinización de Daesh, que pasará a tener las características de un grupo terrorista más típico; una relocalización en algunas zonas -Libia era la principal candidata hasta ahora, pero muy pronto será imposible que lo sea, seguida de Argelia y el Sahel-, y una amenaza excepcionalmente elevada para Europa por el retorno de los más de 3.000 combatientes salidos del Viejo Continente que luchan en Siria e Irak, sujetos con gran experiencia en el combate y con muchos muertos a sus espaldas.

Para Estado Islámico los llamados «foreign fighters» son esenciales no solo porque se incorporan a la lucha contra los «infieles», sino porque además nutren las filas de la policía religiosa, que es la encargada de someter a las poblaciones contra su voluntad para obligarlas a vivir de acuerdo con su interpretación radical del islam. Se trata de individuos muy radicalizados en los que ha calado la idea de que solo es posible vivir como un buen musulmán dentro del «califato» y con una obediencia ciega a las órdenes de Al Baghdadi.

En el caso español, hasta el pasado jueves son 200 los individuos que luchan allí, pero el riesgo se multiplica por nuestra cercanía y relaciones con Marruecos, país que cuenta con más de 2.000 de estos individuos, algunos de los cuales pueden intentar venir a España. La ventaja es que el Reino alauí tiene unas sólidas estructuras de Estado capaces de responder a la amenaza, y las relaciones entre ambas naciones son excelentes.

«Este es el escenario previsible, pero hay que tener en cuenta varias cosas más: Daesh no quiere salir de Siria por razones razones religiosas, políticas e ideológicas; está muy cómodo allí y no es realista pensar que va a desaparecer de esa zona del todo, aunque formalmente se controle todo el país. Otra cosa es que su principal objetivo siempre haya sido, además de mantenerse, expandirse a Europa occidental, Libia, Afganistán, Malí…».

«No son cuatro tarados»

Estado Islámico, además, cuenta con otra ventaja. Muchos de sus dirigentes pertenecieron a los servicios de Inteligencia iraquíes, están muy preparados y, lo que es más interesante, conocen perfectamente a sus actuales enemigos porque durante muchos años han trabajado con ellos: «Saben lo que piensan, cuáles van a ser sus siguientes pasos, y anticipan la respuesta -insisten las fuentes-. Hay que alejar la idea de que son cuatro tarados; tienen una profundidad estratégica bestial».

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