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Las cenizas del populismo Salvador Sostres

Cada partido que ha sucumbido a la tentación populista ha acabado destruido. De Convergència y del PSOE no quedan ni las toallitas, mientras que el PNV y el PP, que en tiempos de turbulencias tuvieron paciencia y se quedaron quietos en el orden, el centro derecha y la economía de mercado, han mejorado brillantemente sus resultados.

Carles Puigdemont. Mas fue un oportunista maqueado de independentista y quiso beneficiarse de una aventura que lo llevó al final de su carrera política, a la pérdida de la hegemonía de CiU, al divorcio con Unió, y a la grotesca refundación. Puigdemont, confundido en su esoterismo provinciano, ignora lo que es un Estado y se ha humillado ante la CUP prometiendo un referendo ilegal que él mismo tendría que saber que no va a poder celebrar.

Pedro Sánchez. Ha sido el derrumbe más apoteósico de la historia de nuestra democracia. Arrastró a su partido al coqueteo con Podemos y los independentistas, y el PSOE dio ayer un espectáculo lamentable, con la dimisión final de su secretario general. El agujero político moral que ha causado Sánchez, deja al centro izquierda español a la deriva, sin proyecto ni referente, indefenso ante los buitres del populismo. Tan lejos que ni puede verse, queda el PSOE ordenado, liberal y con vocación mayoritaria de Felipe González.

Íñigo Urkullu. El lendakari aprendió de Ibarretxe que el populismo de vender como factible lo imposible no conduce a la independencia sino al caos. Centró a su partido desde la oposición, recuperó el poder, y el fin de semana pasado mejoró su resultado. Aunque hay en España demasiado bruto que no entiende nada, Urkullu representa una histórica victoria del sistema.

Mariano Rajoy. Es imposible insultar a un hombre más de lo que Rajoy ha sido insultado tanto por la derecha como por la izquierda. Pero nunca se dejó impresionar y al final ha ganado, prefiriendo siempre lo correcto a lo fácil. Mientras sus rivales empeoraron en junio su resultado, él fue capaz de mejorarlo, y con la abstención del PSOE o tras unas terceras elecciones, podrá gobernar para volver a demostrar que sólo desde el centro derecha se consigue crear riqueza y asegurar el orden y la libertad.

Albert Rivera. Después de tantas lecciones que quiso darnos, hizo el ridículo arrimándose a Sánchez, y su populismo narcisista ha empezado a desvanecerse tanto en el Congreso como en Galicia y en Euskadi.

Pablo Iglesias. CContigo empezó todo, y todo terminará con tu hundimiento ya anunciado. Por el camino te habrás llevado por delante a unos cuantos presumidos como tú, y eso tendremos siempre que agradecértelo: normalmente hay que pagar para que te limpien la casa, y tú nos lo has hecho gratis. Has sido el espantajo que España necesitaba para darse cuenta de que fuera del orden no hay nada. Admito que nos asustaste, pero ojalá todos los monstruos de este país nos hubieran salido tan útiles y tan baratos.

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